Por: Calla Mairead Walsh *
Mientras el régimen de Estados Unidos ha afirmado su intención de intervenir militarmente en Irán debido a los disturbios respaldados por fuerzas extranjeras, sus propios agentes federales están, de manera predecible, asesinando a personas al azar en las calles.
La escena del asesinato de Renee Good a manos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) en Mineápolis, Minnesota, el pasado miércoles, voltea la narrativa estadounidense sobre las protestas convertidas en disturbios en Irán.
El Departamento de Seguridad Nacional (DHS, por sus siglas en inglés) desplegó a más de 2000 oficiales en Mineápolis, la zona con la mayor población somalí en EE.UU., en lo que afirmó ser la mayor operación de cumplimiento de leyes de inmigración en su historia.
Después de dejar a su hijo, Good, una madre de 37 años, se vio atrapada fatalmente en la conmoción.
Imágenes y testimonios de testigos mostraron a Good diciendo a los oficiales que estaba saliendo del lugar, y luego los oficiales se abalanzaron sobre su vehículo. No representaba ninguna amenaza, intentó alejarse y fue disparada tres veces en la cara. ICE bloqueó las ambulancias y la atención médica, dejándola morir desangrada.
La Casa Blanca, el DHS, el ICE y los políticos republicanos lanzaron de inmediato una narrativa coordinada para legitimar el asesinato a sangre fría, afirmando que Good era una “terrorista doméstica” y una “agitadora profesional”.
La acusaron de ser una manifestante entrenada para atropellar deliberadamente a los oficiales con su coche. El exesposo de Good confirmó que no tenía antecedentes de involucrarse políticamente, y era una madre dedicada al hogar, poeta, cantante y “cristiana devota”.
Ahora, el gobierno federal está bloqueando activamente la investigación: El director de la Oficina de Aprehensión Criminal de Minnesota dijo el jueves que la oficina del fiscal federal había impedido su participación en la investigación y que “la investigación sería ahora liderada únicamente por el FBI (Buró Federal de Investigaciones), y la BCA (Oficina de Aprehensión Criminal de Minnesota) ya no tendría acceso a los materiales del caso, las pruebas en la escena ni a las entrevistas investigativas necesarias para completar una investigación exhaustiva e independiente”.
Mientras tanto, los legisladores demócratas, como el gobernador Tim Walz de Minnesota, no han hecho nada más que mostrar indignación performativa, pedir una investigación independiente y desplegar la Guardia Nacional del estado para reprimir a los manifestantes — cuando podrían estar utilizando la policía local para sacar a ICE de sus ciudades.
El gobernador Walz también desplegó la Guardia Nacional para reprimir brutalmente el levantamiento de 2020 después de que la policía asesinara a George Floyd a solo unas cuadras del lugar donde Good fue asesinada.
Menos de 24 horas después, agentes de la Patrulla Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) dispararon a dos migrantes en Portland, Oregón, después de detenerlos, buscando a un miembro de una “pandilla” venezolana, utilizando la misma excusa de que las víctimas supuestamente intentaron atropellar a los agentes con su coche.
Esta narrativa se está convirtiendo en el eje de defensa de ICE para sus crímenes, ya que las patrullas locales en ciudades de todo el país siguen a los vehículos de ICE, alertando a sus comunidades de la presencia de ICE para prevenir secuestros y deportaciones —una forma de acción directa que obstaculiza directamente la capacidad de ICE para llevar a cabo lo que solo puede describirse como su objetivo de “blanquear” la sociedad estadounidense y salvarla, en palabras del propio DHS, de ser “asediada por el Tercer Mundo”. (Por supuesto, es Estados Unidos el que está asediando al Tercer Mundo, no al revés.)
Mientras que el caso de Mineápolis, en el que la víctima era una madre blanca, constituye una aberración, los tiroteos de ICE y la policía en EE.UU. están lejos de ser algo anómalo: son una política estándar. Según el informe Mapping Police Violence (mapeo de la violencia policial), la policía mató a 1301 personas en EE.UU. en 2025.
Y para el Occidente imperialista, cada acusación que hace contra sus enemigos geopolíticos es una proyección, una autoinculpación.
En Irán, lo que comenzó como protestas pacíficas por auténticas quejas económicas fue secuestrado por los regímenes de EE.UU. y sionistas para convertirlo en disturbios violentos contra el gobierno, con manifestantes armados matando a fuerzas del orden iraníes, atacando hospitales, incendiando edificios gubernamentales, profanando decenas de mezquitas y sitios sagrados, y pidiendo el regreso de la monarquía respaldada por Israel.
EE.UU. y el Mossad (servicio de espionaje del régimen israelí) admiten con orgullo su participación en el terreno, con el exsecretario de Estado de EE.UU. Mike Pompeo tuiteando: “Feliz Año Nuevo a todos los iraníes en las calles. También, a todos los agentes del Mossad que caminan a su lado”.
En una publicación en redes sociales en persa, el Mossad alentó a los manifestantes a “Salir juntos a las calles. Ha llegado el momento”, añadiendo que los operativos del Mossad están con los manifestantes “no solo a distancia y verbalmente. Estamos con [ellos] en el campo”.
Mientras tanto, las protestas pacíficas que buscan fortalecer la soberanía nacional iraní y rechazan la cooptación imperialista, como la reciente huelga masiva en la Refinería de Gas de South Pars, son completamente ignoradas por los medios occidentales.
Trump, cuyas manos, en palabras del Líder de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, ya están “manchadas con la sangre de más de mil iraníes”, ha declarado en repetidas ocasiones que si el gobierno iraní mata a algún “manifestante”, EE.UU. atacará a Irán.
El ayatolá Jamenei expuso la hipocresía de esta declaración, señalando cómo hay disturbios constantes en París, Francia, por ejemplo, y preguntándose cómo reaccionaría el mundo si Irán se entrometiera en ellos y se jactara públicamente de ello.
Pero esto es más que mera hipocresía imperialista. Estos disturbios respaldados desde el extranjero en Irán, aunque paralelos, pero por causas completamente diferentes, revelan las verdades más profundas de cada país:
En EE.UU., los manifestantes luchan contra un régimen fascista que está cometiendo genocidio y crímenes de guerra por todo el mundo, mientras que en Irán, los violentos manifestantes respaldados por Occidente luchan por desestabilizar desde adentro.
El carácter de la fuerza policial en cada país no podría ser más opuesto. La académica de la Universidad de Teherán, Helyeh Doutaghi, iluminó esta distinción en su análisis sobre el terreno de la huelga en la Refinería de Gas de Pars del Sur, donde los trabajadores en protesta no eran antagonistas hacia las fuerzas del orden iraníes, sino que estaban activamente protegidos por ellas:
“En los países imperiales, la policía funciona como el brazo doméstico del imperio. Suprimen la disidencia, criminalizan la resistencia y aplican la acumulación mediante la violencia, particularmente contra los negros, los pueblos indígenas y otros pueblos de color... En Irán, el Comando de la Policía existe dentro de un contexto radicalmente diferente: un estado nacido de una revolución popular, sometido a décadas de sanciones, asesinatos, sabotajes y amenazas militares abiertas”, escribió.
En EE.UU., el aparato policial evolucionó a partir de patrullas de captura de esclavos y vigilantes coloniales, mientras que en la República Islámica de Irán, nació de la resistencia popular contra la dominación imperialista y su clase comprador neocolonial.
Estamos en un periodo de conflicto global que podría ser denominado con precisión como la Tercera Guerra Mundial. Después de todo, las guerras mundiales nunca son nombradas como tales hasta después de los hechos.
Y las rampantes acciones de ICE muestran que EE.UU. también está en un estado de guerra interna contra su propio pueblo. Por supuesto, como una entidad colonialista como Israel, la existencia misma de EE.UU. denota un estado constante de guerra interna contra sus poblaciones indígenas y africanas desde el mismo momento de su establecimiento.
El asesinato de Renee Good demuestra que nadie, ni siquiera los ciudadanos blancos de EE.UU., está a salvo del fuego cruzado.
Sería inexacto describir cualquiera de las escaladas de EE.UU. —tanto dentro del país con ICE, como en el extranjero con sus ataques a Nigeria, Irán y Venezuela— como algo fuera de lugar. Están perfectamente alineadas con lo que EE.UU. siempre ha representado: genocidio y crímenes de guerra. Es por eso que (fundador de la república Islámica) el Imam Ruholá Jomeini (que descanse en paz) denominó acertadamente a EE.UU. como “el Gran Satán”.
Y la República Islámica de Irán, y los movimientos de Resistencia que ayuda a sostener en toda la región, son el único baluarte mundial contra este barbarismo fascista e imperialista.
* Calla Mairead Walsh es una periodista y activista estadounidense que recientemente visitó Teherán como parte de una delegación de medios extranjeros invitada por el Centro de Medios Sobh.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
