La profanación del cementerio de Al-Batesh, en el barrio de Shujaiya, al este de Gaza, ha generado una fuerte condena local e internacional. Según fuentes hebreas, fuerzas del régimen de Israel exhumaron de forma masiva alrededor de 700 tumbas con el objetivo de localizar los restos del último soldado israelí desaparecido en la Franja. De acuerdo a las fuentes, al menos 250 cadáveres fueron examinados hasta dar con el cuerpo buscado.
Familiares de gazaties enterrados en ese cementerio, denuncian que las exhumaciones se realizaron sin ningún respeto por la dignidad de los muertos ni por las tradiciones religiosas islámicas. Subrayan que estos actos constituyen una grave violación del derecho internacional humanitario, que obliga a proteger los lugares de enterramiento incluso en contextos de conflicto armado y prohíbe la profanación de cadáveres.
La operación incluyó el uso de maquinaria pesada, excavadoras militares y la destrucción de numerosas tumbas, alterando por completo el cementerio. Imágenes y testimonios desde el lugar muestran lápidas destrozadas, sepulturas abiertas y restos humanos expuestos tras la retirada de las fuerzas israelíes.
La profanación del cementerio de Al-Batesh se suma a una larga lista de denuncias sobre prácticas militares israelíes que cruzan líneas protegidas por el derecho internacional. Para las familias afectadas, no se trata solo de una operación militar, sino de una herida abierta que alcanza incluso a sus muertos.
Huda Hegazi, Gaza.
yzl/ctl/tmv
