Publicada: domingo, 19 de abril de 2026 13:57

Irán reafirma su control sobre el estrecho de Ormuz, poniendo fin a la diplomacia de “ganar-ganar” y forzando a EE.UU. a ceder en la nueva geopolítica.

Por el equipo del sitio web de Press TV

El portavoz del Cuartel General Central Jatam al-Anbia anunció el domingo que Irán ha reafirmado el control total sobre el estrecho de Ormuz en respuesta al bloqueo naval estadounidense y a los actos de “piratería” en esta vía fluvial estratégica.

Según el teniente coronel Ebrahim Zolfaqari, la República Islámica de Irán, actuando de buena fe y en conformidad con acuerdos previos, había acordado inicialmente el paso gestionado de un número limitado de petroleros y barcos comerciales a través del estrecho.

Sin embargo, añadió que los estadounidenses, dado su historial de repetidos incumplimientos, siguen participando en actos de bandidaje y piratería bajo el pretexto de un llamado “bloqueo”.

 

A menos que la parte estadounidense termine por completo con su interrupción del libre paso de los barcos provenientes de Irán hacia sus destinos y de regreso, la situación en el estrecho de Ormuz permanecerá bajo un control severo y en su estado anterior, afirmó el portavoz.

Para Irán, esta vía fluvial estratégica no es una carta de negociación ni una amenaza. Representa una palanca permanente: 1600 kilómetros de costa norte, puestos avanzados en islas inhundibles y una doctrina asimétrica que neutraliza el poder naval convencional.

El hecho de que esta vía fluvial, por la que transita más del 20 % del comercio global de gas natural licuado a diario, haya sido noticia en las últimas semanas en el marco de la guerra de agresión de EE.UU. e Israel contra la República Islámica, demuestra que representa un activo estratégico para Irán.

Después de que el alto el fuego en Líbano entrara en vigor el viernes, Irán acordó permitir el paso de ciertos barcos comerciales por el estrechamiento, incluso cuando la Fuerza Naval del Cuerpo de Guardines de la Revolución Islámica (CGRI) anunció que se ha implementado una “nueva orden” sobre el estrecho de Ormuz, que establece estrictas nuevas regulaciones para todo el tráfico marítimo.

Según la Armada del CGRI, todos los tránsitos, comerciales o no, solo serán permitidos con la autorización explícita de las fuerzas navales del CGRI.

 

Es EEUU, no Irán, quien busca un acuerdo

Sin embargo, esto no se tradujo en realidad del lado estadounidense. Continuaron con su piratería y siguieron bloqueando los barcos iraníes a pesar de la buena voluntad de Irán, poniendo en peligro la próxima ronda de negociaciones en Islamabad.

Contrario a las suposiciones predominantes en las capitales occidentales, no es Irán el que busca un acuerdo con Estados Unidos. Después de haber pagado el alto costo de la guerra, incluida la pérdida de su líder, altos mandos militares y miles de ciudadanos comunes, Irán ha dejado claro que continuará luchando hasta que se establezca una nueva ecuación estratégica en la región y más allá.

Tras haber logrado una victoria indiscutible en el campo de batalla y haber infligido enormes costos militares y económicos a Estados Unidos y sus aliados, incluido el régimen israelí, Irán no aceptará ninguna negociación a menos que se cumplan todas sus condiciones.

Por otro lado, contrario a la retórica repetitiva del presidente de EE.UU., Donald Trump, Washington no tiene más opción que aceptar las demandas de Irán si quiere salir del atolladero en el que se encuentra, en parte debido a sus propias torpezas y en parte debido a la presión sionista.

Teherán ya ha señalado que no hará concesiones respecto a sus derechos nucleares inalienables y legales bajo el Tratado de No Proliferación (TNP) nuclear y continuará gestionando el estrecho de Ormuz de la manera que considere adecuada.

Así como considera al enemigo como una única entidad compuesta por Estados Unidos, Israel y sus aliados regionales, Irán cree firmemente en la unidad del Eje de Resistencia y no permitirá que el destino de los distintos frentes se separe.

 

Nuevo orden regional y global

La República Islámica de Irán, en línea con su doctrina estratégica, ha definido un nuevo orden en la región y en el mundo tras la guerra de agresión de 40 días de EE.UU. e Israel.

El más mínimo error del enemigo ahora es monitoreado y evaluado por el país que ha emergido como una de las nuevas superpotencias, y es Irán quien ahora está en una posición para imponer su voluntad sobre el enemigo, independientemente de su poder militar o económico.

El caso de Líbano sirve como un ejemplo claro. A través de 45 días de valiente e indomable resistencia contra el enemigo arrogante, el Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá) y la nación libanesa impusieron su voluntad sobre el enemigo sionista y lo forzaron a detener su agresión.

Irán, manteniendo un estricto control sobre el estrecho de Ormuz, apoyó activamente la voluntad de Hezbolá y de la Resistencia en general. En realidad, un frente de resistencia unido, coordinado y sinérgico impuso su voluntad colectiva sobre el enemigo.

Con el nuevo cierre del estrecho de Ormuz, anunciado el sábado, este nuevo orden se manifestará nuevamente. Irán ahora salvaguarda sus intereses e impone su voluntad sobre el enemigo, no solo a través de amenazas o acciones diplomáticas, sino sobre el terreno y en términos prácticos, demostrando concluyentemente quién tiene la ventaja.

Este nuevo orden refleja un cambio fundamental en el equilibrio global de poder. Irán, que hasta hace poco tenía que cumplir con una regla de “ganar-ganar” en los juegos políticos de las grandes potencias, ha llegado ahora a una etapa donde muestra su verdadero poder, práctico y creíble, ante el enemigo.

Esta vez, es Irán quien está sancionando al enemigo, y al enemigo más obstinado y poderoso de todos. Irán se ha redescubierto a sí mismo, a sus poderes, capacidades, activos y privilegios.

La incomparable autoconfianza observada hoy entre el pueblo iraní, las fuerzas armadas y los funcionarios del país es el resultado directo y la cosecha de esta renovada fe en sí mismos.

 

Sin concesiones al enemigo

Basado en esta autoridad, poder y autoconfianza, que incluso el enemigo ahora reconoce, no se debe hacer ninguna concesión. La era del discurso pasivo de “ganar-ganar” ha llegado a su fin.

Irán ahora tiene la ventaja y está en una posición para afirmar su autoridad. Su mano sigue llena, sus capacidades aún no se han demostrado por completo y muchas opciones permanecen a su disposición.

Es el enemigo el que ha agotado todas sus opciones, como lo demuestra la guerra de 40 días. Irán ha emergido victorioso en la guerra que el enemigo impuso, y el pueblo iraní, al igual que las fuerzas armadas del país, ha permanecido en la escena desde el principio de la guerra y se niega a dar un paso atrás.

Apoyan a las fuerzas armadas con todo lo que tienen, de pie como una montaña detrás de ellas y del liderazgo del país, exigiendo que no se haga la más mínima concesión al enemigo, ni en el campo de batalla ni en la mesa de negociaciones.

La imperativa estratégica es clara: el enemigo debe recibir una lección de una vez por todas, y nunca más debe atreverse a insultar o atacar a Irán.

 

La santidad de la capacidad nuclear de Irán

La capacidad nuclear de Irán y su industria son tan sagradas como su suelo, como enfatizó claramente el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores, Esmail Baqai, en una entrevista televisiva el viernes, y nadie tiene derecho a negociar sobre ellas de ninguna forma ni en ninguna capacidad.

Esta riqueza nacional pertenece al pueblo iraní y debe permanecer fuera de cualquier negociación, y no se debe hacer ninguna promesa ni compromiso al respecto en las conversaciones.

El tema de estas negociaciones no es – y no debe ser – el asunto nuclear en absoluto. Más bien, cualquier negociación debe obligar al enemigo a aceptar el fin de la guerra que injustamente, ilegalmente y de manera injustificada impuso al pueblo iraní.

Donde Irán tiene la ventaja, debe exigir sus derechos del enemigo. Estos incluyen la compensación por las tres guerras impuestas, reparaciones para los mártires y heridos, la devolución de los activos iraníes incautados y retenidos por la política de poder de acoso de años anteriores, la restauración del derecho legítimo de Irán para gestionar el estrecho de Ormuz, el levantamiento de sanciones y la anulación de resoluciones internacionales contra Irán, entre otros puntos.

En estas negociaciones, Irán debe reclamar sus derechos, no otorgar nuevas concesiones. Es el enemigo quien debe hacer concesiones, no el pueblo iraní. En cualquier guerra, es la parte derrotada la que debe hacer concesiones, no la parte vencedora. Esa es la regla universal.

Por lo tanto, Irán no debe hacer la más mínima concesión, especialmente respecto a sus derechos nucleares legítimos, y no debe negociar sobre el tema nuclear en absoluto.

 

Irán, ya no un jugador pasivo

La postura estratégica de Irán ha sufrido una transformación fundamental, especialmente después de las tres guerras impuestas en el último año, incluida la más reciente guerra de agresión de 40 días.

Irán ya no es un jugador pasivo que busca un acuerdo con las grandes potencias. Irán se posiciona ahora como protagonista del nuevo orden


Texto recogido de un artículo publicado en Press TV