Publicada: viernes, 31 de diciembre de 2021 4:41
Actualizada: viernes, 31 de diciembre de 2021 5:22

Para los saudíes el año termina con la amarga sensación de que la moral, pública y privada, ha sido mancillada. Una impresión de que quienes deberían liderar la sociedad y ser ejemplo de ciudadanía les han estado timando descaradamente.

Los saudíes saben que la inmoralidad es un mal comportamiento que está relacionado con la maldad y es algo que puede evitar la gente buena. De hecho, las diferentes religiones también tienen sus propias ideas sobre la inmoralidad, pero la palabra se asocia siempre con la maldad.

Para los saudíes, las noticias de los últimos días culminan un año de grave deterioro de la moralidad de sus líderes políticos. El príncipe heredero saudí, Muhamad bin Salman, está en el ojo del huracán por ser el líder de facto en un reino árabe cuyo rey, Salman bin Abdulaziz Al Saud, ha atraído la atención de los observadores, especialmente porque no ha aparecido en público desde hace mucho tiempo.

La ausencia del rey Salman ha planteado dudas sobre su estado físico y la posible transferencia no anunciada de poder al príncipe heredero, quien desde hace años está gobernando el reino árabe. Muhamad bin Salman jugó un rol importante en la guerra saudí contra Yemen. Una aventura militar que desde marzo de 2015 ha dejado miles de muertos entre los civiles yemeníes, desplazado a millones de ellos, y ha entrado a Yemen en una crisis humanitaria difícil de salir.

No acaban ahí las desvergüenzas del príncipe heredero saudí. El periódico estadounidense Foreign Policy reveló en un nuevo informe que Riad (capital saudí) se ha convertido en el centro de las drogas de Asia Occidental. ¿Pero cómo?

Redadas policiales y el “captagon”

Tres redadas de la Policía, durante el último mes, han dejado en manifiesto la magnitud del problema de las drogas en Arabia Saudí. Primero, el Gobierno sirio confiscó más de 500 kilogramos de anfetaminas adictivas conocidas como captagon que habían sido escondidas en un envío de pasta destinado a Riad.

Unos días después, las autoridades saudíes incautaron más de 30 millones de pastillas de captagon  escondido en un lote de cardamomo importado. Luego, a mediados de diciembre, las Fuerzas de Seguridad Interna de El Líbano frustraron un intento de contrabandear cuatro millones de píldoras de este medicamento ilegal a Riad a través de Jordania, esta vez camufladas en bolsas de café.

Bajo las llamadas reformas de Muhamad bin Salman, Arabia Saudí se ha convertido en un mercado lucrativo para los narcotraficantes y Riad ha emergido como la capital del consumo de drogas en la región.

Captagon es la nueva furia en la nación árabe más rica. Es un estimulante del estado de ánimo que mantiene despierto y eufórico, pero causa peligros duraderos para la salud. Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, entre 2015 y 2019, más de la mitad de todos los captagon incautados en Asia Occidental fueron en el reino árabe.

La mayoría de los consumidores de drogas saudíes pertenecen al grupo de edad de 12 a 22 años, y el 40 por ciento de los adictos a las drogas saudíes usan captagon.

La lucha contra las drogas es doméstica

Arabia Saudí acusa a Siria y El Líbano, entre otros países, de estar relacionados con el tráfico de drogas a su territorio; ha prohibido la importación de productos agrícolas de El Líbano y amenazas de aislamiento continuo a Siria.

Pero la lucha más grande es doméstica. ¿Cómo puede Riad reducir la demanda de drogas en una sociedad que ofrece poco entretenimiento e impone un estricto código social a los jóvenes?

El tráfico de drogas, una respuesta a las condiciones económicas

El hecho de que el tráfico de drogas sea omnipresente no se debe principalmente a un mercado enorme, sino que está muy relacionado con las condiciones económicas de Arabia Saudí.

Aunque se percibe como un país rico, Arabia Saudí denota disparidad económica. La tasa de desempleo se ha disparado durante años. Un último informe muestra que alcanza hasta el 12,7 %. Solo el 30 % de los ciudadanos posee viviendas, frente a la media del 70 % en todo el mundo. Para los saudíes desempleados y con problemas económicos, el tráfico y la venta de drogas son formas de ganarse la vida y mantenerse.

Como se sabe, la economía saudí se basa principalmente en el petróleo porque tiene las segundas mayores reservas de petróleo en el mundo. Todos los saudíes saben que el ocho por ciento de los ingresos saudíes corresponde al sector del petróleo. Es bueno, pero también malo, porque hay una inestabilidad económica. Cuando baja el precio del petróleo, encontrar trabajo no es fácil en Arabia Saudí; aunque tengas un trabajo, el salario no puede mantener muy bien a la familia.

De hecho, el tráfico de drogas no es el resultado de la cultura islámica, sino una respuesta a las malas condiciones económicas en el reino árabe. El consumo de drogas es una consecuencia de la presión social, las necesidades psicológicas, la búsqueda de diversión, la influencia de los compañeros y el control social informal relajado que son provocados por el cambio estructural, la globalización y el cambio cultural, todos hechos por el príncipe heredero saudí, Muhamad bin Salman.

Dada la presión social que sufren los jóvenes saudíes, este régimen debe adoptar un enfoque sistemático, centrándose en la economía y la creación de empleo, y luego en una industria del ocio para fomentar estilos de vida más saludables, y así podría reducir el consumo y el tráfico de drogas.

Por Mohsen Khalif zade