• Donald Trump, fija su mirada en Benjamín Netanyahu, durante la presentación del “acuerdo del siglo” en la Casa Blanca, 28 de enero de 2020.
Publicada: domingo, 2 de febrero de 2020 11:43
Actualizada: lunes, 11 de mayo de 2020 16:39

El llamado “acuerdo del siglo” es un documento absurdo, elaborado por el entorno zoológico de Trump como vía de escape a juicios que él y Netanyahu afrontan.

Cuando el pasado martes, los dos estafadores políticos a escala internacional, es decir, el presidente de EE.UU., Donald Trump, y el primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, hicieron su entrada “triunfal” en una de las salas de la Casa Blanca para representar su obra más desquiciada y farsa: la tragicomedia de la reciente historia del oeste de Asia, denominado el “acuerdo del siglo”, era difícil saber si reír o llorar, así comienza un artículo de Robert Fisk, director de la sección del oeste de Asia, publicado el viernes por el diario británico The Independent.

Fisk indica que el supuesto “plan de paz”, de 181 páginas, contenía 56 referencias a la expresión “visión” del Antiguo Testamento en sus primeras 60 páginas, escribiendo la v en mayúscula en cada ocasión para sugerir, según él, que este “acuerdo del siglo” era una revelación sobrenatural que, desde luego, aclara Fisk, no era así.

El texto subraya que, con la presentación de tal iniciativa se despide de momento el reclamo histórico de los refugiados palestinos, al soslayar su reconocidísimo “derecho de retorno” a sus tierras después de que fueran expulsados por Israel en 1948, y, además, se dice adiós a la zona oriental del Al-Quds (Jerusalén Este) como la capital del futuro Estado de Palestina, como también se despide la UNRWA, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados Palestinos. Pero, el artículo resalta que, en cambio, el citado acuerdo acoge con satisfacción una ocupación israelí permanente de Cisjordania y la anexión total de casi todas las colonias ilegales israelíes construidas allí, las cuales vulneran toda norma del derecho internacional.

Es un hecho, por supuesto, y lo ha sido durante días, que esta “tontería” podría arrojar algo de polvo mágico sobre las tribulaciones de los líderes de Estados Unidos e Israel, vaticina el periodista británico, para luego agregar que mientras los dos delincuentes, Trump, bajo juicio político, y Netanyahu, acusado de corrupción, sonreían ante los aplausos de sus partidarios en Washington D.C. (capital de EE.UU.), se hizo evidente que este documento falso, que se basa en absurdeses, banalidades burlescas y tristes, ha sofocado la esperanza de un Estado palestino independiente.

 

En este punto, Fisk aclara que en ninguna parte del “acuerdo del siglo” se menciona algo sobre que los palestinos no podrán jamás lograr su independencia como una nación soberana, pero el periodista destaca que durante la presentación del documento en la Casa Blanca solo había que oir un poco la verborrea de Trump, en la que se describía la ocupación del régimen de Israel, la más larga en la historia moderna, como una “huella de seguridad” y a los resultados del Acuerdo de Oslo como “oleadas de terror y violencia”.

En verdad, añade el británico, todos deben leer estas 181 páginas del “acuerdo del siglo” dos veces, pues, enfatiza, no vaya ser que en la primera los lectores pierdan la ocasión de percatarse de todos y cada uno de los agravios extravagantes que los autores prosionistas del documento pretenden infligir al pueblo palestino.

 

El documento no fue solo un regalo para el régimen de Israel, prosigue el artículo, señalando que engloba todas las demandas israelíes que se habían hecho a Washington (y algunas otras más) que destruía efectivamente los esfuerzos realizados por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), o sea, cada resolución de la ONU sobre la retirada israelí; todos los esfuerzos de la Unión Europea (UE) y el Cuarteto en Oriente Medio — integrado por Rusia, Estados Unidos, el bloque europeo y las Naciones Unidas—  para hallar una resolución justa y equitativa para zanjar el conflicto israelí-palestino.

En resumidas cuentas, amplia el periodista, “Israel”, bajo este miserable “acuerdo”, que desde luego nada más presentarse ya se le veía condenado al fracaso, obtendría toda Al-Quds para siempre, la mayor parte de Cisjordania, poseería casi todos los asentamientos ilegales israelíes en tierras ocupadas y dominaría a un pueblo palestino desarmado, cercenado e impotente ante tanta injusticia, y no solo esto, continúa, sino que estos mismos palestinos deberían comprometerse a denominar a Israel como el “estado nación del pueblo judío” (aunque casi el 21 por ciento de su población es árabe), censurar sus propios libros escolares, arrestar e interrogar a cualquiera que se atreva a oponerse al ocupante israelí, e ir a vivir en su futura capital fuera de los muros de la ciudad vieja de Al-Quds.

Es cierto, indica el artículo que este es un documento “único e histórico” que el entorno zoológico de Trump, encabezado por su yerno Jared Kushner, haya escrito pensando que los palestinos se ilusionarían tanto que de inmediato aceptarían un conjunto de demandas políticas tan desquiciadas y absurdas que no tiene precedentes en el mundo occidental.

Empero, Fisk se cuestiona: “¿Cuándo deberíamos intervenir los periodistas? Me llegué a preguntar cuando termine de leer las 56 “visiones”, (…) de la lista de prohibiciones impuestas sobre los palestinos. Debo señalar que estos incluyen la instrucción de que “‘el Estado de Palestina no puede unirse a ninguna organización internacional si dicha membrecía contradice los compromisos del Estado de Palestina con la desmilitarización y el cese de la disputa política y judicial contra el Estado de Israel”. Ante estas pretensiones debemos decir adiós al apoyo y la protección de los palestinos por parte de la Corte Penal Internacional (CPI)’”.

En cuanto a las fuertes reacciones de algunos de sus colegas de profesión ante la presentación del “acuerdo del siglo”, el columnista escribe “algunos compañeros sufrieron una especia de apoplejía, como Marwan Bishara de [la cadena catarí] Al Jazeera, que usó adjetivos como farsa, fraude, furia, surrealista, oportunista, populista y cínico para referirse al documento. Gideon Levy, mi héroe del diario israelí Haaretz, no sufrió de apoplejía. Él fue apocalíptico, al escribir que [este acuerdo] fue “‘el último clavo en el ataúd de ese cadáver ambulante, conocido como la solución de dos Estados, y creó una realidad impositiva en la que el derecho internacional, las resoluciones de la comunidad internacional y especialmente las instituciones internacionales carecen de sentido’”.

“No hay Estado palestino y nunca lo habrá”, sigue marcando Fisk, citando a Levy, quien sostiene que “tiene que haber una democracia entre Jordania y el Mediterráneo, igualdad de derechos tanto para israelíes como para palestinos, o Israel será un estado de apartheid. Trump había creado ‘un mundo en el que el yerno del presidente de Estados Unidos es más poderoso que la Asamblea General de las Naciones Unidas (AGNU). Si los asentamientos están permitidos, todo está permitido’”.

Ante tales despropósitos planteados en el “acuerdo del siglo”, el articulista británico se vuelve a cuestionar: ¿acaso “los escritores, periodistas, expertos y analistas aún poseen las herramientas necesarias para lidiar” con estos deslates de Trump y sus más allegados?

¿Cuándo llegará el momento de que los periodistas dejen de tomar en serio estas inmoralidades, degradantes, humillantes y absurdas que al magnate neoyorquino se le ha ocurrido o pensado poner en práctica en detrimento de un pueblo que, de hacerse realidad, le condenaría a sufrir terribles consecuencias, incluso impredecibles de cuantificar, cuando en realidad solo pide, añorando su independencia, soberanía y justicia?, Fisk finaliza así lanzando una reflexión para todo aquel que pone en tela de juicio la injusticia a la que el pueblo de Palestina esta sometido desde hace más de 88 años. 

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