La escena surrealista ocurrió el 24 de abril en el partido entre el Cheltenham Saracens y el Kidlington Development.
Un jugador fue expulsado al ver la tarjeta roja en el minuto 73. Tras entrar al vestuario, se equivocó de interruptor: dejó sin luz a todo el estadio cuando aún quedaban 20 minutos de partido.
Como resultado, el árbitro tuvo que suspender el partido durante varios minutos hasta que la luz volvió al estadio.
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