El partido no representaba un evento de relevancia en Bucarest, sin embargo, la ciudad se paralizó por unas horas. Cerca de 40.000 seguidores de ambos equipos presenciaron el encuentro.
Tras el pitazo inicial, desde los altavoces del estadio se escucharon la petición de que los asistentes al evento no usaran ningún objeto de pirotecnia.
Los seguidores no hicieron caso y el humo, las bengalas y los petardos comenzaron a ganar relevancia. Aquel fue el primer incidente del encuentro. A medida que avanzaba el partido, los insultos entre las tribunas se fueron agravando hasta el punto de que en el minuto 25, alrededor de 20 fanáticos del Steaua fueron a agredir a la otra facción.
Sillas, palos y gases lacrimógenos comenzaron a sobrevolar en el recinto en el que la selección rumana juega sus partidos. Finalmente, las autoridades pudieron calmar la situación después de varios minutos. Tras lo sucedido, aproximadamente 100 personas fueron detenidas y una gran cantidad resultaron heridas.
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