Biden llegó el domingo a la ciudad de El Paso (Texas) y caminó por un tramo lodoso de la frontera entre Estados Unidos y México, inspeccionando un transitado puerto de entrada.
También, visitó uno de los centros de servicios para migrantes de la ciudad que recibe fondos federales, pero no había migrantes a la vista.
Es la primera vez que el inquilino de la Casa Blanca llega a la frontera desde que asumió el cargo hace dos años. La visita que se vio ensombrecida por la tensa situación en torno a la política migratoria, ya que los republicanos tratan de culparlo por las cifras récord de migrantes que entran en Estados Unidos.
De hecho, el viaje se dio en medio de un aumento histórico en el número de arrestos de migrantes y pocos días después de que su Gobierno anunciara una serie de medidas para restringir la llegada de sin papeles por tierra.
Washington planea expulsar decenas de miles de indocumentados a México, además de planear más trabas para los migrantes indocumentados. Como parte de un acuerdo con México, EE.UU. comenzará a expulsar a los migrantes de Haití, Nicaragua, Venezuela y Cuba que crucen la frontera de manera irregular. A su vez, el Gobierno mexicano ha acordado recibir hasta 30 000 migrantes al mes, según informaron las autoridades estadounidenses.
La visita parece ser diseñada para mostrar una operación fluida para procesar a los migrantes legales, eliminar el contrabando y tratar humanamente a los que ingresaron de manera irregular, creando una narrativa contraria a las afirmaciones de los republicanos de una situación de crisis equivalente a una frontera abierta.
Pero, es muy probable que su visita no sirviera para calmar a los críticos, incluidos de los defensores de los migrantes que le acusan de establecer políticas crueles no muy diferentes a las de su predecesor de línea dura, Donald Trump.
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