• El portaviones Abraham Lincoln de EE.UU. desplegado en el mar Árabe, 17 de mayo de 2019. (Foto: AFP)
Publicada: domingo, 21 de julio de 2019 9:35
Actualizada: domingo, 21 de julio de 2019 10:37

Estados Unidos usa la escalada de tensiones con Irán para expandir su presencia militar en Oriente Medio así como también vender armas a los países regionales.

“El recién incidente con el petrolero británico detenido por las autoridades iraníes en el estrecho de Ormuz le ha dado a EE.UU. un pretexto para reforzar su presencia militar en la región”, dijo el sábado el presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo de la Federación Rusa (el Senado), Konstantin Kosachev.

La aprobación del envío adicional de más tropas a Arabia Saudí por el Departamento de Defensa de EE.UU. (el Pentágono) —a miles de km de distancia de sus fronteras— y la nueva propuesta de crear una coalición con sus aliados regionales con el pretexto de aumentar la vigilancia de las rutas vitales para el transporte de petróleo en Oriente Medio, son dos ejemplos claros —entre tantos que hay— de cómo Washington emplea la escalada de tensiones con Irán para apuntalar su política hegemónica en la zona, subrayó el legislador citado por la agencia estatal rusa de noticias TASS.

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Ante la actual coyuntura vivida en Oriente Medio queda evidente cuáles son los pasos que da EE.UU. para lograr alcanzar sus objetivos imperialistas marcados para la zona del oeste de Asia.

En primer lugar, Washington se apresura, con la llegada de Donald Trump a la Presidencia del país, a encaminar sus políticas hacia un aumento de tensiones en torno a Irán.

El recién incidente con el petrolero británico detenido por las autoridades iraníes en el estrecho de Ormuz le ha dado a EE.UU. un pretexto para reforzar su presencia militar en la región”, dice el presidente del Comité de Asuntos Exteriores del Consejo de la Federación Rusa (el Senado), Konstantin Kosachev.

 

Pasado algo más de un año de su juramentación, en mayo de 2018, Trump retiró unilateralmente a su país del acuerdo nuclear firmado en 2015 por Teherán y el Grupo 5+1 (entonces formado por EE.UU., el Reino Unido, Francia, Rusia y China, más Alemania) y reimpuso sanciones a Irán para obligar a los iraníes a renegociar el convenio multilateral.

En virtud del pacto, de nombre oficial Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o JCPOA, por sus siglas en inglés), Irán se comprometía a rebajar el desarrollo de su programa nuclear, a cambio de la cancelación total de las sanciones internacionales impuestas en su contra.

El mandatario republicano usó el pretexto de que Irán no estaba cumpliendo plenamente sus responsabilidades en el marco del pacto, empero, los múltiples informes de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA) confirman que Teherán ha cumplido cabalmente los compromisos que aceptó en el PIAC.

Desde entonces, la Casa Blanca ha aplicado una política de “máxima presión” sobre Irán, amenazando con castigar a otros Estados, si siguen sus transacciones comerciales con los iraníes.

En su intento de acentuar el entuerto, el Gobierno de EE.UU. incluyó al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán en su lista de organizaciones terroristas extranjeras, acusando a la fuerza militar iraní de “financiar y promover el terrorismo como una herramienta política”.

En una medida recíproca, días después, el Parlamento persa designó como “organización terrorista” al Comando Central de Estados Unidos (Centcom, por sus siglas en inglés) y a todas sus fuerzas asociadas, por ser “responsables de la ejecución de la política terrorista de Washington en el oeste de Asia”.

En segundo lugar, la tarea clave es hacer de Irán un problema no solo para Washington sino también para el resto de los países, en concreto, sus aliados. Para tal empresa, cualquier medio usado vale con tal de que un miedo generalizado se extienda en la comunidad internacional, en especial, entre los países regionales y así poder venderles armas y equipamientos militares estadounidenses y occidentales.

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El Reino Unido fue el primero en acudir al llamado incisivo de EE.UU., cuando el pasado 4 de julio capturó el superpetrolero Grace 1 en el estrecho de Gibraltar, cargado con crudo iraní, bajo la acusación de que el navío transportaba petróleo a Siria violando, supuestamente, las sanciones impuestas por la Unión Europea (UE).

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Luego de esta incautación, Londres advirtió a las compañías navieras que Irán podría detener a buques británicos o de otros países en el estrecho de Ormuz en respuesta a tales acciones consideradas por Teherán como una piratería marítima a toda regla en el siglo XXI.

A tenor de los acontecimientos, la Fuerza Naval del CGRI ha tenido que retener a varios petroleros, la mayoría de bandera británica, asegurando que estos habían violado la ley marítima internacional cuando atravesaban el referido estrecho.

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De este modo, EE.UU. haciéndose valer de un ambiente —ideado con premeditación en los Think Tank locales o internacionales— de alta tensión en el Golfo Pérsico, se ha lanzado a proyectarse como el defensor de la libertad de navegación y defensor de la seguridad en dichas aguas y vender de paso sus armas a las naciones ribereñas.

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Y no solo esto, sino que para crear y extender aun más un recelo antiraní entre los países ribereños del Golfo Pérsico, EE.UU. ha estado fabricando, junto a sus aliados, incidentes marítimos, como los actos de sabotaje contra los cuatro petroleros que ocurrieron en mayo pasado y los ataques con misiles crucero antinavío contra un petrolero noruego y otro nipón un mes después, en junio, para culpar a Teherán de ellos sin llegar a ofrecer alguna prueba que corroborara dichas alegaciones.

Es aquí, justamente, donde esta retórica antiraní fraguada por el “Equipo B”, integrado por el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton; el príncipe heredero saudí, Muhamad bin Salman Al Saud; su homólogo emiratí, Muhamad bin Zayed Al Nahyan; y el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, se acentúa con mayor virulencia, contra la nación persa, con el único objetivo de llevar a Washington a una confrontación militar directa contra Irán, sin que les importe a los cabilderos antes mencionados las imprevisibles consecuencias que acarra sus confabulaciones.

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