El miércoles, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) publicó un informe en el que acusa a China de haber cometido “graves violaciones de los derechos humanos” contra la minoría musulmana uigur que vive en la provincia de Xinjiang en el oeste del país.
Al respecto, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino Wang Wenbin ha denunciado este jueves el informe y lo ha calificado de “farsa” de las potencias occidentales.
“El supuesto informe crítico que usted mencionó está planeado y fabricado de primera mano por Estados Unidos y algunas fuerzas occidentales, es totalmente ilegal e inválido”, ha señalado el titular chino.
El documento, tal como detalla el vocero, es una “herramienta política” de la estrategia de Occidente que busca usar a los uigures para “controlar” a China.
De acuerdo con Wang, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU —responsable del informe— se ha convertido en “cómplice” de Estados Unidos y otros países occidentales contra la gran mayoría de los países en desarrollo.
El gigante asiático ha rechazado en reiteradas ocasiones las imputaciones de discriminación contra el grupo étnico uigur, que representa alrededor del 45 % de la población en Xinjiang, y ha acusado a los grupos separatistas exiliados de planear ataques en la región, rica en recursos, que se encuentra estratégicamente ubicada en una zona fronteriza.
Este doble estándar de la ONU sobre la violación de los derechos humanos se produce, mientras que Estados Unidos hace caso omiso a la vulneración de estos derechos en su propio territorio, particularmente, los que se refieren a los derechos de los migrantes y grupos étnicos.
Es más, Pekín incluso ha denunciado una y otra vez que el propio Washington mortifica a la comunidad musulmana en todo el mundo, alertando que busca decidir sobre Pekín y los países musulmanes.
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