• Sede de la Biblioteca Estatal Margarita Rudomino de Literatura Extranjera para Toda Rusia, en Moscú (capital rusa).
Publicada: martes, 1 de diciembre de 2015 9:48

Las sanciones impuestas a Ankara por el derribo del Su-24 ruso, el pasado 24 de noviembre, alcanzan un importante centro de cooperación científica ruso-turca de Moscú.

“El Centro Científico Ruso-Turco de la Biblioteca de Literatura Extranjera ya no existe. Los cursos de turco otomano han sido anulados. No podremos ofrecer asistencia a posgraduados ni a candidatos a grados de maestría”, ha anunciado este martes la página electrónica del centro, situado en la Biblioteca Margarita Rudomino de Moscú (capital rusa). 

El Centro Científico Ruso-Turco de la Biblioteca de Literatura Extranjera ya no existe. Los cursos de turco otomano han sido anulados. No podremos ofrecer asistencia a posgraduados ni a candidatos a grados de maestría”, ha anunciado el centro de la Biblioteca Margarita Rudomino de Moscú (capital rusa).

El cierre pone fin a uno de los principales centros de cooperación no económica entre Rusia y Turquía, que operaba como vínculo entre universidades, publicaba libros, proporcionaba enseñanza de lengua turca y facilitaba investigaciones conjuntas.

El comunicado da noticia del cierre de la colección de libros y de la anulación de todos los encuentros, disertaciones y conferencias.

La clausura del centro se suma a las sanciones que está imponiendo Rusia a Turquía tras no excusarse Ankara por el derribo, el 24 de noviembre, de un bombardero Su-24 en la frontera sirio-turca, cuando realizaba operaciones antiterroristas.

Además de cancelar dos reuniones ya ultimadas de ministros de Exteriores, que preparaban el aumento del volumen de negocio bilateral de ambos países de 30 mil a 100 mil millones de dólares anuales de aquí a 2025, Rusia ha cortado por completo también las relaciones militares y turísticas con Turquía.

Dado el volumen de las importaciones turcas a Rusia, la detención gradual de la compra de productos agroalimentarios, en particular de carne, y la devolución de cargamentos ya entregados a Turquía supone una de las sanciones más costosas.

El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, llega al aeropuerto de Le Bourget, cerca de la capital francesa, París, para asistir a la Conferencia Internacional sobre Cambio Climático, 30 de noviembre de 2015.

 

Moscú ha prohibido también, este mismo lunes, la venta de paquetes turísticos a Turquía, lo que cortará un flujo que hasta ahora llevaba a 3 millones de viajeros rusos cada año al país del sur del mar Negro, con un volumen de negocio para Turquía de 8000 millones de dólares al año. Además, el Kremlin ha suspendido el régimen recíproco de entrada sin visado.  

Del mismo modo, las autoridades rusas anularon el lunes los eventos programados en el marco del “Año 2016 de Cooperación Rusia-Turquía”.

“Las medidas adoptadas son sólo un primer paso”, advirtió también ayer el primer ministro ruso, Dmitri Medvedev. “Estamos observando la situación para reaccionar de manera apropiada, y las sanciones incluirán una nueva lista de productos y de persona non grata”, añadió.

La aprobación de tales medidas de represalia por parte de Moscú no tiene precedentes en los 24 años transcurridos desde la caída de la Unión Soviética. El primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, calificó las sanciones el domingo como “inaceptables”.

Sin embargo, tanto él como el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, se han negado a presentar disculpas a Rusia por el derribo de la aeronave rusa. Por otra parte, Erdogan afirmó ayer lunes que dimitirá si se demuestra que su país compra petróleo robado a Irak y Siria por la banda terrorista EIIL (Daesh, en árabe).

Poco antes, el presidente ruso, Vladimir Putin, había acusado a Ankara de atacar a su avión para proteger el suministro de petróleo de contrabando. 

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