• El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguéi Lavrov.
Publicada: jueves, 30 de abril de 2020 8:48

El canciller de Rusia, Serguéi Lavrov, denuncia las tentativas de ciertos países occidentales para echarle la culpa del brote del nuevo coronavirus a China.

El ministro ruso de Asuntos Exteriores dijo el miércoles que las declaraciones de EE.UU. y algunos países europeos que responsabilizan a China por el brote del nuevo coronavirus, causante de la COVID-19 “molestan” y “entristecen” mucho a Moscú.

En una entrevista concedida a la agencia rusa de noticias TASS, Lavrov reprobó también las demandas presentadas por varios países europeos, que pretenden exigir decenas e incluso cientos de miles de millones de dólares a Pekín como compensación por, según alegan, no notificar a la comunidad internacional a tiempo sobre el virus letal.

“El presidente de EE.UU., Donald Trump, ha abordado también este tema durante una de sus recientes ruedas de prensa, indicando que EE.UU. podría presentar reclamos similares, pero exigiendo cantidades mucho mayores de dinero”, evocó el canciller ruso, para luego lamentar que “todo esto es muy triste”.

 

La victoria contra la pandemia, agregó Lavrov, debería ser la prioridad absoluta de los países, sobre todo, cuando hay pronósticos científicos de que el virus podría  acompañarnos por mucho tiempo.

En medio de graves crisis internas por el mal manejo de la COVID-19 en sus propios países, Washington y ciertos países europeos acusaron a China y a la Organización Mundial de la Salud (OMS) de encubrimiento sobre el brote del virus.

Bajo tales excusas, la Administración estadounidense suspendió los fondos para la OMS, desatando una ola de condenas y rechazos a nivel internacional, e incluso dentro del país norteamericano.

La Casa Blanca ha apuntado el dedo acusador hacia Pekín, mientras muchos expertos dicen que el virus es un arma biológica de EE.UU., fabricada en laboratorios secretos de Washington en el extranjero.

El Gobierno chino ha exigido a su vez a Washington que explique sobre sus biolaboratorios en los países de la extinta Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), como Georgia.

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