En los días posteriores al incidente, circularon imágenes y vídeos similares de más personas sin verificación médica o legal. Muchos mostraban supuestas víctimas mortales. Expertos señalan que esa producción acelerada de contenido visual es una fase central del proyecto.
En este tipo de operaciones, el atacante debe ser anónimo y la víctima, silenciada. El fin es producir un relato para el consumo mediático. Pero en este caso, los dos sobrevivieron y ahora buscan reconstruir la historia desde dentro.
Tras ingresar al hospital, el caso cambió: Fatemeh y su esposo, como testigos presenciales revelan el proyecto de los ataques terroristas de aquellos días.
Fatemeh aún tiene incrustados perdigones de plomo en su cara, cuello y cuenca ocular. Si bien le han sacado unos 200 perdigones, en su cuerpo queda aún unos 150 más, impidiéndole abrir la boca y causándole fuertes dolores de cabeza.
El testimonio de esta familia abre interrogantes sobre cómo se construyen cifras, cómo se generan relatos mediáticos y qué papel juegan las operaciones psicológicas en momentos de crisis.
Samaneh Kachui, Teherán
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