La Franja de Gaza atraviesa una grave crisis del agua, según han alertado los municipios. Las autoridades locales atribuyen esta escasez a la destrucción masiva de la infraestructura hídrica en la guerra genocida israelí, el daño a la mayoría de los pozos de agua, la falta de combustible para operar bombas y plantas desalinizadoras, y la interrupción de las principales líneas de suministro, como es la línea Mekerot proveniente de los territorios ocupados. Como resultado, amplias zonas permanecen completamente sin acceso regular a agua potable.
La escasez impacta de forma directa en la vida cotidiana de la población, obligando a miles de familias a reducir el consumo de agua al mínimo, depender de camiones cisterna o usar agua no tratada. Esta situación tiene consecuencias inmediatas para la salud pública, con un aumento de enfermedades gastrointestinales, infecciones cutáneas y deshidratación.
Los municipios aseguran que los intentos de reparación son limitados por la falta de materiales. Organizaciones internacionales tratan de mitigar la crisis mediante el reparto de agua y apoyo técnico, pero advierten que estas medidas son insuficientes. Además de los riesgos sanitarios, la falta de agua agrava otras dificultades como la imposibilidad de mantener la higiene y sostener servicios básicos.
Desde Gaza, las autoridades locales advierten que, sin una reparación urgente de la red hídrica y un acceso sostenido al suministro, la crisis del agua podría derivar en una catástrofe sanitaria aún mayor, en un territorio donde el agua potable se ha convertido en un bien cada vez más inaccesible.
Huda Hegazi, Gaza.
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