Desde el régimen de Israel, el ministro de seguridad interna, Itamar Ben-Gvir, respaldó el rechazo del primer ministro Netanyahu a este modelo y afirmó que no se necesita un consejo administrativo para Gaza, sino la eliminación total de HAMAS, llegando a plantear un éxodo masivo de palestinos. En la misma línea, el ministro de finanzas, Bezalel Smotrich, defendió la imposición de un régimen militar en la Franja y aseguró que solo así se garantizará la seguridad de Israel a largo plazo.
Estas posturas enfrentadas profundizan la incertidumbre sobre el futuro de Gaza, en un contexto de devastación, colapso de los servicios básicos y una población exhausta que teme que la reconstrucción vuelva a quedar supeditada a decisiones militares y a una posible reanudación de los combates.
Así, mientras Estados Unidos impulsa un esquema de control político para Gaza y respalda a Israel en la guerra, el gabinete israelí rechaza este formato y exige una solución aún más dura. Entre ambos enfoques, Gaza sigue atrapada entre planes políticos, declaraciones de fuerza y el miedo constante de sus habitantes a que la guerra aún no haya terminado.
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