Durante su visita a Irlanda, el presidente estadounidense, Donald Trump, respondió el domingo a una pregunta sobre si EE.UU. abandonaría Irán después de la guerra al señalar que Washington finalmente se marcharía, salvo que decidiera permanecer en el país y “quedarse con el petróleo, como en Venezuela”.
Respecto al fin de la guerra, el mandatario estadounidense afirmó que espera que el conflicto termine “inmediatamente después de las elecciones de mitad de mandato, previstas para noviembre, y agregó que esto podría ocurrir “quizá incluso antes”.
Trump también alegó que Irán se comunica “constantemente” con Washington para alcanzar un acuerdo, aunque insistió en que EE.UU. solo aceptaría un pacto que respondiera a sus exigencias.
Las retóricas de Trump se producen en una situación que el conflicto y el cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha alterado los mercados energéticos. El precio del petróleo ha superado los 100 dólares por barril y el diésel en EE.UU. ha alcanzado un récord de más de 6,20 dólares por galón. Trump, no obstante, sostuvo que, una vez terminada la guerra, el precio de la gasolina estadounidense “caerá como una roca”.
Irán mantiene restricciones en Ormuz y refuerza su posición estratégica
El estrecho de Ormuz constituye un importante cuello de botella energético mundial, por el que transita aproximadamente una quinta parte de la demanda mundial de petróleo. Irán mantiene restricciones reforzadas a la navegación desde el inicio de la agresión militar no provocada estadounidense-israelí contra el país persa, el 28 de febrero, por razones de seguridad y para proteger su soberanía.
El 17 de junio, Teherán y Washington firmaron un memorando de entendimiento (MdE), mediado por Pakistán, cuyo artículo 5 atribuye a Irán la responsabilidad de la reapertura y gestión del estratégico estrecho. La República Islámica ha condicionado la reapertura al cumplimiento por parte de Estados Unidos de sus obligaciones y condiciones, entre ellas el fin de las hostilidades, la retirada de las fuerzas militares de EE.UU. de la región y el levantamiento del bloqueo naval y las sanciones económicas.
Sin embargo, Estados Unidos intentó socavar la soberanía iraní sobre esta vía estratégica mediante el establecimiento de un corredor inseguro frente a las costas de Omán. Posteriormente, Washington reanudó sus ataques aéreos contra Irán e impuso un bloqueo naval, acciones que, según Teherán, vulneraron el acuerdo que había puesto fin a la guerra.
Ante estas medidas, Irán volvió a imponer restricciones en el estrecho de Ormuz, una región que continúa siendo un punto central de la confrontación y y de la presión sobre los mercados internacionales de energía.
De hecho, las alegaciones de Trump sobre una eventual permanencia estadounidense en Irán contrastan con la situación sobre el terreno y con la capacidad de Irán para mantener restricciones en una de las principales rutas energéticas del mundo.
A esta situación se suma Yemen, donde el movimiento popular yemení Ansarolá afirmó que las Fuerzas Armadas yemeníes han obligado a Washington a reconsiderar su estrategia naval y algunas de sus capacidades militares en la región. Las fuerzas yemeníes han infligido daños a buques de guerra estadounidenses, mientras continúan sus avances en la costa occidental y consolidan posiciones estratégicas frente al estrecho de Bab el-Mandeb, uno de los corredores de transporte más utilizados del mundo.
La magnitud de la actividad económica que atraviesa este corredor es considerable. Más de 8 millones de barriles de petróleo transitan el estrecho cada día, y adicionalmente 58 buques transportan gas natural licuado.
La combinación de presión sobre Ormuz y el posible cierre de Bab El-Mandeb crea una doble restricción, cuyo efecto se extiende más allá de los mercados energéticos al comercio de bienes, incluidos alimentos e insumos industriales.
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