Publicada: sábado, 12 de septiembre de 2026 14:58
Actualizada: sábado, 12 de septiembre de 2026 16:11

El tablero de Asia Occidental experimenta un punto de quiebre estructural que cambiará la geopolítica internacional como la hemos conocido desde el derrumbe de la ex Unión Soviética el año 1991.

Por Pablo Jofré Leal

Frente al colapso progresivo del control hegemónico mundial unipolar, que se expresan mediante las políticas de máxima presión de Washington contra todos aquellos que desafían ese poder, el liderazgo de la República Islámica de Irán ha dado muestras de su carácter y labor referencial en la lucha de los pueblos por su soberanía.

Un Irán, que tras las guerras de agresión de junio del 2025 y aquella iniciada por el contubernio imperial sionista el 28 de febrero pasado, da por superada esa línea político militar de la “paciencia estratégica”, entendida como aquella doctrina política y militar que prioriza la moderación y evita una confrontación directa e inmediata frente a las provocaciones o amenazas de sus enemigos adversarios, concretando un viraje doctrinal histórico hacia una disuasión ofensiva y activa.

Una decisión crucial, con evidentes resultados positivos, apuntalada por la autosuficiencia de su complejo industrial militar y el fracaso total de aquel conjunto de objetivos contra la Revolución Islámica planteadas por la alianza imperial sionista (1)

En este escenario de reconfiguración global, queda en evidencia que, la contumacia y persistencia de las sanciones occidentales y el fracaso de los marcos diplomáticos establecidos en el mundo, desde fines de la Segunda Guerra Mundial hasta ahora, han sido un fracaso y sólo sirven de aval al dominio occidental.

Tal realidad ha obligado a la República Islámica de Irán a desechar la mencionada doctrina de la paciencia estratégica frente a la alianza imperial sionista. Hoy se requiere de esta indefectible línea más ofensiva que está dando cuenta del actual teatro de operaciones. Una respuesta existencial frente a un orden unipolar en franca descomposición que, en forma símil a una fiera agonizante, busca imponer su hegemonía por todas las vías posibles: coerción económica, aislamiento sistemático y agresiones militares a través de una criminal guerra híbrida.

La doctrina iraní de disuasión ofensiva se fundamenta en un modelo de resistencia prolongada y guerra asimétrica. Un enfoque que prioriza una arquitectura de defensa descentralizada y el desarrollo tecnológico propio, diseñado específicamente para neutralizar las ventajas de la maquinaria militar estadounidense y la del proxy regional sionista. Y una política enemiga que responde a un plan estratégico de agresión sistemática para destruir la soberanía del proyecto revolucionario persa, manteniendo dispositivos de desestabilización interna y guerra mediática.

Lejos de sucumbir ante los embates de la asfixia económica, la sociedad iraní ha sabido canalizar su cohesión patriótica en un escudo interno, mientras su complejo industrial militar consolida la autosuficiencia en áreas críticas que van desde la ciberseguridad hasta el sistema de misiles balísticos y drones.

Irán, en esta estrategia y proyección de un nuevo orden geopolítico encuentra uno de sus ejes fundamentales en el control soberano de los enclaves energéticos y comerciales del Golfo Pérsico, representado por un punto nodal como es el estrecho de Ormuz y en estrecha coordinación de  ideas y acción como movimientos del eje de la resistencia como es el caso de Ansarolá de Yemen, que  ya tiene el control de toda la costa oeste de aquel país del sur de Asia Occidental que conlleva el control del estrecho Bab el-Mandeb.  

La capacidad disuasiva de Irán, en estas rutas fluviales, ha redefinido en forme evidente los equilibrios globales de tránsito marítimo en materias energéticas, fundamentalmente, desafiando de forma abierta la agresión crónica de lo que el mártir Seyed Ali Jamenei denominaba las “potencias hegemónicas y arrogantes”. Irán demuestra así que, la seguridad en Asia Occidental ya no se gestionará más al margen de los intereses soberanos de las naciones de la región.

Esta transformación doctrinal que emana de la potencia soberana, de dignidad y ejemplo para la resistencia global de Irán, no ocurre en el vacío. Está inserta en un camino de transformación mayor del sur global, donde se inserta la República Islámica de Irán. La propia articulación de la nación persa con potencias globales como la República Popular China, la Federación de Rusia y otros miembros de los BRICS, entre ellos Brasil, India, Sudáfrica.

Irán participa, en forma activa, en la 18ª Cumbre de los BRICS, que se celebra en la India entre los días 11 al 13 de septiembre. En declaraciones efectuadas por el presidente Irán Masud Pezeshkian previo a su llegada a la Cumbre declaró que, este encuentro se centrará en la solidaridad, la sostenibilidad, la resistencia y la innovación, y dentro del marco de este enfoque, se espera que la cooperación y los intercambios entre los países miembros en los ámbitos económico, financiero, industrial, científico y comercial se desarrollen aún más (2).

Un bloque poderoso a nivel comercial que puede convertirse en breve en uno más operativo, cuya influencia tenga consecuencias en los mercados energéticos, a medida que Occidente colectivo actúa con un expansionismo agresivo. Esta idea es un paso fundamental, para lograr avanzar en el camino trazado de la multilateralidad, de no quedarse solo en el discurso o las buenas intenciones. Avanzar de la fragmentación a la integración como sostiene Irán.

Si los BRICS logran trascender la retórica de las cumbres para consolidarse como un bloque obrante, con mando directo en los mercados energéticos, el mapa del poder global va a experimentar un reordenamiento revolucionario, tal como lo está consolidando Irán en la región de Asia Occidental en su tercera defensa sagrada.

Insisto en lo imperativo, porque este camino responde a una necesidad de supervivencia y soberanía comercial. Al incorporar en su seno a potencias productoras de hidrocarburos como Rusia, Irán, Arabia Saudí, junto a los mayores colosos consumidores como China e India, los BRICS controlan todo el sistema circulatorio de la energía mundial. Entendido como el entramado geopolítico y logístico que articula la extracción, el transporte masivo y el consumo a gran escala de los recursos fósiles que mueven la economía global.

Su operatividad se va a traducir en una emancipación gradual de las infraestructuras financieras controladas por occidente. A esto le teme occidente. Considera que la creación de plataformas de pago independientes, mecanismos alternativos de liquidación en monedas locales y sistemas de reaseguramiento propios blindarán el comercio de petróleo y gas frente al uso del dólar como arma geopolítica.

La participación de Irán en los BRICS, junto a su accionar en la Organización de Cooperación de Shanghái y su fundamental participación en la Organización de Cooperación islámica (OCI) entre otras múltiples iniciativas de diplomacia activa, revelan el fracaso estrepitoso de la política de máxima presión impulsada desde Washington, establecida desde el momento mismo del triunfo de la revolución islámica en febrero de 1979. Los 48 años de resistencia de la revolución islámica, ante los objetivos de destrucción de Estados Unidos y los suyos, se constituye no como una opción táctica, sino que un evidente imperativo moral de supervivencia nacional y espiritual frente a la agresión.

La confrontación actual ha rebasado las categorías de la "guerra híbrida". La hegemonía estadounidense nunca buscó una estabilización regional, sino un esquema sistemático de agresión frente al proyecto revolucionario persa. En este escenario, los organismos internacionales, con la Organización de las Naciones Unidas (ONU) a la cabeza, han demostrado una absoluta inoperancia, convirtiéndose en estructuras estériles e incapaces de frenar la ilegalidad de las sanciones imperiales.

Además, hay que tener presente en cada análisis que este esquema de dominio occidental tiene proxys regionales, que es no sólo el sionismo israelí, sino también se sostiene sobre la complicidad sumisa de las monarquías ribereñas del Golfo Pérsico. El sometimiento de estos regímenes a los intereses de Washington y el sionismo los despoja de verdadera soberanía, subordinando la seguridad de la región a los designios de potencias extracontinentales que buscan fracturar la autodeterminación de los pueblos.

El repliegue de la hegemonía unipolar da paso a una arquitectura multipolar donde la disuasión activa de Irán actúa como un dique de contención frente al intervencionismo. En definitiva, la consolidación de esta doctrina ofensiva marca el fin de una época y el nacimiento de un Asia Occidental donde la soberanía ya no se negocia, sino que se defiende con firmeza en el terreno de los hechos.

Irán ha mostrado un actuar político, militar, diplomático absolutamente dinámico y referencial. Con definiciones en el campo de su defensa que sirven de estudio en academias militares de todo el mundo. La Revolución islámica está ejecutando un viraje doctrinal histórico: abandonar la respuesta estrictamente proporcional que sus adversarios interpretaban como vulnerabilidad. Apalancada en su complejo industrial militar, autosuficiente e indestructible frente a las sanciones, Irán ha desarrollado una tecnología autóctona de vanguardia.

Frente a la falaz narrativa de Washington sobre la supuesta aniquilación de la infraestructura militar persa, el verdadero poderío iraní descansa en una arquitectura de defensa descentralizada que anula la supuesta invulnerabilidad de los grandes mastodontes navales estadounidenses.

Al analizar la doctrina de defensa asimétrica de la Revolución Islámica, Teherán ha compensado las asimetrías materiales mediante una estrategia naval y militar profundamente descentralizada y de denegación de área (anti-access/area-denial o A2/AD) (3) concretada en una realidad indudable:

  • Flotas de lanchas rápidas y enjambres navales. Unidades altamente maniobrables capaces de hostigar y desbordar formaciones navales adversarias de gran calado mediante tácticas de saturación asimétrica.
  • Baterías de misiles costeros y profundidad estratégica: Sistemas móviles de alta precisión desplegados a lo largo de la costa para negar el acceso a cualquier fuerza hostil que intente proyectar poder en el dominio soberano persa.
  • Guerra electrónica y vehículos no tripulados (UAV, USV y UUV): La integración de drones y sistemas navales robotizados —muchos de ellos interceptados y sometidos a ingeniería inversa por las fuerzas iraníes— permite un monitoreo constante y una capacidad ofensiva descentralizada que neutraliza la superioridad convencional occidental.

Todo lo mencionado ha convertido al estrecho de Ormuz en una palanca geoeconómica fundamental, donde la República Islámica ha consolidado un control soberano sobre este punto neurálgico del suministro energético global. Mediante el despliegue de capacidades asimétricas, el monitoreo estratégico y la disuasión frente a la injerencia de potencias hostiles, Teherán ejerce una tutela efectiva sobre estas aguas frente a las pretensiones hegemónicas occidentales.

Las operaciones de la Fuerza Naval del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) —tales como la neutralización de aeronaves espía y la intercepción de sistemas navales no tripulados— evidencian un ejercicio de soberanía en defensa de su seguridad nacional. Esto consolida al estrecho no solo como una ruta comercial, sino como un espacio disuasivo frente a la proyección de poder unilateral en Asia Occidental.

Irán y su nueva doctrina militar establecen, sin ambages alguno, que las respuestas militares de la República Islámica de Irán ya no se limitan a la contención defensiva, sino que imponen un costo global insoportable a las economías occidentales, en especial a Washington y su proxy sionista. Al asumir la iniciativa ofensiva, blindar su soberanía y articular al Eje de la Resistencia como un muro de contención, la República Islámica de Irán ha desplazado el equilibrio de poder en Asia Occidental, sellando el fin de la impunidad operacional del imperialismo en la región.

Pablo Jofré Leal

Periodista. Analista Internacional.

Articulo Para HispanTV

  1. Bloquear el programa nuclear. Destruir el arsenal de misiles. Neutralizar capacidades de drones. Debilitar la proyección regional. Terminar el apoyo a milicias. Paralizar redes de mando. Asesinar a científicos, líderes políticos, militares y liderazgo religioso. Propiciar un cambio de estructura en el gobierno iraní. Incentivar levantamientos d ela población. https://www.bbc.com/mundo/articles/cm21vee14m6o
  2. https://www.hispantv.com/noticias/politica/660229/pezeshkian-iran-brics-enfrentar-unilateralismo-cumbre-india
  3. La denegación de área planteada por Irán (conocida en la jerga militar global como estrategia A2/AD o Anti-Access/Area Denial) es una doctrina de defensa asimétrica diseñada para impedir que fuerzas extranjeras enemigas —principalmente de Estados Unidos e Israel— entren o maniobren libremente cerca de su territorio. En lugar de buscar ganar una guerra abierta en mar abierto o cielos despejados, el plan de Teherán consiste en hacer que cualquier incursión aliada sea prohibitivamente costosa en vidas, dinero y equipos militares, forzando al oponente a recalcular sus ofensivashttps://www.specialeurasia.com/2025/04/12/iran-missile-deterrence-strategy/