Según un informe publicado el martes por CNN, funcionarios militares y de inteligencia de Estados Unidos están debatiendo discretamente una importante reducción de la presencia militar de Washington en Asia Occidental, después de que los ataques de represalia de Irán causaran numerosas bajas y provocaran daños en bases e instalaciones de inteligencia estadounidenses.
Las conversaciones tienen como objetivo elaborar lo que los funcionarios describieron como “otra estrategia posterior al 11-S”, después de que la guerra dejara al descubierto “profundas vulnerabilidades” en la infraestructura militar de Washington en toda la región, ha constatado el informe.
Los funcionarios “ahora actúan, al menos en parte, para anticipar qué podría ser aceptable” para el presidente Donald Trump, a quien describieron como un “presidente impredecible” que “no ha articulado una estrategia clara para el futuro de posguerra”, según las fuentes.
Estados Unidos aún mantiene alrededor de 50 000 militares desplegados en Asia Occidental, formando una enorme red militar que ha sido objeto de repetidos ataques con misiles y drones iraníes desde el inicio de la guerra.
Los ataques iraníes han dejado miles de militares estadounidenses heridos y 18 muertos, mientras que la base de la Quinta Flota en Baréin y otras instalaciones estadounidenses han sufrido graves daños, señaló el informe.
“Los agentes de la CIA que fueron enviados de regreso a Estados Unidos durante la fase más intensa de los combates a principios de este año están siendo enviados nuevamente a la región”, declaró una fuente a CNN, poniendo de relieve la extraordinaria disrupción sufrida por las operaciones de inteligencia estadounidenses.
Las fuerzas estadounidenses están ahora “evaluando” cómo “reforzar” sus posiciones restantes, incluso mediante el traslado de varias instalaciones bajo tierra para proteger al personal de nuevos ataques iraníes con misiles y drones.
Las vulnerabilidades de las fuerzas estadounidenses “siempre fueron conocidas”, reconoció otro funcionario estadounidense, pero Washington “nunca actuó al respecto con la urgencia necesaria”.
Durante la fase más intensa de los combates, los ataques iraníes llegaron a ser tan severos que las tropas estadounidenses fueron trasladadas de las bases militares a edificios de oficinas civiles y hoteles, mientras Teherán acusaba a Washington de utilizar a su personal como escudos humanos.
Los daños también alcanzaron la infraestructura de inteligencia estadounidense. A finales de agosto, NBC News informó de que Irán había causado “miles de millones” de dólares en “daños sin precedentes” a instalaciones de inteligencia estadounidenses en toda Asia Occidental.
Las fuentes advirtieron de que reparar las instalaciones de inteligencia y los equipos de vigilancia “costaría miles de millones de dólares”, lo que supondría una carga financiera adicional para una guerra que ya ha resultado extremadamente costosa.
El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) ha continuado sus ataques contra activos estadounidenses en la región en respuesta a las recientes agresiones de Estados Unidos contra buques iraníes que navegaban por el estrecho de Ormuz.
La última ronda de agresiones contra Irán comenzó el 28 de febrero, cuando las fuerzas estadounidenses e israelíes lanzaron ataques a gran escala contra territorio iraní.
Las Fuerzas Armadas de Irán respondieron con oleadas diarias de misiles y drones dirigidas contra activos estadounidenses e israelíes en toda la región, y cerraron el estrecho de Ormuz a los buques estadounidenses y de sus aliados.
El 17 de junio, Irán y Estados Unidos firmaron el Memorando de Entendimiento (MdE) de Islamabad, destinado a poner fin a las guerras en todos los frentes.
En las últimas semanas, en violación del MdE, Estados Unidos ha continuado con su bloqueo naval contra Irán y ha atacado múltiples puntos del sur del país, lo que llevó a Teherán a atacar instalaciones militares estadounidenses en toda la región y a cerrar nuevamente la estratégica vía marítima.
hnb
