Por: Ivan Kesic
El primer día de la guerra de agresión estadounidense-israelí contra Irán, a finales de febrero, misiles Tomahawk estadounidenses impactaron contra una escuela primaria en la ciudad meridional iraní de Minab y un polideportivo en Lamerd, causando la muerte de cerca de 200 civiles, la mayoría de ellos niños.
Los ataques, no provocados y atroces, pusieron de manifiesto las letales consecuencias de un sistema de selección de objetivos en el que la inteligencia artificial, alimentada con información de inteligencia obsoleta y empleada sin una supervisión humana adecuada, había transformado el proceso de elección de blancos en un mecanismo industrializado de muerte de civiles.
La agresión conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, denominada ‘Operación Furia Épica’, no tuvo precedentes no solo por su magnitud, sino también por su carácter tecnológico.
Solo durante las primeras 24 horas, las fuerzas estadounidenses e israelíes atacaron más de 1000 objetivos en todo Irán, un volumen de ataques que habría sido impensable en guerras anteriores y que sugirió de inmediato que algo fundamental había cambiado en la manera en que los objetivos eran identificados, priorizados y atacados.
En el centro de esta transformación se encontraba la inteligencia artificial, en particular el Maven Smart System del Pentágono, una plataforma de selección de objetivos habilitada por IA y desarrollada por Palantir Technologies en virtud de un contrato de 1300 millones de dólares. El sistema integra imágenes satelitales, transmisiones de drones, datos de radar e inteligencia de señales en una interfaz unificada diseñada para clasificar objetivos potenciales y generar paquetes de ataque casi en tiempo real.
El almirante Brad Cooper, comandante del Comando Central de Estados Unidos (Centcom, por sus siglas en inglés), confirmó públicamente que las fuerzas estadounidenses estaban utilizando una serie de herramientas avanzadas de IA en Irán. Afirmó que estos sistemas les ayudaban a procesar enormes cantidades de información y a tomar decisiones “más rápidas y mejor fundamentadas”.
Cooper también subrayó que los seres humanos conservarían la autoridad final para decidir qué atacar, qué no atacar y cuándo hacerlo.
Sin embargo, esa garantía plantea una cuestión más profunda y preocupante: cuando decisiones que normalmente requieren horas de análisis y deliberación se comprimen en segundos mediante sistemas de selección de objetivos asistidos por IA, ¿qué ocurre con la calidad del juicio humano que supuestamente debe proteger a los civiles?
La cuestión no consiste simplemente en determinar si un ser humano permanece en algún punto de la cadena de mando. Se trata de saber si esa persona puede realmente cuestionar, verificar y anular un sistema cada vez más automatizado que opera a una velocidad y una escala que pueden superar la capacidad de ejercer un juicio cuidadoso.
Masacres en la escuela de Minab y el polideportivo de Lamerd
El 28 de febrero de 2026, primer día de la agresión estadounidense-israelí, las fuerzas estadounidenses llevaron a cabo dos ataques simultáneos contra instalaciones civiles en el sur de Irán que acabarían convirtiéndose en símbolos mundiales del carácter criminal de la guerra asistida por IA empleada por las máquinas bélicas occidentales.
Un misil de crucero Tomahawk impactó contra la escuela primaria femenina Shayare Tayebeh, en Minab, provincia de Hormozgán, y causó la muerte de al menos 168 personas, más de 100 de ellas niños menores de 12 años, según autoridades iraníes y de la ONU.
Esa misma tarde, misiles estadounidenses de ataque de precisión impactaron contra un polideportivo en Lamerd, provincia de Fars, causando la muerte de 24 civiles, entre ellos una niña de dos años y varios jugadores adolescentes de voleibol, e hiriendo a más de 130 personas, muchas de las cuales afrontan ahora discapacidades permanentes.
Los misiles empleados en Lamerd detonaron en el aire antes de impactar, liberando 180 000 proyectiles de tungsteno de alta velocidad que atravesaron la zona en todas direcciones con una fuerza devastadora, lo que indica un diseño deliberado destinado a maximizar las víctimas humanas.
Lo que surgió de las investigaciones posteriores fue un panorama inquietante sobre cómo la selección de objetivos asistida por IA puede conducir a errores catastróficos.
El análisis de imágenes satelitales mostró que la escuela había estado situada anteriormente cerca del perímetro de un complejo militar, hasta que entre 2013 y 2016 apareció un muro, lo que indica que la instalación militar y la escuela llevaban aproximadamente una década separadas antes del ataque.
La escuela estaba en funcionamiento, tenía su propio sitio web y era visible en las redes sociales. Imágenes satelitales ampliamente disponibles mostraban un patio con las sombras de niños.
Fuentes informadas sobre las conclusiones preliminares confirmaron que el Comando Central de Estados Unidos había establecido las coordenadas del objetivo utilizando información de inteligencia obsoleta proporcionada por la Agencia de Inteligencia de Defensa, información que no había sido actualizada para reflejar la presencia de la escuela.
Medios estadounidenses informaron de que la escuela figuraba en una lista de objetivos de Estados Unidos y de que el sistema Maven, utilizando estos datos obsoletos, había señalado el lugar como un objetivo militar.
El viceministro de Educación de Irán y jefe de la Organización para la Renovación, Desarrollo y Equipamiento de Escuelas informó de que los ataques estadounidense-israelíes causaron daños a 1214 escuelas y 275 espacios educativos, incluidos polideportivos, oficinas, centros culturales y educativos y campamentos, durante la guerra de 40 días, con daños totales y parciales.
De ellas, 254 escuelas sufrieron daños superiores al 50 %, mientras que 16 requirieron su demolición completa y reconstrucción. No se trató de una serie de errores aislados, sino de un patrón sistemático de ataques contra objetivos civiles.
Patrón de ataques contra civiles: escuelas identificadas erróneamente como objetivos militares
Las sangrientas masacres de civiles, en particular de niños, en Minab y Lamerd no fueron tragedias aisladas, sino parte de un patrón sistemático de ataques contra objetivos civiles que se desplegó en todo Irán.
Escuelas civiles e instalaciones educativas fueron atacadas porque compartían calles con nombres de resonancia militar o porque su proximidad a otras estructuras permitió que un aparato de inteligencia incapaz de distinguir entre un aula y un cuartel militar las identificara erróneamente como instalaciones castrenses.
Entre las instituciones atacadas figuraba la Escuela Profesional Mártires Nucleares de Kermanshah, un centro de formación profesional masculino que funciona desde 2011. Junto con la vecina Escuela Profesional Shahid Beheshti, forma un complejo educativo que se extiende sobre aproximadamente diez hectáreas.
Sin embargo, en un radio de varios cientos de metros alrededor de este complejo escolar no existe ninguna instalación militar; únicamente se encuentran el campus de la Universidad Farhangian, complejos deportivos, bloques de apartamentos residenciales, la refinería petrolera de la ciudad y el parque urbano Shahed, con su recinto de exposiciones internacionales.
La única justificación aparente para atacar esta escuela parece haber sido su nombre, que conmemora a científicos nucleares iraníes asesinados años antes en atentados terroristas estadounidenses-israelíes.
En Ravansar, la escuela primaria Somaye y el gimnasio Farhang, situado junto a ella, fueron atacados pese a estar rodeados exclusivamente de edificios civiles.
Su ubicación en la calle Basich parece haber sido su única falta. La calle había recibido ese nombre décadas antes, durante la década de 1980, en honor a la fuerza paramilitar iraní que operaba en aquella época.
Sin embargo, desde el final de la agresión contra Irán respaldada por Occidente en 1988, todas las antiguas instalaciones militares de Basich (Organización de la Movilización de los Oprimidos) en Ravansar fueron reconvertidas hace mucho tiempo para usos civiles.
Hoy, en sus inmediaciones solo hay dos institutos, edificios residenciales, una oficina de correos y una clínica; nada que pudiera interpretarse razonablemente como un objetivo militar.
También en Ravansar fue atacada la residencia Umm al-Banin, que alberga a estudiantes de la Escuela Profesional Femenina Umm al-Banin.
Esta residencia forma parte de un complejo escolar más amplio que, para un analista descuidado o un algoritmo insuficientemente entrenado que examinara imágenes satelitales, podría parecer superficialmente una base militar.
En Isfahán, la escuela primaria Shahid Qodusi fue atacada porque se encuentra en la calle Pasdaran, denominada así en referencia al Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI); sin embargo, tanto la calle como sus alrededores albergan únicamente bloques residenciales, un mercado, centros culturales, un parque y una pequeña comisaría de policía.
La Escuela Secundaria Mártires del Ferrocarril, situada en el barrio Vahdat de Fardis, cerca de Karay, resultó dañada durante un ataque contra una zona residencial densamente poblada alrededor del parque Naft.
Esta escuela, junto con las viviendas y el propio parque, parece haber sido atacada únicamente porque se encuentran en la calle Naft, un nombre asociado al petróleo, pese a la completa ausencia de instalaciones petroleras, infraestructuras energéticas o instalaciones militares en las inmediaciones.
En Abyek, provincia de Qazvín, fue atacada la escuela primaria Imam Reza. El centro está rodeado de edificios residenciales de gran altura, un parque urbano y una colina que alberga depósitos de agua municipales y un transmisor, una zona cerrada que, vista desde el aire, podría confundirse con una instalación militar.
El gobernador de Abyek explicó posteriormente que el objetivo del ataque era en realidad esta zona cerrada situada al sur de la escuela, donde se encontraban un depósito perteneciente al departamento de aguas y una torre de transmisión inalámbrica, ambos, una vez más, objetivos civiles.
El ataque fue dirigido contra esta torre, pero un fragmento de misil impactó contra la colina y posteriormente alcanzó a un estudiante en el patio de la escuela, causándole la muerte como mártir.
Entre otras escuelas atacadas se encontraba la Escuela Secundaria Shahid Mohsen Taheri, en Parand, rodeada únicamente de clínicas, farmacias, edificios residenciales, otra escuela y un lago artificial en construcción, sin ninguna instalación militar o gubernamental.
La escuela primaria Besat, en Tabriz, y la Escuela Femenina Esmat, en Urmía, ambas situadas en zonas residenciales ordinarias, también sufrieron daños.
En todos los casos, los medios iraníes publicaron reportajes fotográficos y de vídeo desde el lugar de los hechos, confirmando que habían sido atacados deliberadamente y descartando así cualquier posibilidad de que instalaciones militares secretas hubieran sido camufladas como escuelas.
Estos ataques ponen de manifiesto un fracaso fundamental de la inteligencia. El patrón constante de ataques contra instalaciones educativas civiles sugiere que las capacidades de inteligencia estadounidense-israelíes son mucho menos sofisticadas de lo que popularmente se imagina.
Un breve período de análisis satelital adecuado, examinando la disposición de las infraestructuras, el número y las sombras de las personas presentes en la zona y los signos evidentes de uso civil, habría revelado que se trataba de escuelas para niños y no de instalaciones militares. Sin embargo, aparentemente nunca se llevó a cabo tal verificación.
Las escuelas y las instalaciones relacionadas enumeradas anteriormente representan solo una fracción de las 1500 escuelas y miles de otras instalaciones civiles en Irán que se han visto afectadas por los mismos errores de inteligencia.
Los intentos de medios de propaganda antiraní, como Iran International, de justificar estos crímenes estadounidenses-israelíes alegando que las escuelas fueron situadas deliberadamente cerca de instalaciones militares son demostrablemente falsos.
Del mismo modo, las reiteradas afirmaciones de funcionarios militares estadounidenses de que no atacan a civiles quedan contradichas por las abrumadoras pruebas de bombardeos contra escuelas en todo Irán.
La controversia del Parque de la Policía
Las escuelas mencionadas no fueron los únicos casos en los que infraestructuras civiles fueron atacadas sobre bases endebles. Analistas habían señalado anteriormente el bombardeo del Parque de la Policía, en Teherán, y observaron que Estados Unidos y el régimen israelí emplearon IA sin una supervisión humana significativa, hasta el punto de atacar lugares que no tenían relación alguna con instalaciones militares, pero cuyos nombres estaban asociados con instituciones estatales.
Durante los primeros días de la agresión, familias se reunían en el Parque de la Policía de Teherán. Los niños corrían unos detrás de otros sobre el césped. Los padres empujaban cochecitos por senderos sombreados. Entonces impactaron los misiles.
En algún lugar de un centro de mando, un sistema de inteligencia artificial había examinado imágenes satelitales y nombres de calles, detectado la palabra “policía” y señalado el lugar como un objetivo militar o gubernamental.
Los analistas sostuvieron que el parque fue identificado como objetivo únicamente porque su nombre contenía un término asociado con una institución estatal, sin que se realizara una verificación humana para determinar que en realidad se trataba de una zona recreativa.
Esto apunta a un problema más profundo relacionado con la selección de objetivos asistida por IA y con la naturaleza de “caja negra” de esta tecnología propensa al riesgo. Cuando los sistemas de IA generan recomendaciones sobre objetivos, a menudo lo hacen de formas difíciles de comprender o cuestionar para los operadores humanos.
Parece que estadounidenses e israelíes están utilizando IA sin una supervisión humana adecuada, atacando lugares que no tienen relación alguna con instalaciones militares, pero cuyos nombres contienen términos asociados con instituciones estatales.
Si un sistema de IA identificó un parque público como objetivo debido a su nombre y nadie se molestó en verificar que se trataba simplemente de un parque, entonces el proceso de selección de objetivos se ha desvinculado peligrosamente de la realidad, señalaron analistas al sitio web de Press TV.
El Maven Smart System y la industrialización de la selección de objetivos
El sistema de IA situado en el centro del proceso estadounidense de selección de objetivos durante la reciente guerra de agresión fue el Maven Smart System, desarrollado por Palantir Technologies.
Según Cameron Stanley, director digital y de inteligencia artificial del Pentágono, Maven fue diseñado para recopilar información sobre las posiciones enemigas a partir de señales de radar, imágenes satelitales y de drones, comunicaciones electrónicas y otras fuentes, combinándola en una imagen operativa común del campo de batalla.
Stanley afirmó además que Maven se utilizaba para identificar la unidad propia óptima para atacar un objetivo determinado y para generar cursos de acción para las unidades de ataque estadounidenses, incluidas las trayectorias de ataque, recomendaciones sobre municiones y otros datos tácticos.
El sistema consolida múltiples flujos de datos que anteriormente obligaban a los comandantes a consultar ocho o nueve sistemas distintos, integrándolo todo en una única herramienta de visualización.
Aunque funcionarios estadounidenses han descrito esta integración como “revolucionaria”, esta revelación merece un examen riguroso.
Lo que desde un punto de vista técnico parece revolucionario puede, en la práctica, representar una peligrosa concentración de la autoridad para la toma de decisiones dentro de un sistema opaco cuyas limitaciones son escasamente comprendidas por sus operadores.
A finales de 2024, el sistema de IA Claude, de Anthropic, fue integrado con Maven para proporcionar opciones mejoradas de selección de objetivos.
Según declaraciones oficiales, los comandantes podían utilizar el sistema combinado para generar listas de objetivos filtradas por categorías como estaciones de radar, baterías de misiles, nodos de comunicación y altos mandos, y posteriormente clasificarlas según su importancia estratégica.
También se informó de que el sistema era capaz de revisar las evaluaciones de daños de combate y producir automáticamente nuevas listas de objetivos en cuestión de minutos. Sin embargo, los datos de rendimiento revelaron limitaciones significativas.
Las propias cifras del ejército estadounidense indicaban que Maven podía identificar correctamente objetos con una precisión general de aproximadamente el 60 %, frente al 84 % de los analistas humanos, y que su precisión descendía por debajo del 30 % en condiciones adversas, como mal tiempo o baja visibilidad.
Pese a estas considerables deficiencias, el sistema fue utilizado para generar cientos de coordenadas de ataque durante las primeras 24 horas de la agresión contra Irán, una decisión que prioriza la velocidad sobre la fiabilidad y plantea serios interrogantes sobre la calidad del proceso de selección de objetivos.
Sistemas israelíes de IA: una fábrica de asesinatos masivos probada en Gaza
El ejército israelí también desplegó sus propios sistemas de IA, muchos de los cuales habían sido probados y perfeccionados durante la guerra genocida en Gaza. El periodista especializado en tecnología Jacob Ward describió el uso y la exportación de tecnología de IA por parte del régimen israelí en la era posterior a Gaza como una “beta letal”.
Gaza fue el prototipo, explicó Ward. Irán es el lanzamiento. Se trata de un experimento de laboratorio con fuego real y munición real sobre seres humanos, que mata a personas y crea una cadena de productos exportables para el resto del mundo.
El sistema israelí conocido como “The Gospel” ha sido descrito como una fábrica de asesinatos masivos que procesa datos de vigilancia para convertirlos en objetivos de bombardeo a escala industrial.
Mientras que los analistas humanos generaban anteriormente 50 objetivos al año, “The Gospel” produce 100 al día.
También está Lavender, un sistema de aprendizaje automático que clasificó a toda la población masculina de Gaza según la probabilidad de afiliación a grupos armados y señaló a 37 000 hombres para su asesinato en seis semanas. Su tasa de error se situó, según se informó, en el 10 %, lo que significa que miles de civiles inocentes fueron marcados algorítmicamente para morir.
Agentes de inteligencia dijeron a los investigadores que dedicaban aproximadamente veinte segundos a revisar cada recomendación de Lavender. “No nos interesaba saber cómo la máquina había llegado a sus conclusiones”, admitió una fuente. “Solo queríamos saber si el objetivo era hombre”.
Luego está “Where’s Daddy”, un sistema que rastrea a las personas señaladas a través de sus teléfonos móviles. Cuando un objetivo entraba en su vivienda familiar, alertaba a los operadores, permitiendo realizar ataques programados específicamente para maximizar las víctimas civiles.
El ejército israelí esperaba deliberadamente hasta que los hombres estuvieran rodeados de sus esposas e hijos antes de bombardear. Esto no es daño colateral; es un diseño deliberado del daño colateral.
Las similitudes entre los bombardeos israelíes contra Gaza e Irán son cada vez mayores, y los analistas advierten de que el régimen israelí está utilizando IA sin una supervisión humana adecuada.
El problema del sesgo de automatización y la compresión de las decisiones
Uno de los aspectos más inquietantes del caso es la cuestión de la responsabilidad. Cuando los sistemas de IA están profundamente integrados en el ciclo de selección de objetivos, la cadena de responsabilidad se difumina entre comandantes, programadores, empresas tecnológicas privadas y sistemas opacos de aprendizaje automático.
La responsabilidad queda fragmentada de manera que permite que todos, y al mismo tiempo nadie, rindan cuentas. El director ejecutivo de Anthropic, Dario Amodei, al ser preguntado por el ataque de Minab, afirmó que no sabía exactamente cómo se había utilizado Claude y describió lo sucedido como “errores realmente, realmente terribles”.
Sin embargo, Amodei reiteró que el ataque contra la escuela constituía un caso de uso que ni siquiera vulneraba sus “líneas rojas”. Esto se debía a que, en última instancia, un ser humano tomó la decisión final de atacar la escuela.
Exfuncionarios militares han confirmado la evaluación de que fueron los seres humanos, y no la inteligencia artificial, quienes tuvieron la culpa de los ataques contra las escuelas, señalando que datos obsoletos procesados por personas fueron introducidos en la plataforma Maven.
La expresión “humano en el circuito” pertenece a una tradición de distribución de la responsabilidad de manera tan amplia que termina por disolverla. El ingeniero construye la herramienta, el contratista integra el sistema, el analista militar revisa el resultado, el oficial autoriza el ataque y el político aprueba la guerra.
El resultado es una cadena en la que todos participan y nadie responde. La cuestión más importante es qué papel desempeña la IA a la hora de configurar el conjunto de decisiones disponibles para esos seres humanos. Los sistemas militares modernos no son meras calculadoras.
Organizan la información, priorizan posibilidades, identifican patrones, generan recomendaciones y orientan la atención. Influyen en lo que los comandantes ven y en lo que no ven.
Incluso cuando un ser humano conserva formalmente la autoridad, la arquitectura de la percepción puede haber sido ya construida por las máquinas. Por ello, sostienen los expertos, el debate no puede terminar con la frase “un ser humano tomó la decisión final”.
Las bases de datos militares estadounidenses no habían sido actualizadas y la IA, que procesaba objetivos a una velocidad sin precedentes, simplemente aceptó la clasificación obsoleta.
Los ataques contra escuelas, hospitales, instalaciones deportivas, ceremonias de boda y otras instalaciones civiles constituyen graves violaciones del derecho internacional humanitario, incluidos los principios de distinción y proporcionalidad, que obligan a las partes beligerantes a diferenciar entre objetivos militares y bienes de carácter civil y a abstenerse de realizar ataques cuando el daño a la población civil resulte excesivo.
Sin embargo, pese al amplio despliegue de IA en el proceso de selección de objetivos, no existe ningún marco jurídico internacional que regule específicamente el uso de la inteligencia artificial en la guerra, lo que deja un vacío normativo que Estados Unidos y el régimen israelí han explotado con impunidad.
La declaración del presidente estadounidense Donald Trump de que “quizá nunca sepamos quién fue responsable” de la masacre de Minab constituye, según los analistas, una admisión tácita de que Estados Unidos no tiene intención de reconocer su responsabilidad y de que quienes autorizaron estos ataques criminales nunca rendirán cuentas ante la justicia.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
