• Árboles en la selva de irati, un bosque repartido entre el norte de Navarra y el País Vasco francés.
Publicada: sábado, 13 de enero de 2018 2:36

La erupción del volcán indonesio Tambora en abril de 1815 expulsó tantas partículas a la atmósfera que oscureció los cielos haciendo que rebotaran los rayos del Sol. Europa se quedó sin verano el año siguiente. Ahora, investigadores españoles han encontrado la huella de aquella megaerupción en pinos del Pirineo, a más 12.000 kilómetros del Tambora.

“La dendrocronología era, en su origen, el estudio del crecimiento de las plantas leñosas por el patrón de los anillos de su tronco. Formados anualmente, dan muchas pistas sobre los avatares del árbol. Los años de sequía o de abundancia quedaban reflejados en el grosor o la forma del anillo. Por eso mismo, estos cambios permiten conocer las condiciones ambientales en las que ha ido creciendo el árbol”, indicó la experta dendrocronóloga y profesora de la Universidad de Barcelona, Emilia Gutiérrez, citada el viernes por el diario español El País.

Por su parte, el investigador de la Universidad Pablo de Olavide y coautor del estudio, Raúl Sánchez-Salguero, señaló que los árboles se comportan como “una antena, acaban por recoger todo lo que los rodea, quedando registrado en sus anillos”.

Usando fluorescencia de rayos X, los autores del estudio analizaron la presencia de hasta 14 elementos químicos distintos en cada uno de los anillos, de no más de 0,5 milímetros de grosor. Algunos son claves para el crecimiento del árbol, como el magnesio o el potasio. Otros fueron capturados ya fuera por vía aérea o una vez depositados en el suelo aunque vinieran desde tan lejos como el Tambora.

La dendrocronología era, en su origen, el estudio del crecimiento de las plantas leñosas por el patrón de los anillos de su tronco. Formados anualmente, dan muchas pistas sobre los avatares del árbol”, indicó la experta dendrocronóloga y profesora de la Universidad de Barcelona, Emilia Gutiérrez.

La erupción del volcán indonesio Tambora.

 

Al permitir un seguimiento anual y hasta estacional de los cambios químicos del ambiente, estos pinos centenarios funcionan como vigías, detectando cualquier anomalía.

Así en el anillo siguiente al año sin verano provocado por el Tambora la presencia de hierro sube de forma dramática, mientras bajó la de calcio, indicador de que esa temporada el árbol sufrió.

En las muestras de madera también identificaron toda una serie de erupciones volcánicas desde el siglo XVIII, empezando por la de Timanfaya, en Lanzarote, que duró varios años, de 1730 a 1736. Otras fueron más lejos: Nicaragua, Estados Unidos y Japón, entre otros

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