Publicada: miércoles, 22 de julio de 2020 10:19

Hoy, más que nunca, a pocos meses de las elecciones presidenciales en Estados Unidos, debemos estar atentos al lobo que se viste con piel de cordero.

Se acercan las elecciones presidenciales en Estados Unidos y con ello, como suele ser habitual, la posibilidad que estalle una nueva guerra, la intensificación de otras, alguna agresión vía un atentado directo o de bandera falsa.

Ese es el panorama que amenaza a algunos países del mundo: Irán, Venezuela, Corea del Norte, Rusia, China, principalmente, enfrentados a la Administración Trump y la política belicista características de los gobiernos norteamericanos.  Una realidad con hechos concretos, implementados y con efectos visibles tales como: la intensificación de sanciones contra los mencionados gobiernos y pueblos, catalogados como un “peligro para la seguridad nacional de Estados Unidos” o como “una amenaza inusual” con acciones violatorias del derecho internacional. Sumando, además, el apoyo que otorga Washington a los crímenes sionistas contra el pueblo palestino y la monarquía saudí contra el pueblo de Yemen.

En el caso específico de la llamada “política de máxima presión” contra la República Islámica de Irán, esta es una de las líneas centrales de la política exterior estadounidense, implementada al amparo de la violación por parte de la Casa Blanca, del Plan Integral de Acción Conjunta (PIAC o JCPOA, por sus siglas en inglés) que el pasado 14 de julio cumplió 5 años desde su firma en Suiza. Máxima presión que implica sanciones económicas, tecnológicas, financieras, sanitarias, congelamiento de bienes de la nación persa y la amenaza de impedir el levantamiento de las sanciones en el campo militar, que debe terminar el próximo mes de octubre pero que en manos de Trump se ha convertido en una presa electoral para satisfacer al complejo militar-industrial, que necesita   para su desarrollo y posibilidades de venta de armas, que el mundo esté en constante desestabilización.

Lo sintomático, es que además de las sanciones unilaterales que lleva a cabo contra Irán, Estados Unidos impulsa que sus aliados, en específico los países europeos firmantes del JCPOA: Francia, el Reino Unido y Alemania también se sumen a esa política de máxima presión, so pena de sufrir ellos también las medidas coercitivas de una administración cuestionada internacionalmente por el asesinato del teniente general Qasem Soleimani, comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI), asesinado en territorio iraquí por misiles lanzados por fuerzas estadounidenses estacionadas en bases militares del país árabe, que recibieron la respuesta contundente de Irán como represalia ante ese crimen.

En el caso de la Federación Rusa, la presión contra la nación euroasiática se expresa de múltiples formas, donde la más peligrosa es la militar. Esto, a través de la exigencia que hace Washington a sus socios europeos, agrupados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), para que aumenten el gasto de su PIB al 2 % antes del año 2024 y que posteriormente se incremente hasta un 4 %. Ya 15 países de un total de 29 que conforman la Unión Europea han señalado que subirán su porcentaje del PIB como lo demanda Estados Unidos. Esto, con el objetivo de fortalecer a la OTAN que implica, medularmente, el aumentar la compra de armas, equipos y sistemas de seguridad estadounidenses. Trump ha sido categórico con los países europeos, en obligarlos a asumir ese mayor costo económico, incluso con la decisión de disminuir, un porcentaje importante, los efectivos militares estadounidenses acantonados en Alemania, que implica pasar de 35 400 tropas a 25 000 soldados, que serían trasladados a Polonia, parte de la estrategia de presión contra Rusia.

Lo consignado es un objetivo planteado, sin remilgos, por el jefe del Pentágono, Mark Esper, quien ha hecho llamados permanentes a sus socios europeos, para fortalecer la OTAN con el objeto de “disuadir a Rusia y así potenciar a nuestros socios como esperamos”, objetivo que implica la mejora de las capacidades de combate de la OTAN que debe asegurarse con la contribución de la menos el 2 por ciento de su Producto Interior Bruto destinado a la defensa. Hemos progresado mucho en eso en los últimos dos años, pero hay que hacer más”, afirmó Esper, quien no ha escatimado esfuerzos por conseguir que el cerco contra la Federación Rusa se incremente, a través de fronteras militarizadas y el esfuerzo destinado a lograr un enfrentamiento más directo entre Rusia y Ucrania a través de provocaciones territoriales y suma de sanciones apelando al supuesto apoyo de Moscú a los movimientos separatistas del este ucraniano —que en un 90 % son rusoparlantes—.

Pence, como secretario de Defensa de Trump, ha delineado una política  que contempla tanto a la Federación Rusa como a la República Popular China, como peligros para Estados unidos y el mundo. “Cada vez está más claro que Rusia y China quieren perturbar el orden internacional mediante el veto de las decisiones económicas, diplomáticas y de seguridad de otros países”. En el caso específico de la nación norteamericana, Pence consigna que los gobiernos de Putin y Xi Jinping son un peligro para la defensa, economía y seguridad y que tal peligro debe ser contrarrestados. China es considerada un peligro en materia comercial y tecnológica, lo que explica las decisiones contra la empresa Huawei, las acusaciones de guerras cibernéticas que Pekín habría impulsado contra Estados Unidos y la guerra arancelaria y económica iniciada por Washington desde junio del año 2018.

En la misma zona asiática, con relación a Norcorea, Estados unidos incrementa su presión militar enviando aviones espías, al mismo tiempo que trata de mostrar una cara amable, llamando a un diálogo al gobierno de Kim Jong-un que ha resultado vano. Como apoyo a esta política de presión contra Corea del norte, Washington se vale también del Reino Unido, que para no ser menos, a principios de julio colocó en su lista negra de personas y entidades sancionadas, a la Oficina del Ministerio de Seguridad del Estado y la Oficina Correccional del Ministerio de Seguridad Popular haciéndose parte de la política hostil del Gobierno de Trump.

Un conflicto que también tiene elementos de tensión militar, sobre todo cuando la referencia es el Mar de la China, al Península coreana y las presiones que Washington ejerce con ayuda de sus aliados de Australia, Japón y Corea del Sur, fundamentalmente y los apoyos de Washington a los grupos opositores en Hong Kong, acusando a China de afanes expansionistas y de acosar a la región administrativa especial mediante la imposición de una ley que castiga los actos considerados de sedición lo que determinó que Washington le quitara a Hong Kong, el tratamiento preferencial en materia económica.  

Pekín contesto, a través del embajador de China en Estados Unidos Cui Tiankai, quien señaló “Washington debe reconocer la realidad de una China fuerte donde tenemos el derecho legítimo de convertir a nuestro país en un estado modernizado, fuerte y próspero, como cualquier otra nación del mundo…¿Está EE.UU. listo o dispuesto a vivir con otro país, con una cultura muy diferente, un sistema político y económico muy diferente (...) en paz y cooperar en los numerosos desafíos globales que siguen creciendo?” interrogante que aún no tiene respuesta pero que visualizó negativa, sobre todo porque la estrategia electoral del equipo de Trump ha elegido tomar dos focos de ataque. Joe Biden y Pekín, en forma principal y a Rusia, Venezuela e Irán como segundo foco en aras de conseguir apoyos a un régimen con baja adhesión de la ciudadanía.

Con relación a Venezuela esa política de máxima presión referida, ha tenido diversos cuadros que muestran a Washington de derrocar al Gobierno del presidente Nicolás Maduro, “castigar” a su población, ejecutar acciones que implican operaciones militares a cargos de mercenarios y desertores del Ejército venezolano, además de ampliar en forma  absolutamente  brutal, el embargo, las sanciones e incluso propiciar el robo de los recurso financieros venezolanos en el extranjero como ha sido los 1200 millones de dólares en oro (31 toneladas) que se suponían resguardados en una entidad financiera británica. Recordemos que en marzo de este año, coincidente con el aniversario del fallecimiento del comandante Hugo Chávez Frías, Trump ordenó, por quinto año consecutivo, el renovar el decreto que signa a Venezuela como “una amenaza inusual para Estados unidos. Un decreto que tuvo su origen en el gobierno del ex presidente Barack Obama. Mostrando con ello que la supuesta diferencia en política exterior entre republicanos y demócratas es simplemente una fábula.  

Para su labor contra la nación sudamericana, Estados Unidos se vale del apoyo de regímenes incondicionales, como es el caso del gobierno de Boris Johnson, que aupado por la propia justicia británica, ha expoliado el depósito en oro, que el Gobierno venezolano mantiene en el Banco de Inglaterra, argumentando reconocimiento al autoproclamado Juan Guaidó y con ello una potestad espuria sobre bienes venezolanos. Tal como lo señalé en el artículo el Reino Unido y su esencia de Bucanero, publicado en el portal segundo paso.es, ha quedado en evidencia que “La Isla Europea da muestras que su monarquía Constitucional, el gobierno presidido por el conservador Boris Johnson y esta monserga de supuesta defensa del modelo occidental de la democracia, el respeto a la legalidad internacional tiene comportamientos similares e incluso superiores, en niveles de delincuencia, que su primo estadounidense”.

Debemos estar alertas, nada bueno se puede esperar de una política estadounidense basada en la agresión, en la búsqueda de sometimiento y menosprecio a la soberanía de los pueblos. Nada positivo es posible esperar de un gobierno, que pretende contender su crisis sanitaria, económica y social, apelando a la agresión contra aquellos países que se levantan con dignidad e independencia. Un mundo, que a través de algunas naciones, ha decidió dar lucha a un imperialismo a la baja, con una hegemonía que no resiste el ímpetu de numerosos pueblos, que reclaman un lugar preponderante en el escenario mundial, no en base al poderío impuesto, sino con relaciones internacionales donde las mismas leyes, que nos hemos dado como pueblos, se cumplan. No es utópico pensar en ello, está establecido, es el marco legal que nos rige pero hemos “dormido el sueño embrutecedor, de un imperialismo que actúa como el opio, como una droga que paraliza y ciega.   

La unilateralidad estadounidense exige nuestro objetivo de multilateralismo. La agresión exige un frente común y develar, que aquellos que se jactan de su tipo de democracia, son simplemente embusteros, corsarios, piratas y violadores de las leyes internacionales, que suelen exigir su aplicación cuando se trata de otros, pero negarse acatarla cuando su intimidación, sus violaciones son desnudadas. Hoy, más que nunca, a pocos meses de las elecciones presidenciales en estados unidos, debemos estar atentos al lobo que se viste con piel de cordero.

Pablo Jofré Leal
Pablo Jofré Leal Periodista y escritor chileno. Analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid. Especialista en temas principalmente de Latinoamérica, Asia Occidental y el Magreb. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales. Creador de página WEB de análisis internacional ANÁLISIS GLOCAL www.analisisglocal.cl

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