Un gran gasoducto bajo el lecho marino conecta Bandar Abbas con la isla de Queshm a través de Laft y Gorzin, Tiene tres kilómetros de largo, 76 centímetros de ancho y está enterrado a una profundidad suficiente para evitar el intenso tráfico que hay sobre este.
Si bien el método de ingeniería empleado para su construcción fue complejo, el impacto económico del proyecto es crucial: Irán ha encontrado una forma más económica y fiable de transportar energía a una de sus zonas económicas más importantes.
El proyecto, ejecutado mediante perforación direccional horizontal (HDD) a lo largo de aproximadamente tres kilómetros hasta 30 metros de profundidad, constituye un hito en ingeniería.
Las obras submarinas complejas ya no requieren automáticamente contratistas extranjeros ni soluciones llave en mano importadas. Evitar la dependencia externa, reduce la salida de divisas y acorta los ciclos de adquisición.
Durante años, el suministro de gas a la isla de Qeshm ha sido un desafío. La isla se encuentra en una ubicación estratégica, cerca de las principales rutas marítimas y centros comerciales, y se ha posicionado como un centro industrial de generación de energía y turismo.
La decisión de tender el gasoducto bajo el lecho marino, en lugar de sobre él o por encima de él, se debió a consideraciones tanto prácticas como económicas. Las aguas entre Bandar Abbas y Qeshm son poco profundas, pero muy transitadas.
Tender un gasoducto sobre el lecho marino o excavarlo de la forma tradicional habría interrumpido el transporte marítimo y aumentado los riesgos ambientales. Estas interrupciones suelen ir seguidas de retrasos, multas y rediseños, lo que eleva los costos del proyecto por encima de lo previsto.
Al perforar bajo el lecho marino, Irán evitó muchos de estos riesgos antes de que se convirtieran en gastos. Desde un punto de vista económico, esto es importante porque los costos de infraestructura no terminan al finalizar la construcción.
El proyecto también es importante por lo que permite en la isla de Qeshm. El gas no es un combustible más; es la base de la generación de energía, la producción industrial y el procesamiento posterior.
También existe un aspecto financiero más amplio. El sector energético iraní opera bajo restricciones que limitan el acceso a tecnología, financiación y contratistas extranjeros. En este entorno, cada proyecto completado con recursos nacionales reduce la presión sobre las reservas de divisas.
El proyecto también se enmarca en un esfuerzo mayor para reducir el desperdicio y la ineficiencia en las operaciones de petróleo y gas de Irán. Uno de los mayores costos ocultos del sector es el tiempo perdido por retrasos, errores y paradas imprevistas.
Las consideraciones ambientales también tienen valor económico, aunque no siempre se midan en términos de efectivo. Evitar daños al lecho marino y a la vida marina reduce el riesgo de acciones legales, costos de limpieza, entre otros.
Otro aspecto importante es el aprendizaje. Cada proyecto exitoso genera experiencia que puede reutilizarse. Las habilidades desarrolladas durante la construcción de este oleoducto pueden reducir costos y riesgos en futuros cruces, ya sea para gas, petróleo u otros servicios públicos.
El proyecto del oleoducto submarino se cita como resultado de una cooperación más estrecha entre empresas operadoras, universidades y centros de investigación. Si este modelo se aplica más ampliamente, Irán puede reducir gradualmente la brecha de productividad con sus pares globales sin depender de las importaciones.
ctl
