• Donald Trump, presidente de EE.UU., en su visita a la base Ain Al-Asad en Irak, atacada el 8 de enero por Irán, 26 de diciembre de 2018.
Publicada: domingo, 19 de enero de 2020 16:34

La presencia militar de EE.UU. en Irak exacerba la inestabilidad y propicia un ambiente favorable para el grupo terrorista EIIL, observa un informe.

La revista estadounidense The National Interests, en un artículo publicado esta semana, aborda el proyecto de expulsión de las tropas de EE.UU. de Irak y la amenaza del presidente del país norteamericano, Donald Trump, con sancionar al Gobierno iraquí si eso ocurriera.

La publicación cuestiona la presencia de las fuerzas estadounidenses en el país árabe bajo el pretexto de ayudar a Irak a luchar contra la banda terrorista EIIL (Daesh, en árabe) y afirma que tras los recientes crímenes que cometió Washington en suelo iraquí, la Casa Blanca ha suspendido las operaciones llamadas anti-EIIL.

El artículo considera la estabilidad de Irak el mayor obstáculo ante el EIIL. “Las fuerzas estadounidenses no contribuyen en nada a este asunto importante y la presencia militar de EE.UU. en Irak se traduce en reforzar y alimentar la inestabilidad en este país, lo que lo convierte en un entorno favorable para Daesh”, agrega.

El diario sirio Tishreen reconoce, por su parte, que, pese a que Trump para justificar la presencia de sus militares en Irak “sigue utilizando falazmente” el concepto de ayuda al pueblo iraquí, queda bien claro que esta presencia, en realidad, es “una ocupación” y contraviene la voluntad de los iraquíes, que han pedido, a través del Gobierno y del Parlamento, la salida de los estadounidenses.

 

El Parlamento de Irak aprobó el 5 de enero una resolución solicitando al Gobierno cancelar la solicitud de asistencia de EE.UU. y poner fin a la presencia de sus fuerzas.   

Los legisladores iraquíes decidieron tal medida en respuesta a la agresión protagonizada por Estados Unidos en Bagdad, la capital de Irak, que causó la muerte del comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán, el teniente general Qasem Soleimani, y del subcomandante de las Unidades de Movilización Popular de Irak (Al-Hashad Al-Shabi, en árabe), Abu Mahdi al-Muhandis, y de otros militares iraníes e iraquíes.

En respuesta a dicho terrorismo de Estado, la División Aeroespacial del CGRI de Irán lanzó el 8 de enero una serie de misiles contra la base aérea Ain Al-Asad, ubicada en la provincia occidental iraquí de Al-Anbar y ocupada por las tropas norteamericanas desde la invasión de Irak en 2003, y una base en Erbil, capital de la región del Kurdistán iraquí, también en poder de los norteamericanos.

El Líder de la Revolución Islámica de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, ha enfatizado que dicho ataque solo fue una bofetada y no la prometida venganza, insistiendo en que se debe poner fin a “la presencia corrupta de EE.UU. en la región” del oeste de Asia.

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