“El cerco petrolero o energético que Estados Unidos aplica a Cuba, equivale por sus efectos a un bloqueo naval, que es un acto de guerra y de genocidio que somete a la población cubana a condiciones que amenazan su integridad y existencia y constituye un cruel e indiscriminado ‘castigo colectivo’ que hoy provoca muertes”, declaró el martes el ministro de Asuntos Exteriores de Cuba, ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU) en Nueva York.
Para respaldar su afirmación, señaló que la tasa de mortalidad infantil en el país caribeño se duplicó, al pasar “de 4,0 a 9,2 por cada 1000 nacidos vivos”, mientras que la esperanza de supervivencia de los niños con cáncer descendió “del 85 % al 65 %”.
Además, denunció que “una plutocracia corrupta e inmoral esgrime la leyenda de la incompetencia y supuesta corrupción” del Gobierno cubano y el “supuesto peligro de ‘crisis humanitaria’ como justificación de una intervención extranjera”.
El canciller recalcó que el arreciamiento de las políticas hostiles de EE.UU. hacia la isla representan “una agresión unilateral sin precedentes y sin justificación alguna”, al pretender sumar forzosamente a otros Estados a la agresión, mediante la amenaza de imponerles sanciones “secundarias”.
Asimismo, exigió a la comunidad internacional que se movilice para “impedir una catástrofe humanitaria que pueda imponerse, ya por la vía de las armas o por la vía del cerco energético y el endurecimiento extremo del bloqueo que también matan y provocan sufrimiento”.
“Pido a la América Latina y el Caribe que actúe para preservar su condición de Zona de Paz y evite consecuencias adversas que desestabilizarían la región”, exhortó.
Asimismo, refiriéndose a las acusaciones formuladas por Washington contra el líder histórico de la Revolución cubana, Raúl Castro, recordó que Estados Unidos está en una posición de “quebrantamiento” de la paz y la seguridad internacionales y “del Derecho Internacional Humanitario respecto a la República de Cuba”.
“Es una decisión políticamente motivada, fraudulenta y dirigida a engañar a los ciudadanos estadounidenses y extranjeros, 30 años después de los acontecimientos, con el vil propósito de que apoyen una aventura militar contra Cuba para conseguir un ‘cambio de régimen’ o una ‘construcción de nación’, como le llaman eufemísticamente ahora”, consideró.
A ese respecto, insistió en que “una agresión militar provocaría un baño de sangre”, pues “miles de cubanos” fallecerían “defendiendo la patria y valores y razones sagradas”, pero también “jóvenes estadounidenses, sin causa ni ideal que defender, arrastrados a la violencia por una política imperialista, neofascista; de dominación, saqueo y conquista”.
El canciller cubano reiteró que durante más de seis décadas, Washington ha fabricado pretextos para “intentar justificar su conducta criminal” y ha insistido en “presentar” a la isla como una “supuesta amenaza a la seguridad nacional de la superpotencia nuclear”, pese a que tal afirmación descansa en señalamientos “e insinuaciones totalmente mendaces”.
“Como ha reiterado el presidente Miguel Díaz-Canel, Cuba no es ni puede ser una amenaza. No es un enemigo de EE.UU. ni quiere serlo, pese a significativas diferencias con su Gobierno. Cuba tiene profundos y fraternos vínculos con el pueblo y la cultura estadounidenses”, apuntó.
Desde enero, la Administración Trump ha acumulado más de 240 sanciones contra Cuba y ha reforzado el embargo con nuevas medidas financieras, energéticas y comerciales. La Casa Blanca sostiene que Cuba representa una amenaza para la seguridad nacional estadounidense.
Cuba considera las medidas como un intento deliberado de provocar hambre, colapso económico y desesperación social. La Habana ha acusado a Washington de aplicar una política “genocida” contra la isla.
Entretanto, el presidente estadounidense, Donald Trump, firmó el 1 de mayo una orden ejecutiva para intensificar las sanciones contra la isla. Además, el inquilino de la Casa Blanca amagó con “tomar el control de Cuba” una vez que concluyan la guerra contra Irán.
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