• El presidente de EE.UU., Donald Trump, llega a un mitin de campaña en Toledo, Ohio, 9 de enero de 2020. (Foto: AFP)
Publicada: viernes, 10 de enero de 2020 16:28
Actualizada: sábado, 11 de enero de 2020 4:18

El asesinato de alto comandante iraní no tuvo un propósito estratégico ni un resultado beneficioso para EE.UU., afirma un experto.

El periódico South China Morning Post, en su versión de este viernes, ha publicado un artículo de Brian P. Klein, analista en asuntos regionales, sobre el asesinato del notable general iraní Qasem Soleimani por orden del presidente de EE.UU., Donald Trump, en Irak, y lo ha catalogado de un “error puramente estratégico”.

El autor del análisis asevera que la medida de Trump no contaba con ninguna estrategia, ya que él no tiene una política determinada respecto a la región del oeste de Asia.

Al respecto, explica las consecuencias que tuvo la acción irreflexiva del presidente de EE.UU.: El Parlamento iraquí pidió la retirada de las tropas estadounidenses, hizo aumentar la influencia de Irán en Irak, provocó el apoyo popular a Irán, los funcionarios estadounidenses hicieron cada vez más declaraciones contradictorias para encubrir su error, Irán lanzó ataques con misiles en represalia y aumentó el riesgo a un conflicto.

Esta actuación errónea de EE.UU. también ha suscitado discordias entre las autoridades estadounidenses, ha proseguido, enfatizando que “precisamente, estas acciones incorrectas son las que involucran a un país en un enfrentamiento militar”.

En otra parte de su análisis, Klein se mofa de que Trump se considere más listo que los generales del Ejército de EE.UU., pero no sabe, al parecer, que los poderíos naval y aéreo son limitados, y ha olvidado los desafíos y daños que Estados Unidos ha sufrido en Vietnam, Afganistán e Irak.

 

Anteriormente, el asesor del Líder iraní para Asuntos Internacionales, Ali Akbar Velayati, había advertido que la región del oeste de Asia se convertirá en “un pantano”, peor al que enfrentó Washington en Vietnam, si sigue con esta misma política e insiste en quedarse en la zona.

Tras el asesinato del comandante de la Fuerza Quds del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán, el teniente general Qasem Soleimani, y del subcomandante de las Unidades de Movilización Popular de Irak (Al-Hashad Al-Shabi, en árabe), Abu Mahdi al-Muhandis, y sus compañeros por EE.UU. en Bagdad, la capital iraquí, el Parlamento del país árabe aprobó una resolución pidiendo al Gobierno cancelar la solicitud de asistencia de EE.UU. y poner fin a la presencia de sus fuerzas.

Dicho asesinato fue, en realidad, la gota que colmó el vaso y aceleró el proceso de expulsión de las fuerzas estadounidenses de Irak, que había comenzado ya el 30 de diciembre de 2019, cuando EE.UU. bombardeó varias posiciones del Movimiento de Resistencia Islámica de Irak, conocido como Kataeb Hezbolá, que forma parte de las Al-Hashad Al-Shabi, en el distrito de Al-Qaim, en la provincia de Al-Anbar (oeste).

El Parlamento de Irán ha ratificado, a su vez, una ley que considera “terrorista” al Departamento estadounidense de Defensa (el Pentágono), a todas las Fuerzas Armadas estadounidenses y a cualquier persona o compañía implicada en el asesinato de Soleimani.

Además, ha solicitado al Gobierno iraní que dedique 200 millones de euros a la Fuerza Quds del CGRI a fin de reforzar sus capacidades.

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