• Continentes con Jorge Rachid y Gastón Vargas: La Industria del Cáncer
sábado, 9 de marzo de 2019 4:17

En el enfoque neoliberal de la medicina, el hallazgo de una cura contra el cáncer se traduciría en una resonante noticia en los medios.

El hallazgo de una cura contra el cáncer no produciría impacto en la práctica médica por ser el cáncer la fuente de un lucrativo y próspero negocio para las multinacionales médicas y farmacéuticas, y también para la academia y la investigación. ¿Quién va a estar interesado en que se le acabe el negocio?

La cura contra el cáncer significaría la eliminación de jugosos ingresos y beneficios para las entidades médicas, los productores de medicamentos de alto costo, de sofisticados equipos de diagnóstico y tratamiento, y para muchos «estudiosos» que dicen estar buscando una solución contra este mal.

Más de uno se quebraría o se quedaría sin empleo. Emporios de investigación en los Estados Unidos, Europa, Asia y América Latina tendrían que cerrar sus puertas. Y, ¿qué sería entonces de tantos investigadores que como apóstoles recorren el mundo difundiendo sus fallidos enfoques y llamando a más colaboración e integración con sus esfuerzos y a mayor compromiso de los Gobiernos con la financiación de sus aventuras investigativas? Y, ¿qué sería de sus familias, acostumbradas a altos estándares de vida a costa del cáncer?

Desde hace largo rato, las escuelas médicas distintas a la oficial han reconocido en el propio individuo la fuente de curación para más de un terrible mal, como el cáncer. El sistema inmunológico, bajo el comando de un cerebro y una mente sanos, constituye el principal arsenal para la defensa del individuo contra el cáncer.

Y es que, hablando en términos comprensibles, el sistema inmunológico dispone de linfocitos centinela que recorren continuamente, milímetro a milímetro, todos los rincones del cuerpo vigilando la posible invasión por cuerpos extraños. En el organismo humano se renuevan diariamente varios millardos de células, entre las cuales hay millones que salen con errores en el código genético y constituyen las células mutantes, origen de los tumores malignos. Los linfocitos centinela identifican a las células mutantes como organismos extraños al cuerpo por no poseer su mismo código genético, y envían mensajes de su presencia a los cuarteles centrales desde los cuales se despachan brigadas de «células asesinas» que se encargan de eliminar a las células mutantes como presunto invasor.

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