• Personal médico atiende a un paciente con COVID-19 en un hospital en Teherán, capital de Irán, 30 de marzo de 2020. (Foto: Reuters)
Publicada: viernes, 31 de julio de 2020 18:05

La política inhumana de sanciones de Estados Unidos extrema la lucha contra el nuevo coronavirus, causante de la enfermedad COVID-19, en Irán.

En el contexto de la pandemia del COVID-19, la política unilateral de máxima presión, que ejerce el Gobierno estadounidense, contra la República Islámica de Irán, provoca dificultades sanitarias y económicas, que afectan a la nación persa y que además podrían afectar negativamente a la región, obligando a las autoridades iraníes a extremar la lucha contra esta enfermedad.

El apoyo y la asistencia a Irán es un desafío global, que nos involucra como sociedades, en virtud de la ilegal presión ejercida por Estados Unidos contra su pueblo, usando argumentos falsos, sin sustento alguno ni en lo político ni en lo militar. Una presión indebida, que debe ser cuestionado en el campo de la ética, la decencia, el respeto de los derechos humanos, como también el derecho internacional. Una conducta que viola todo el marco legal e institucional, que nos hemos dado como países.

La política inhumana llevada a cabo por Estados Unidos contra la nación persa, ha sido cuestionada desde diversos ámbitos y personalidades. Causa una profunda preocupación, alarma, como también genera cuestionamientos a esta política sancionatoria, que no sólo se incrementa, sino que demás actúa impunemente y con la complicidad de países y organismos que no reaccionan de forma adecuada. Son millones los ciudadanos iraníes afectados por la política de negar el acceso a suministros médicos, fármacos, equipamiento médico, kits de detección del COVID-19 y otros insumos necesarios para combatir la enfermedad. Esto, claramente, es un atentado a los derechos humanos de todo un pueblo, en virtud de una política hostil llevada a cabo por una administración de gobierno extranjero, que en palabras del canciller iraní Mohamad Yavad Zarif “libra un terrorismo económico contra Irán y obstaculiza, a través de sus sanciones inhumanas, el suministro de medicamentos vitales para nuestra población, como por ejemplo, las víctimas de armas químicas y otros enfermos”.

El propio ex vicepresidente de Estados Unidos y actual candidato demócrata, Joe Biden pidió  a Donald Trump que alivie las sanciones contra Irán, en medio de la lucha contra el coronavirus. “En medio de esta pandemia mortal, que no respeta fronteras, nuestro país debería tomar medidas para ofrecer el alivio que pueda a las naciones afectadas por este virus, incluido Irán” Sin embargo, la Administración Trump ha hecho caso omiso de los llamados de la propia clase política de su país.

La mencionada estrategia, agresiva e ilegal de Estados Unidos contra la nación persa, pretende mostrar a esta nación de Asia Occidental como un país en el que no se puede confiar, deshonesto, a pesar del claro cumplimiento, por parte del Gobierno de Teherán, de todos sus compromisos internacionales. Esta postura de Washington, que además cumple un papel desestabilizador en la zona, es el que impide pensar y menos confiar, en el régimen estadounidense como un actor confiable, que sea capaz de desempeñar un papel de mediador, de instrumento estabilizador en Oriente Medio.

Mientras Estados Unidos apoya a regímenes que colonizan y ocupan territorios como Israel, que agreden a sus vecinos como Arabia saudí, que financian a grupos terroristas contra los gobiernos de Siria e Irak, al mismo tiempo intenta mostrar a Irán como responsable de un desequilibrio, que ha sido creado ex profeso por Washington y sus aliados. Un gobierno estadounidense que culpa y señala a Teherán, como generador de una conducta destinada a fortalecer su influencia política-militar en la región. Es la clásica política de desviar la atención, señalar a otros como violadores de las leyes internacionales cuando en verdad, el transgresor principalísimo, es justamente Washington. La realidad indica, que Irán y otros actores relevantes son los que han desarrollado una eficaz lucha contra el terrorismo internacional, así reconocido internacionalmente.

Las exigencias para que Washington cese su política de máxima presión contra Irán se acrecientan. En abril de este año 2020, un grupo de 24 ex diplomáticos de alto rango y representantes de carteras de defensa europeos, solicitaron a Trump, que aliviara las sanciones que dificultan la entrega de ayuda humanitaria a Irán en su lucha contra la pandemia. El Gobierno chino y sus aliados también levantaron su voz para exigir que Washington suspenda las sanciones, calificándolas de inhumanas, en un marco internacional de crisis, que al cierre de este artículo se ha cobrado la vida de 700 mil personas, con un total de 16.5 millones de personas infectadas. Y, donde el 25% de fallecidos y contagiados son estadounidenses.  

China considera inmoral que Estados Unidos mantenga sanciones unilaterales contra Irán en medio de la crisis por el COVID-19 y exigió levantarlas, para así garantizar el acceso de Teherán a productos necesarios, en el enfrentamiento sanitario. Geng Shuang, vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores de China denunció, que las medidas coercitivas de Washington obstaculizan los esfuerzos de esa nación por controlar la mortífera enfermedad y proteger la salud pública del pueblo. Una política estadounidense, que añade presión a la economía del país persa frena la llegada de ayuda internacional y que claramente va en contra del espíritu humanitario, en un período crítico como el que vivimos.

Francia, por su parte, presidida por el Gobierno de Emmanuel Macron, a pesar de las amenazas de Washington, sostuvo que está lista para continuar con la cooperación humanitaria con el Gobierno iraní, incluido el suministro de equipos médicos. La canciller alemana, Angela Merkel, ha sostenido que se opone a las sanciones extraterritoriales “y no sólo con respecto al tema del gasoducto Nordstream, sino también con respecto a Irán” haciendo referencia al retiro de Estados Unidos del llamado plan Integral de Acción Conjunta (JCPOA por sus siglas en inglés). Incluso, el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, que preside una entidad sujeta permanentemente a las presiones y chantajes de Washington, en un discurso dado a conocer el pasado mes de marzo pidió a los líderes del G20, que levanten las sanciones que se ejercen contra numerosos países, incluyendo en ellos a Irán, para así contrarrestar la pandemia del COVID-19 que no respeta fronteras, ni ideologías, ni gobiernos.

Por su parte, en el mismo mes de marzo, la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, hizo un llamado a “reevaluar urgentemente las sanciones impuestas contra países como Irán, que facilite la lucha contra el COVID-19 de tal forma de anular completa o parcialmente las sanciones económicas que dificultan una situación, que empeora en cuestión de minutos”. Un mes después, 32 senadores demócratas enviaron una carta con una petición similar a la del secretario general de la ONU, en esta ocasión dirigida al secretario de estado Mike Pompeo y al secretario del Tesoro de Estados Unidos Steven Mnuchin señalando “Si se permite que la crisis se vuelva más grave en Irán, podría amenazar de forma significativa no solo al pueblo persa, sino también a los ciudadanos estadounidenses y a todo el mundo”

La realidad de esas cartas, las declaraciones de líderes de opinión, políticos y en general los organismos internacionales abocados a la lucha contra la pandemia del COVID-19 muestran, en forma evidente, la necesidad que el régimen estadounidense tome una postura y una decisión madura en torno a terminar con todas las medidas restrictivas que atacan los derechos humanos en países sometidos a sanciones, en especial contra la República Islámica de Irán. La pandemia del COVID-19 no es el momento para resolver cuentas geopolíticas, que además no cuentan con justificación legal ni evidencian la toma decisiones que cuenten con pruebas verdaderas, para que se tengan que llevar estas políticas de máxima presión. Más bien demuestran la invención de una entidad, como la estadounidense, con objetivos de satisfacer su propias ambiciones hegemónicas y geopolíticas en Asia occidental.

La eliminación, por parte de Washington y de su administración de gobierno, de las bárbaras sanciones unilaterales ejercidas contra Irán son la única conducta éticamente correcta que se puede llevar a cabo y que servirá en el futuro para los intereses de salud y seguridad, no sólo de Estados Unidos, sino también de sus socios europeos y el conjunto de la humanidad. El camino de las sanciones, presiones, chantajes, expolio y embargo de bienes y activos entre otras medidas, sólo sirve para desarrollar políticas hostiles, que generan la profunda necesidad de terminar con un tipo de orden mundial, que sólo favorece las políticas imperiales de Estados Unidos, plagadas de belicismo.