La agencia de noticias Fars ha publicado este jueves un artículos sobre las declaraciones contradictorias del presidente estadounidense, Donald Trump. Ahora, intentamos discernir si responden a una estrategia de presión máxima, a un intento de desgaste psicológico o al objetivo geoestratégico concreto de convertir a Irán en Venezuela bajo control energético estadounidense.
La isla de Jark: el sueño petrolero de Trump
En este contexto, el medio refiere a una publicación de Trump en su cuenta de Truth Social, en la que afirmó que Estados Unidos “asestará duros golpes a Irán esta noche (de hoy jueves)” y que, en un futuro próximo, tomará el control de la isla de Jark, situada en el Golfo Pérsico y clave para la exportación petrolera iraní, así como otros puntos de infraestructura energética.
Según el mandatario, Washington obtendría así “el control total de los mercados de petróleo y gas de Irán”, replicando el modelo aplicado en Venezuela, una acción que —siempre según Trump— “ha tenido muy buenos resultados para ambos países”.
Horas antes, el mandatario republicano había ordenado un ataque contra Irán, en violación del alto el fuego. El ejército estadounidense bombardeó el martes por la noche objetivos entre los que se incluye una planta de agua potable en una aldea de Hormozgán. En respuesta, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) de Irán atacó con misiles y drones centros y bases militares estadounidenses en la región.
Negociar mientras se bombardea: la dualidad de Trump
Lo más llamativo de la estrategia comunicativa de Trump es su contradicción aparente. Inmediatamente después de publicar su mensaje belicoso, repitió las mismas afirmaciones en una entrevista con Fox News, pero al mismo tiempo aseguró que están negociando con Irán.
“No me desanimo por Irán. Este es un buen acuerdo y puede ser el mejor de la historia”. También dijo: “Los iraníes están negociando con nosotros para llegar a un acuerdo, pero debido a su arrogancia, les resulta difícil”.
Reiterando su sueño sobre la isla de Jark, agregó: “Preferiría tener el control de la isla de Jark” y enfatizó que “aún no hemos atacado lo suficiente a Irán”.
Continuando con su retórica Trump declaró más adelante: “El asunto de Irán está resuelto y podemos desplegar nuestras fuerzas mañana, ¡pero no quiero enviar fuerzas terrestres!”.
A la vez, Trump cambió de tono respecto al control de la isla iraní, diciendo: “Preferiría tomar la isla de Jark, ganaríamos mucho dinero, pero no estoy seguro de que Estados Unidos pueda permitírselo. Los estadounidenses querrían que nos fuéramos a casa”. Añadió: “Es un proceso más largo, pero si quiero hacerlo, está garantizado”.
Esta dualidad —amenaza de aniquilación militar mientras se ofrece un acuerdo— no es nueva en la política exterior de Trump. Forma parte de su teoría de la “negociación desde la fuerza máxima”, donde la presión militar y económica busca forzar a la otra parte a aceptar condiciones inaceptables en tiempos normales.
Menosprecio militar y propaganda
Trump también dedicó parte de sus declaraciones a minimizar las capacidades bélicas iraníes. “Irán es bueno en propaganda, pero no en combate”, afirmó y, sin que se pueda confirmar de forma independiente añadió: “Hemos destruido todos los radares y sistemas de defensa aérea de Irán, y la mayoría de sus misiles también han sido destruidos; estimamos que queda menos del 20 % de su capacidad misilística”.
Estas afirmaciones persiguen un doble objetivo; por un lado, desmoralizar al adversario y a su población, y por otro, proyectar una imagen de invencibilidad estadounidense ante la opinión pública interna e internacional.
La sombra del JCPOA y los ‘47 años de intimidación’
El inquilino de la Casa Blanca califica siempre que puede el acuerdo nuclear de 2015 (JCPOA) como “uno de los peores acuerdos que jamás haya visto”, reproduciendo su vieja crítica ya expresada durante su primer mandato. Al mismo tiempo, acusa a Irán de haberse vuelto “arrogante” y de haber estado “intimidando en Oriente Medio durante los últimos 47 años” —una referencia indirecta a los años de la Revolución Islámica, triunfante en 1979.
Conclusión: ¿presión, conquista o fachada electoral?
¿Qué busca realmente Trump con esta retórica? Existen tres posibles lecturas:
1. Presión máxima renovada: Forzar a Irán a renegociar el acuerdo nuclear desde una posición de debilidad absoluta, algo que ya intentó sin éxito en su primer mandato.
2. Control energético directo: La obsesiva mención a Jark y al modelo Venezuela sugiere que Trump baraja seriamente la opción de tomar control físico de infraestructuras petrolíferas iraníes, algo sin precedentes en la historia reciente de las guerras de Estados Unidos en la región de Asia Occidental.
3. Escenario electoral o de desgaste: Con una retórica de máxima beligerancia, pero dejando abierta la puerta a la negociación, Trump podría estar construyendo un relato de falso ‘triunfo inminente’, útil para su imagen interna, independientemente de que los hechos sobre el terreno contradigan sus afirmaciones.
Lo que queda claro es que, mientras Trump sueña con convertir a Irán en un nuevo Venezuela, el alto el fuego es papel mojado y las fuerzas iraníes mantienen a raya a las tropas agresoras con ataques contundentes contra objetivos estadounidenses en la región.
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