Publicada: domingo, 26 de julio de 2026 22:34

Ataque del CGRI de Irán contra la base Rey Faisal en Jordania deja un rastro de destrucción y expone las grietas de la arquitectura militar de Estados Unidos.

Por: Yousef Ramazani

Los ataques de precisión del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) contra la base aérea Rey Faisal y la base aérea Príncipe Hasan, en Jordania, el 22 de julio, marcaron otro punto de inflexión en el marco de la agresión en curso de Estados Unidos contra Irán, al destruir de forma sistemática drones estadounidenses MQ-9 de última generación, helicópteros pesados e infraestructura de apoyo, en una operación que puso de manifiesto la vulnerabilidad de la arquitectura militar regional de Washington.

Como parte de la vigésima quinta oleada de la Operación Nasr-2, dirigida contra las bases aéreas Rey Faisal y Príncipe Hasan, el CGRI lanzó una serie de devastadores ataques coordinados en respuesta a la continuidad de las agresiones militares estadounidenses contra el territorio iraní.

Según el Comunicado N.º 42 del CGRI, los valientes combatientes de la Fuerza Aeroespacial, actuando bajo el bendito código “Oh, Hasan ibn Ali” y dedicando la operación a los mártires de la escuela Shayare Tayebe de Minab, ejecutaron una ofensiva en varias fases que infligió cuantiosos daños a las fuerzas estadounidenses desplegadas en estas instalaciones estratégicas.

La primera fase tuvo como objetivo un hangar de preparación de cazas F-15. Posteriormente, los ataques alcanzaron un hangar de preparación de drones que albergaba ocho MQ-9 nuevos y reacondicionados, aún embalados, destruyéndolos por completo y causando además graves daños a otros dos aparatos que se encontraban al aire libre.

También fue alcanzado un hangar de almacenamiento de helicópteros, lo que ocasionó daños de consideración a dos helicópteros pesados estadounidenses. Asimismo, un ataque directo contra un centro de alojamiento del personal militar estadounidense dejó varios efectivos muertos y heridos.

El CGRI subrayó que la operación para castigar al agresor continúa y advirtió que, si persiste la agresión, las Fuerzas Armadas iraníes prepararán una “operación que hará arrepentirse” al agresor, seguida de una declaración de duelo público en Estados Unidos.

Génesis del ataque: represalia por la continuidad de la agresión

Los ataques iraníes contra la base aérea Rey Faisal no fueron un hecho aislado, sino una respuesta calculada a la incesante agresión estadounidense-israelí, principalmente contra el sur de Irán, que ha continuado pese a la firma de un memorando de alto el fuego.

El comunicado del CGRI señaló expresamente que el “ejército estadounidense asesino de niños" no había abandonado su naturaleza agresiva y había reanudado sus ataques aéreos y con misiles contra centros militares y civiles iraníes, incluido el martirio de escolares en el sur del país.

El mensaje estratégico implícito en la operación fue inequívoco: Estados Unidos no puede violar los acuerdos, reanudar la agresión cuando le convenga y luego negociar un alto el fuego, perpetuando un ciclo de guerra, negociaciones y nueva guerra que mantiene permanentemente la sombra del conflicto sobre el pueblo iraní.

El CGRI advirtió que, si el agresor no es castigado y no paga un alto precio por quebrantar sus compromisos y violar los acuerdos, el ciclo de guerra, negociaciones y guerra continuará indefinidamente.

Imagen satelital de la base aérea Rey Faisal correspondiente a 2016.

 

Base aérea Rey Faisal: un activo estratégico dentro de la red militar estadounidense

La base aérea Rey Faisal, situada en el sur de Jordania, constituye un componente esencial de la arquitectura militar estadounidense en Asia Occidental, aunque ha recibido mucha menos atención mediática que instalaciones como Muwaffaq Salti o Príncipe Hasan.

Ubicada en la región de Al-Yafr, en la gobernación de Ma’an, la base fue establecida a mediados de la década de 1970 y entró en servicio operativo a comienzos de los años ochenta, concebida para servir como una plataforma capaz de recibir cazas, aeronaves de transporte y aviones de apoyo.

Su emplazamiento en una de las zonas menos pobladas de Jordania, alejada de los principales centros urbanos e industriales, le proporciona importantes ventajas estratégicas, entre ellas una menor vulnerabilidad frente a amenazas de corto alcance y la posibilidad de realizar vuelos de entrenamiento y misiones conjuntas con socios extranjeros sin las limitaciones impuestas por la proximidad de áreas densamente pobladas.

La instalación cuenta con una pista asfaltada de aproximadamente 3600 metros de longitud, calles de rodaje, plataformas de estacionamiento, hangares, refugios reforzados para aeronaves, instalaciones de abastecimiento de combustible, depósitos logísticos, centros de mantenimiento, sistemas de navegación aérea y comunicaciones, así como edificios de mando y control.

La pista puede operar una amplia gama de aeronaves militares, desde cazas F-16 Fighting Falcon hasta aviones de transporte táctico C-130 Hercules, aeronaves cisterna KC-135 Stratotanker y transportes estratégicos C-17 Globemaster III.

Esta capacidad ha permitido que la base Rey Faisal acoja aeronaves de países socios durante ejercicios conjuntos y programas de cooperación militar, convirtiéndola en un centro de apoyo fundamental para la Real Fuerza Aérea Jordana y en un nodo clave dentro de la red operativa del Comando Central de Estados Unidos (Centcom).

Asociación militar jordano-estadounidense: un vínculo que trasciende el entrenamiento

La cooperación militar entre Jordania y Estados Unidos acumula más de siete décadas de historia y se ha consolidado como una de las relaciones militares más duraderas de Washington en Asia Occidental desde la década de 1950.

Esta cooperación adquirió una dimensión mucho mayor tras la Guerra del Golfo Pérsico, los atentados del 11 de septiembre y la ocupación militar estadounidense de Afganistán e Irak.

La Real Fuerza Aérea Jordana ha sido uno de los principales pilares de esta colaboración, mediante la transferencia y el apoyo a cazas F-16, la formación de pilotos, el desarrollo de sistemas de mando y control, el fortalecimiento de las comunicaciones militares y la realización de maniobras conjuntas.

El Comando Central de Estados Unidos considera a Jordania uno de sus socios militares más importantes en la región, y el país ha acogido numerosos ejercicios conjuntos y programas de entrenamiento durante los últimos años.

El ejercicio Eager Lion constituye uno de los ejemplos más representativos de esta cooperación, al incluir operaciones aéreas conjuntas, defensa antiaérea, operaciones especiales, apoyo logístico y sistemas de mando y control.

Aunque esta cooperación no implica que las bases jordanas se hayan convertido plenamente en bases estadounidenses, sí ha dado lugar a una red de entrenamiento, acceso, cooperación operativa e interoperabilidad que convierte la infraestructura aérea jordana en un elemento relevante dentro de los cálculos operativos del Centcom.

En el marco de conceptos como el Empleo Ágil de Combate (ACE, por sus siglas en inglés), que busca aumentar la supervivencia de las fuerzas aéreas mediante su dispersión en múltiples bases y la reducción de la dependencia de instalaciones fijas, la base aérea Rey Faisal ha adquirido una importancia creciente como instalación asociada capaz de recibir rápidamente fuerzas, equipos y aeronaves adicionales cuando las circunstancias lo requieren.

Imagen satelital de la base aérea Rey Faisal del 13 de julio de 2026, en la que se observan seis aeronaves C-130 en el ala izquierda y otras cinco aeronaves no identificadas en los extremos de la base.

 

Objetivos del ataque: drones MQ-9, instalaciones de apoyo para F-15 y helicópteros estadounidenses

Los ataques iraníes tuvieron como blanco específico los activos militares estadounidenses más avanzados y valiosos desplegados en la base aérea Rey Faisal, poniendo de manifiesto sofisticadas capacidades de inteligencia y de ataque de precisión.

El comunicado del CGRI detalló la destrucción de ocho drones MQ-9 nuevos y reacondicionados, que aún permanecían embalados antes de ser preparados para su despliegue, además de otros dos drones que se encontraban al aire libre.

El MQ-9 constituye uno de los sistemas aéreos no tripulados más avanzados del arsenal estadounidense, capaz de ejecutar misiones de inteligencia, vigilancia, reconocimiento y ataque a grandes distancias.

La destrucción de diez aparatos de este tipo en un solo ataque supone un importante deterioro de las capacidades estadounidenses de reconocimiento y ataque en la región.

Asimismo, fue alcanzado un hangar de preparación de cazas F-15, lo que constituyó un ataque directo contra la infraestructura de apoyo a la aviación de combate estadounidense.

El F-15 sigue siendo una de las principales plataformas de superioridad aérea del inventario militar de Estados Unidos, y la destrucción de sus instalaciones de preparación complicaría considerablemente el mantenimiento y la disponibilidad operativa de estas aeronaves.

El posterior ataque contra el hangar de almacenamiento de helicópteros causó graves daños a dos helicópteros pesados estadounidenses, degradando aún más las capacidades de ala rotatoria disponibles para las fuerzas norteamericanas en la región.

La combinación de estos ataques apunta a un plan operativo integral concebido para neutralizar de manera sistemática los activos del poder aéreo estadounidense en múltiples plataformas.

Coste humano: bajas estadounidenses en Rey Faisal

El comunicado del CGRI confirmó expresamente que el ataque contra un centro de alojamiento de las fuerzas agresoras provocó la muerte y heridas a varios militares estadounidenses.

Aunque los medios occidentales han ofrecido escasos detalles sobre el número exacto de víctimas, análisis independientes de inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) e imágenes satelitales respaldan la conclusión de que se registraron pérdidas significativas.

Las imágenes satelitales difundidas por medios iraníes y analizadas por observadores independientes muestran daños considerables en diversos puntos de la extensa base, incluida una instalación de nueva construcción cuya edificación comenzó apenas en mayo de 2026, en plena agresión militar.

El hecho de que se levantaran nuevas instalaciones de alojamiento durante la guerra contra la República Islámica sugiere que las fuerzas estadounidenses estaban reforzando su presencia en la base, haciéndolas más vulnerables a los posteriores ataques iraníes.

La confirmación de bajas en la base aérea Rey Faisal sigue el patrón observado en anteriores ataques iraníes en Jordania, donde también se documentaron víctimas estadounidenses en la base aérea Muwaffaq Salti y en otras instalaciones.

La referencia explícita del CGRI a personal muerto y herido supone un cambio significativo respecto a anteriores comunicados operativos y refleja la determinación de imponer un elevado coste a las fuerzas estadounidenses por la continuidad de su agresión contra Irán.

La advertencia de que, si estas respuestas no resultan suficientes, Irán preparará una “operación que hará arrepentirse” al enemigo agresor, que será seguida por una declaración de duelo público en Estados Unidos pone de relieve la gravedad de la situación y el potencial de una mayor escalada.

Imágenes satelitales de antes y después del ataque iraní del 22 de julio.

 

Análisis de imágenes satelitales: confirmación de los daños

Analistas independientes especializados en inteligencia de fuentes abiertas (OSINT) examinaron imágenes satelitales de la base aérea Rey Faisal tras los ataques iraníes, revelando daños significativos que corroboran las declaraciones oficiales de Irán.

Las imágenes del 22 de julio de 2026, captadas por los satélites Sentinel-2, muestran columnas de humo elevándose desde la base apenas unas horas después del ataque iraní, confirmando que múltiples estructuras fueron alcanzadas y que los incendios continuaban activos.

Las densas columnas de humo, visibles incluso varias horas después del ataque, apuntan a incendios prolongados provocados por explosiones de combustible o municiones, lo que indica que los equipos de emergencia tuvieron dificultades para controlar las llamas y que los daños fueron de gran magnitud.

Las imágenes de alta resolución difundidas por medios iraníes, presuntamente obtenidas por satélites chinos, muestran daños detallados en el depósito de municiones de la base aérea Rey Faisal, con colapsos estructurales y evidentes marcas de combustión.

El patrón de impacto es coherente con ataques mediante misiles guiados de precisión, y no con bombardeos de área, concentrándose los daños sobre objetivos concretos de alto valor estratégico.

Las imágenes de vídeo del momento del impacto muestran el lanzamiento infructuoso de interceptores de defensa antiaérea, seguido de una explosión secundaria en el último fotograma, lo que sugiere la presencia de un avión de combate u otro material explosivo en el punto de impacto.

El hangar de aeronaves envuelto en llamas, captado aproximadamente treinta minutos después del impacto directo, aporta más pruebas de la magnitud de los daños infligidos a los activos estadounidenses desplegados en la base.

El análisis satelital revela que los daños se extienden a tres ubicaciones distintas dentro de la base, incluida la instalación de nueva construcción levantada apenas unos meses antes del ataque.

El hecho de que esta instalación, construida durante la guerra en curso, fuera uno de los objetivos demuestra la calidad de la inteligencia iraní y la determinación de atacar posiciones estadounidenses independientemente del momento en que hayan sido establecidas.

Los daños observados en el hangar de preparación de F-15, el hangar de preparación de drones y el hangar de almacenamiento de helicópteros coinciden con las afirmaciones del CGRI, mientras que los daños en el depósito de municiones sugieren que el ataque pudo generar efectos secundarios más allá de sus objetivos principales.

Contexto más amplio: campaña sistemática contra el poder aéreo estadounidense

El ataque contra la base aérea Rey Faisal constituye la fase más reciente de una campaña iraní sistemática de represalias contra el poder aéreo estadounidense en Asia Occidental, tras los ataques previos contra la base aérea Muwaffaq Salti, la base aérea Ali al-Salem, en Kuwait, y otras instalaciones militares.

Esta campaña ha tenido como objetivo todo el espectro de la aviación militar estadounidense —desde cazas y drones hasta helicópteros e infraestructura de apoyo— con el propósito de degradar la eficacia operativa de las fuerzas estadounidenses e imponer costes insostenibles a los agresores.

El comunicado del CGRI subraya que la operación para castigar al agresor continúa, lo que sugiere que los ataques contra la base aérea Rey Faisal forman parte de un patrón más amplio de represalias y no de un incidente aislado.

El Cuerpo ha dejado claro que, si estas respuestas no bastan para disuadir nuevas agresiones, Irán está preparado para ejecutar una “operación que hará arrepentirse” al agresor, que tendría consecuencias catastróficas para Estados Unidos.

Esta amenaza refleja una doctrina estratégica orientada a establecer la disuasión mediante la imposición de costes inaceptables, garantizando que el agresor no pueda reanudar la guerra cuando lo desee ni ponerle fin únicamente cuando se vea presionado.

El ataque contra la base aérea Rey Faisal también entraña importantes implicaciones políticas para Jordania, país que ha tratado de mantener un delicado equilibrio entre su cooperación en materia de seguridad con Washington y sus relaciones con Irán y el Eje de la Resistencia.

Los ataques iraníes demuestran que el territorio jordano que alberga fuerzas estadounidenses no es inmune a represalias, lo que podría influir en los cálculos de Ammán respecto al alcance de su cooperación militar con Estados Unidos.

Al atacar explícitamente una base que Jordania considera parte de su soberanía nacional, el CGRI envía un mensaje inequívoco: los países que alberguen fuerzas estadounidenses deberán asumir las consecuencias de su cooperación con la agresión estadounidense-israelí.

Imágenes satelitales de un hangar en llamas en la base, aproximadamente media hora después del ataque iraní.

 

Consecuencias operativas: degradación de las capacidades estadounidenses

La destrucción de al menos diez drones MQ-9, dos helicópteros pesados y los daños ocasionados a las instalaciones de apoyo de los F-15 en la base aérea Rey Faisal representan un deterioro significativo de las capacidades militares estadounidenses en la región.

Los drones MQ-9 constituyen activos especialmente valiosos, ya que proporcionan capacidades persistentes de vigilancia y ataque difíciles de reemplazar en un corto plazo.

El hecho de que ocho de estos drones fueran destruidos antes incluso de ser preparados para entrar en servicio sugiere que Irán eligió deliberadamente el momento de máxima vulnerabilidad, atacándolos mientras aún permanecían embalados y sin posibilidad de ser dispersados o puestos en funcionamiento.

La pérdida de helicópteros pesados degrada aún más la movilidad y las capacidades logísticas estadounidenses, complicando el traslado de personal y equipos en toda la región.

Los daños sufridos por el hangar de preparación de los F-15 afectan a la disponibilidad operativa de una de las principales plataformas de combate del inventario estadounidense, reduciendo su capacidad tanto para llevar a cabo operaciones ofensivas contra Irán como para defender las instalaciones militares estadounidenses en la región.

El efecto acumulativo de estas pérdidas, sumado a las bajas sufridas por el personal estadounidense, impone un coste considerable a la agresión estadounidense-israelí, difícilmente asumible sin consecuencias.

La advertencia del CGRI de que la agresión debe cesar o enfrentarse a una “operación que hará arrepentirse” al enemigo sugiere que esos costes seguirán aumentando si Washington persiste en su agresión militar contra Irán.

Los ataques iraníes contra las bases aéreas Rey Faisal y Príncipe Hasan representan una escalada decisiva en el marco de la agresión estadounidense-israelí contra Irán, al demostrar la capacidad de la República Islámica para golpear con precisión y efectos devastadores activos estadounidenses de alto valor estratégico en toda la región.

El ataque sistemático contra drones avanzados, helicópteros pesados e infraestructura de apoyo para aeronaves de combate revela un profundo conocimiento de las vulnerabilidades del poder militar estadounidense y una firme determinación de explotarlas.

La confirmación de bajas estadounidenses, los persistentes incendios visibles en las imágenes satelitales y la destrucción de instalaciones de reciente construcción apuntan a una operación exitosa que ha alterado sustancialmente el cálculo estratégico en la región.

Como ha advertido el CGRI, la operación para castigar al agresor continúa, y el ejército estadounidense debe comprender que el precio de mantener su agresión no hará sino aumentar.


Texto recogido de un artículo publicado en Press TV