Publicada: miércoles, 9 de septiembre de 2026 16:06

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, Mohsen Rezai, concedió una entrevista especial a la televisión pública en la que explicó la nueva estrategia adoptada por la República Islámica durante la actual fase del conflicto con Estados Unidos.

Por Xavier Villar

En estos momentos, en medio de la llamada guerra económica contra Irán, el precio del barril de Brent supera ya los 99 dólares por barril por primera vez desde el 24 de julio, lo que, según todos los expertos económicos, entre ellos Paul Krugman, implica que la inflación en los Estados Unidos está aumentando con fuerza. A esto hay que añadir el actual enfrentamiento entre Yemen y Arabia Saudí, que supone un conflicto por la arquitectura de seguridad del estrecho de Bab el-Mandab y que añade una mayor presión, principalmente económica, sobre lo que queda de la estrategia geopolítica estadounidense en la región. Ansarolá, al igual que Irán con su control del estrecho de Ormuz, parece considerar que ya no hay vuelta atrás al statu quo anterior a la escalada. Su objetivo no es simplemente sobrevivir a la actual campaña de presión, sino obligar a Arabia Saudí a ceder y levantar las restricciones impuestas sobre el movimiento yemení.

A este respecto, Rezai subrayó que el estrecho de Ormuz está actualmente “completamente cerrado” y que la afirmación de Estados Unidos de que permanece abierto es “falsa” y una “mentira” absoluta. Los datos analizados por la empresa Kpler, la compañía que se ha convertido en una referencia global en inteligencia de materias primas, señalan que el número de tránsitos de buques por el estrecho de Ormuz la semana pasada se situó en 77, mientras que los viajes de buques de carga alcanzaron los 33, lo que supone un descenso del 28 % respecto a la semana anterior. Al mismo tiempo, ha aumentado el uso de las rutas gestionadas por Irán, lo que podría constituir otro indicio del predominio de la Armada iraní sobre la zona. Este control pone en duda las informaciones estadounidenses sobre las limitaciones operativas y el deterioro de las capacidades iraníes de vigilancia y adquisición de objetivos.

El secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional anunció asimismo la declaración de una nueva “zona prohibida” fuera del estrecho de Ormuz, que abarcaría desde la zona del bloqueo estadounidense hasta el estrecho de Ormuz y el interior del golfo Pérsico. Subrayó que cualquier buque que navegue en esta zona infringiendo las normas o cometa alguna violación será incluido en una lista de sanciones y tendrá problemas con sus seguros. Esta medida podría traducirse en prohibiciones, confiscaciones o ataques selectivos dentro del marco ya establecido por la “Autoridad del Estrecho del Golfo Pérsico”. En cualquier caso, Irán está tratando de aumentar los costes para aquellos buques que dependen de Estados Unidos para transitar por el estrecho.

En este sentido, dijo que “los expertos en logística marítima consideran que el impacto de esta medida, en algunos aspectos, va más allá del lanzamiento de misiles. Al incluir a los barcos en una lista de sanciones, en la práctica se les impedirá atravesar el estrecho de Ormuz”. Añadió que esta zona prohibida ha sido definida para un periodo determinado y demuestra el cambio de enfoque de Irán tras la retirada de Estados Unidos de los acuerdos anteriores.

Rezai continuó explicando la nueva estrategia de Teherán para romper el bloqueo marítimo y anunció que en las últimas 48 horas se había realizado una importante prueba de misiles contra un buque de guerra estadounidense, la cual calificó como un punto de inflexión en la evolución de la guerra y en la demostración de la vulnerabilidad del cerco naval.

También afirmó que, por primera vez desde la guerra entre Irán e Irak, se había probado en la región un misil balístico especial contra un buque estadounidense. Según explicó, la acción provocó una fuerte reacción y ni siquiera las autoridades de Washington pudieron negar que hubiera ocurrido.

Teherán está utilizando una acción militar limitada para hacer creíbles sus líneas rojas. Estados Unidos, a su vez, está respondiendo atacando a petroleros iraníes. Ambas partes están tratando ahora de establecer, mediante el uso de la fuerza, los límites de lo que consideran una confrontación o escalada aceptable.

Quizá lo más significativo sea que Rezai sugirió que la anterior “contención” de Irán respecto a las bajas estadounidenses ha cambiado. Afirmó que Teherán había identificado en el pasado objetivos concretos en Jordania y Erbil, pero que deliberadamente había evitado atacarlos. Según él, ese cálculo ya no se aplica.

En respuesta a una pregunta sobre el bloqueo económico estadounidense, consideró que estas medidas destinadas a sancionar a los buques constituyen un paso más allá del ámbito de las operaciones militares, ya que ejercen una presión mayor sobre Washington y, sin duda, repercutirán en el precio del petróleo y en el aumento de los costes para la otra parte.

Al mismo tiempo, rechazó las afirmaciones de que el bloqueo económico provocará una hambruna en Irán y afirmó que el Gobierno ha previsto reservas suficientes de alimentos y bienes básicos. En cuanto a las exportaciones de petróleo, el secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional declaró que, aprovechando las oportunidades existentes, Irán vende diariamente entre uno y 1,5 millones de barriles de petróleo y que el dinero regresa al país. Como ejemplo, señaló que durante la primera semana posterior a los acuerdos se enviaron entre 70 y 80 millones de barriles procedentes de las reservas almacenadas en buques hacia sus destinos de venta.

En el frente interno, Rezai afirmó que Teherán espera que Estados Unidos e Israel intenten combinar una nueva oleada de disturbios internos con otra ronda de ataques militares. Esto parece constituir ahora una preocupación central dentro del aparato de seguridad iraní: que la presión económica, las operaciones de información, los disturbios armados y los ataques externos puedan converger.

Los recientes informes sobre incautaciones de armas y enfrentamientos con redes armadas en Kurdistán y Sistán y Baluchistán también deberían entenderse en este contexto. En los últimos días, las autoridades iraníes han informado de operaciones contra células armadas y de la incautación de importantes cantidades de armas en Sistán y Baluchistán.

Finalmente, en lo que respecta a Líbano, Rezai reconoció los avances israelíes y anticipó una futura respuesta libanesa. Todo indica que la visión iraní sobre el país continúa siendo la recogida en el Memorandum de Entendimiento, en el que se exigía el alto el fuego en Líbano como una de las condiciones indispensables para la tregua.

Es cierto que en la situación actual Teherán parece estar centrado en mantener la presión sobre Estados Unidos, sin que esto impida seguir apoyando al Líbano.