A pesar de su propio sufrimiento Al-Saidni se dedica a cuidar a los heridos, sobre todo los niños en Gaza, convirtiéndose en un símbolo de esperanza y resiliencia. Su compromiso inquebrantable resalta la importancia del trabajo médico en tiempos de crisis, donde cada vida cuenta y cada gesto de compasión hace la diferencia.
“Me hirió la metralla y, como soy diabético, la cosa empeoró y tuvieron que amputarme la pierna”, explica Al-Saidani a la AFP entre dos consultas.
Ha añadido que resultó herido en la pierna derecha tras un bombardeo israelí en su casa el año pasado, y ha explicado que caminar con una prótesis es agotador. “Pero al menos puedo moverme y caminar”, ha afirmado.
Con el estetoscopio colgado del cuello, el doctor Al-Saidani examina cuidadosamente a sus jóvenes pacientes, brindándoles calurosas sonrisas y apretones de manos.
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