• Tulsi Gabbard habla durante una rueda de prensa en la Casa Blanca, 23 de julio de 2025. (Foto: Getty Images)
Publicada: viernes, 22 de mayo de 2026 21:27

La jefa de Inteligencia Nacional de EE.UU. dimite en medio de una intensa presión por parte de la administración de Trump tras su oposición a la guerra contra Irán.

Tulsi Gabbard, quien dirigía la vasta comunidad de inteligencia estadounidense y coordinaba las operaciones de espionaje en las múltiples agencias de espionaje de Estados Unidos, ha citado oficialmente la grave enfermedad de su esposo como la razón para renunciar.

En una carta de renuncia publicada en X este viernes, ha anunciado que a Abraham Williams le han diagnosticado “una forma extremadamente rara de cáncer de hueso”.

“En este momento, debo apartarme del servicio público para estar a su lado y apoyarlo plenamente en esta batalla”, ha escrito Gabbard.

Sin embargo, varias fuentes familiarizadas con el asunto han confirmado a Reuters que el verdadero detonante de su dimisión fue la creciente presión de la Casa Blanca después de que Gabbard expresara repetidamente sus fuertes objeciones a la injustificada decisión estadounidense-israelí de lanzar una guerra contra Irán en ausencia de cualquier “amenaza inminente” para la seguridad estadounidense.

Según el diario británico The Guardian, el presidente de EE.UU., Donald Trump, consultó con sus asesores sobre la posibilidad de reemplazar a Gabbard después de que esta se negara a denunciar a su adjunto, Joe Kent, quien renunció por discrepar sobre la guerra de Estados Unidos contra Irán.

 

Su renuncia como directora de inteligencia nacional se hará efectiva el 30 de junio. Trump anunció que un adjunto, Aaron Lukas, asumiría el cargo de jefe de inteligencia del país.

Gabbard, veterana militar que se opuso firmemente a la guerra durante su etapa en el Congreso como exrepresentante demócrata de Hawái y criticó abiertamente las acciones militares de Trump en Irán durante su primer mandato, fue objeto de un intenso escrutinio en sus recientes comparecencias en el Capitolio por la guerra que la administración libra actualmente contra Irán.

La directora de Inteligencia Nacional es la cuarta mujer con un cargo ministerial que abandona la administración de Trump en los últimos tres meses, tras las anteriores salidas de la secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, la fiscal general, Pam Bondi, y la secretaria de Trabajo, Lori Chavez-DeRemer.

En medio de crecientes críticas a la guerra con Irán, el secretario de Guerra de EE.UU., Pete Hegseth, también destituyó al jefe del Estado Mayor del Ejército de EE.UU., el general Randy George, y a varios otros oficiales durante las últimas semanas.

El 22 de abril, el secretario de la Marina de EE.UU., John C. Phelan, también fue destituido en una ola de cambios en la cúpula militar tras los fracasos en la guerra con Irán. Según una fuente cercana al asunto, el secretario de la Marina estadounidense fue destituido por Hegseth.

Estados Unidos y el régimen israelí han librado una guerra de agresión ilegal contra la República Islámica de Irán desde el 28 de febrero.

La ofensiva militar no provocada ha desatado una condena internacional generalizada, ha disparado los precios mundiales de la energía y los alimentos, y ha infligido graves perjuicios económicos a los ciudadanos estadounidenses de a pie.

La dimisión de Gabbard pone de manifiesto las profundas divisiones y la creciente inquietud dentro de la administración Trump por la guerra ilegal y costosa contra Irán.

Su supuesta resistencia deja claro la grave preocupación que existe en los círculos de inteligencia estadounidenses sobre la falta de justificación legítima para la agresión y el riesgo de que esta se convierta en una catástrofe regional de mayor envergadura.

La guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán ya ha ejercido una enorme presión sobre los recursos militares y la economía de Washington, alimentando la inflación, el aumento del precio del combustible y la creciente indignación pública en todo Estados Unidos.

Muchos observadores consideran que la agitación interna en el gabinete de Trump es una prueba más del alto precio que Estados Unidos sigue pagando por su guerra ilegal contra Irán.

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