En la ceremonia realizada el 22 de enero en paralelo al Foro Económico Mundial en Davos, Suiza, Trump y un pequeño número de 19 países firmaron el estatuto de su “Junta de la Paz”.
Los principales aliados occidentales decidieron no asistir a la ceremonia de firma en el marco del Foro Económico Mundial en Davos, y algunos expresaron su preocupación de que el organismo, que Trump planea presidir personalmente, podría reemplazar a las Naciones Unidas.
Ante la ausencia de muchos aliados, Trump estuvo flanqueado en el evento por líderes y representantes de Argentina, Turquía, Hungría, Bulgaria, Baréin, Kazajistán, Kosovo, Catar, Armenia, Azerbaiyán, Marruecos, Paraguay, Pakistán, Indonesia, Arabia Saudí, Jordania, Emiratos árabes Unidos, Uzbekistán y Mongolia.
El régimen de Israel también aceptó integrarse a la junta, sin embargo el primer ministro Benjamín Netanyahu, quien tiene una orden de arresto emitida por la Corte Penal Internacional (CPI), no asistió a la cumbre de Davos.
¿Qué es la Junta de la Paz?
Trump había propuesto inicialmente la Junta de Paz como parte de una segunda fase del plan de alto del fuego de 20 puntos en Gaza negociado por Estados Unidos en septiembre, pero desde entonces se ha transformado en algo con un mandato mucho más amplio.
En noviembre, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó una Junta de Paz como parte de un plan más amplio que incluía el establecimiento de una fuerza de seguridad en Gaza.
La junta fue concebida originalmente como un organismo limitado encargado de supervisar la reconstrucción de Gaza, devastada por la guerra de dos años lanzada por Israel. Sin embargo, su propósito se ha expandido para abordar conflictos en todo el mundo, y el borrador de la carta ni siquiera menciona Gaza.
El borrador de la carta constitutiva describe a la Junta de Paz como una “organización internacional” que promueve la estabilidad, la paz y la gobernanza “en zonas afectadas o amenazadas por conflictos”.
Los Estados miembros tendrán mandatos de tres años, a menos que paguen 1000 millones de dólares cada uno para financiar las actividades de la junta y obtener la membresía permanente.
Según el estatuto, Trump servirá como presidente indefinido de la junta, y posiblemente ocupará el cargo más allá de su segundo mandato.
¿Cuales son los objetivos establecidos?
El objetivo principal de la Junta de Paz es supervisar la reconstrucción de Gaza, desde la administración y los servicios hasta las inversiones y los flujos de capital. Si bien la junta se concibió originalmente para supervisar la reconstrucción de Gaza, su estatuto no parece limitar su función a la Franja de Gaza; también busca resolver conflictos a nivel mundial.
Debajo del presidente se establece una “Junta Ejecutiva fundadora” encargada de “promulgar nuevas leyes o modificar o derogar las existentes”, tanto en materia civil como penal, reconfigurando por completo el marco jurídico de Gaza.
Entre los nueve miembros designados para la Junta Ejecutiva figuran; el secretario de Estado de EE.UU. Marco Rubio, el enviado especial de Trump para Asia Occidental Steve Witkoff, el exprimer ministro británico Tony Blair, el yerno del mandatario estadounidense Jared Kushner, el empresario Mark Rowan, el asesor de Seguridad Nacional adjunto Robert Gabriel.
En el nivel inferior de la estructura se sitúa el Comité Nacional para la Administración de Gaza (NCAG), integrado por palestinos sin capacidad de decisión, limitado a funciones técnicas bajo supervisión directa internacional.
Por otra parte, el liderazgo formal del Comité Ejecutivo de Gaza recaería en Ali Shaath, exfuncionario de la Autoridad Palestina. El Comité Ejecutivo de Gaza (presidido por Ali Shaath) supervisa todo el trabajo de campo del Comité Nacional para la Administración de Gaza, un comité de tecnócratas que gestiona el gobierno interino y los esfuerzos de reconstrucción en el sector.
¿Qué críticas se le han hecho?
Concentración de poder
La presidencia ilimitada de Trump y la presencia de figuras cercanas a él han planteado serias dudas sobre la independencia y la rendición de cuentas de la junta.
Según los medios, la junta otorgaría amplia autoridad al presidente de EE.UU. para determinar todos los aspectos de la gobernanza y el futuro de Gaza.
Debilitamiento de la ONU
Los críticos temen que Trump esté buscando crear una alternativa o rival a las Naciones Unidas, a las que ha criticado frecuentemente.
El documento de ocho páginas de la Junta de Paz se refería a “enfoques e instituciones que han fracasado repetidamente”, en una clara referencia a las Naciones Unidas, y pedía “coraje” para “alejarse” de ellas, subrayando la “necesidad de una organización internacional de paz más flexible y eficaz”.
La administración Trump había recortado la financiación estadounidense a las Naciones Unidas, mientras que los vetos estadounidenses impedían al Consejo de Seguridad de la ONU (CSNU) tomar medidas para poner fin a la guerra en Gaza.
En el contexto de la objeción, el borrador de la carta de la Junta de Paz indica que el propio Trump tendría control sobre los fondos, algo que la mayoría de los potenciales Estados miembros probablemente no aceptarían, según Bloomberg, citando fuentes que hablaron bajo condición de anonimato.
El primer ministro de Israel también está a bordo, aunque está furioso por la inclusión de funcionarios turcos y cataríes en el comité ejecutivo de Gaza y enfrenta una orden de arresto de la Corte Penal Internacional.
En este contexto, el diario británico The Independent sugirió que la inclusión de Benjamín Netanyahu –buscado por la Corte Penal Internacional– en la Junta de Paz ha provocado una ola de indignación.
Ausencia de representación palestina
No se observa la presencia de ningún representante directo de los palestinos en el comité ejecutivo, una cuestión que ha provocado protestas de movimientos palestinos y críticos regionales.
Según el exsubsecretario general de la ONU, Martin Griffiths, la estructura “no es representativa ni rinde cuentas”, y que los palestinos aparecen “en el último escalón de una pirámide de poder que los excluye”.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, conversó el lunes por teléfono con Trump, y le pidió que la Junta de Paz se limite a lidiar con la situación de Gaza e incluya un “asiento” para Palestina.
Consecuencias globales
El rechazo de la mayoría de los países muestra que el plan de Trump se está implementando sin consenso global y podría generar una crisis de legitimidad y desconfianza en el orden internacional.
¿Quién ha aceptado hasta ahora unirse a la “Junta de Paz”?
Los informes de los medios indican que Trump extendió invitaciones a aproximadamente 60 países, sin embargo, la mayoría de los países han rechazado unirse.
Por su parte, Trump señaló que 59 países se habían sumado ya a su iniciativa, aunque esa cifra no ha sido confirmada por declaraciones públicas de los países ni por la presencia de representantes en Suiza.
Más de 20 países han aceptado la invitación de Trump. Entre ellos se encuentran Albania, Arabia Saudí, Argentina, Armenia, Azerbaiyán, Baréin, Bielorrusia, Bulgaria, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Hungría, Indonesia, Jordania, Kazajistán, Kosovo, Mongolia, Marruecos, Pakistán, Paraguay, Catar, Turquía, Uzbekistán y Vietnam, así como el régimen israelí.
No se sabe si alguno ha aceptado donar 1000 millones de dólares para convertirse en miembro permanente.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, aceptó unirse, pero no pagará ninguna tarifa para convertirse en miembro.
¿Qué países han rechazado la invitación y cuáles la están considerando?
Hasta el momento, ningún otro miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, con excepción de Estados Unidos, se ha comprometido a unirse a la Junta.
Rusia y China afirmaron haber recibido invitaciones, pero no confirmaron su adhesión a la junta.
El Reino Unido, Francia, Noruega, Suecia y Eslovenia se encuentran entre los países que han indicado que no se unirán inmediatamente al organismo. España y los Países Bajos se negaron a unirse.
La oficina del presidente francés, Emmanuel Macron, dijo que el estatuto de la junta “va más allá del marco exclusivo de Gaza y plantea serias preguntas, en particular con respecto a los principios y la estructura de las Naciones Unidas, que no pueden ponerse en duda”.
Según los analistas, la renuencia de los países occidentales a sumarse no tiene nada que ver con Gaza, sino con agrias disputas con Trump por Groenlandia, aranceles, futuro de Ucrania, etc.
Por ejemplo, el Reino Unido indicó que no se inscribiría debido a la invitación al presidente ruso, Vladimir Putin.
Con un precio de entrada de 1000 millones de dólares y con la sospecha de que podrían estar sumándose a una propuesta poco elaborada para marginar a la ONU, no es de extrañar que no tengan prisa en unirse.
La Junta de Paz cuenta con el apoyo de una junta ejecutiva fundadora, que está repleta de personas que negaron que hubo y esté ocurriendo un genocidio en Gaza, incluido el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, el enviado especial Steve Witkoff, el yerno de Trump, Jared Kushner, y el exprimer ministro británico Tony Blair.
La única persona en la junta ejecutiva que tiene experiencia en la región –si es que se puede llamar “experiencia” a la invasión de Irak y al desencadenamiento de una devastadora guerra civil de siete años– es Tony Blair.
Sin embargo, Blair no representa a nadie más que a sí mismo. El gobierno británico ha tenido cuidado de dejarlo claro distanciándose de su ex primer ministro.
En noviembre, cuando apareció por primera vez el nombre de Blair, Jonathan Powell, el actual asesor de seguridad nacional y ex jefe de gabinete de Blair en Downing Street, dijo en privado que Blair no representaba al Estado británico.
Según los estatutos de la Junta de Paz de Trump, cada miembro de la junta ejecutiva tendrá una cartera que gestionar, lo que significa que tendrá poder real sobre Gaza, a diferencia de un segundo órgano ejecutivo, mucho más abajo en la cadena de mando, que no tendrá ninguno.
Este grupo se denomina, de forma confusa, el Comité Ejecutivo de Gaza. Incluye a cuatro de los nueve miembros de la junta fundadora, pero también incluye a Hakan Fidan, ministro de Asuntos Exteriores turco; al ministro catarí Ali Al Thawadi; y al general de división Hassan Rashad, jefe de inteligencia egipcio.
Estos hombres tienen buenos conocimientos sobre Gaza, pero Turquía, Catar y Egipto han sido incluidos sólo como fachada.
El comunicado de la Casa Blanca definió su tarea en los siguientes términos. Afirmó que el comité “ayudará a respaldar una gobernanza eficaz y la prestación de servicios de primera clase que impulsen la paz, la estabilidad y la prosperidad del pueblo de Gaza”. Lo cual podría significar cualquier cosa o nada.
Trump presenta su “junta de paz”, mientras Israel sigue masacrando en Gaza
Aunque Trump se jacta de haber logrado un cese al fuego y presentó el jueves pasado su Junta de Paz, una de las piezas de la segunda fase del llamado “plan de paz” para Gaza, Israel sigue masacrando al pueblo palestino.
La segunda fase del plan Trump (aprobado en noviembre por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas), que incluye la formación de un comité administrativo para la gestión diaria del enclave costero, en reemplazo del Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS), y, tentativamente, el establecimiento de una fuerza de ocupación internacional, constituye un atropello en toda la línea del pueblo palestino.
Su enviado especial Witkoff anunció la segunda fase del acuerdo de alto el fuego de la misma manera que anunció el propio alto el fuego. Confió toda la responsabilidad a HAMAS para que lo cumpliera.
En su declaración, Witkoff afirmó que la segunda fase consistía en la desmilitarización total de Gaza, “principalmente el desarme de todo el personal no autorizado”. Añadió que Estados Unidos espera que HAMAS cumpla plenamente; “de no hacerlo, habrá graves consecuencias”.
No se dijo ni una sola palabra sobre la obligación de Israel de retirarse de la Línea Amarilla, desde la cual ha estado avanzando. Actualmente Israel ocupa más del 60 % del territorio de Gaza. Witkoff tampoco reconoció más de 1000 violaciones del alto el fuego ni la muerte de más de 450 palestinos desde que se firmó el alto el fuego en octubre.
La declaración de Blair tuvo un tono similar. El plan de 20 puntos de Trump para poner fin a la guerra en Gaza, según Blair, fue un logro extraordinario. La guerra sí terminó, declaró.
Pero en el terreno la guerra no ha terminado. Además de los ataques aéreos israelíes diarios, Gaza ha sufrido penurias incalculables: inundaciones, el invierno más duro en años y la destrucción de más de 100 000 tiendas de campaña.
Israel ha seguido negando a Gaza el alimento y la ayuda para la reconstrucción que necesita.
Israel ha incumplido repetidamente los términos del alto el fuego, tanto con sus ataques aéreos como por no respetar la línea amarilla. Blair, sin embargo, vive en un mundo alternativo. Uno en el que no se produjo el genocidio, y HAMAS tendrá que desarmarse mientras la ocupación siga vigente.
Para los combatientes de los movimientos HAMAS o la Yihad Islámica, desarmarse en estas condiciones equivaldría a suicidarse. Esto mientras el asedio se mantendrá, las fuerzas israelíes seguirán ocupando más de la mitad de Gaza, ninguna fuerza internacional llegará para controlar este caos, y más de dos millones de palestinos seguirán viviendo en tiendas de campaña.
Invitar al mismo elenco de personajes que permitió que Israel se expandiera hasta el punto de que Gaza explotó, y esperar que pongan fin al conflicto, es más que una locura.
El equivalente a invitar a la Junta de Paz a Netanyahu, el arquitecto del genocidio de Gaza, sería invitar al líder serbio Slobodan Milosevic, Radovan Karadzic y Radko Mladic, los limpiadores étnicos de Bosnia y arquitectos del genocidio en Srebrenica, a negociar el Acuerdo de Paz de Dayton.
Blair fue el artífice de las condiciones internacionales que excluyeron a HAMAS de la sala de negociaciones mientras se negaba a reconocer a Israel. Ese pacto internacional fue la base sobre la que Israel impuso su asedio a Gaza en 2006, cuando HAMAS ganó las únicas elecciones celebradas en Palestina. El asedio ha continuado desde entonces.
Y en cuanto a Trump, este hombre ni siquiera finge preocuparse por los palestinos, la justicia, los derechos humanos o los niños que mueren de frío en tiendas de campaña.
A Trump le interesa depositar pedacitos de Trumplandia en todo el mundo y desviar grandes sumas de dinero en efectivo en el proceso.
Al crear su propia pandilla de consiglieres y llamarla Junta de la Paz, Trump ahora intenta gobernar el mundo como gobierna a Estados Unidos.
Mientras tanto, es poco probable que las tácticas de Trump acobarden a los palestinos que han soportado la colonización, los mandatos internacionales, el exilio, el régimen militar, los muros de separación, la demolición, el asedio y ahora el genocidio.
La causa palestina late con más fuerza que nunca en el corazón de cada palestino.
Los palestinos arrojarán la Junta de la Paz al basurero de la historia mucho antes de que le ocurra lo mismo al propio Trump.
