• Tropas estadounidenses cerca de un vehículo militar turco, en la aldea siria de Al-Hashisha, 6 de octubre de 2019. (Foto: AFP)
Publicada: martes, 8 de octubre de 2019 8:40

Los kurdo-sirios han caído en el mismo error, confiando nuevamente en EE.UU., pero ya ha llegado el tiempo para aprender que Donald Trump no es de fiar.

La Administración estadounidense, presidida por Donald Trump, anunció el domingo que no mantendrá sus tropas cerca de las fronteras turcas ni apoyará la operación militar contra las fuerzas kurdas en el norte de Siria, dejando solo tanto a su socio estratégico en Siria como a las milicias kurdas que respaldaba. 

Un día después, la aviación turca atacó las posiciones de las Unidades de Protección Popular (YPG, por sus siglas en kurdo), una milicia que forma parte integral de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), considerada aliada de EE.UU. y afiliada siria del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK, por sus siglas en kurdo), grupo kurdo que está en la lista negra de Turquía.

Teniendo en cuenta la cantidad de acuerdos que rompió Trump desde que tomó el alto cargo en la Casa Blanca en 2017, los kurdos deberían haber entendido que es imposible confiar en el mandatario estadounidense.

Trump ha probado que no es un tipo en que se pueda fiar, dado que, para el inquilino de la Casa Blanca, los kurdos, que han dado su vida en la guerra contra el grupo terrorista EIIL (Daesh, en árabe), no son más que una mera milicia que ha terminado su labor y ahora se puede ir al infierno.

Lamentablemente, ahora los kurdos tienen opciones limitadas. Sin el apoyo de EE.UU., ellos no solo pierden la masiva ayuda financiera y militar, sino el control que mantenían sobre los campos petrolíferos sirios y la ganancia que recibían de la venta del crudo sirio. Es peor, los distritos kurdos ahora corren el riesgo de la ocupación y la destrucción que sufrió en 2018, la ciudad siria de Afrin (noroeste).

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El vacío de EE.UU. lo puede rellenar el Gobierno sirio, presidido por Bashar al-Asad, aunque no se ha mostrado muy competente para hacer frente a “la invasión” turca en Afrin. Ante la creciente operación antikurda de Ankara, Rusia, no obstante, aún es el único socio que puede frenar el proceso de la nueva intervención militar del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, en Siria.

 

¿Cuáles son los compromisos que rompió Trump respecto a los kurdos?

Trump anunció en diciembre pasado que la misión estadounidense en Siria se cumplió, y que los militares de Washington iniciarán un retiro inmediato del país árabe. El anuncio enfureció a los kurdos que habían contado en el apoyo de Washington ante Turquía, por lo que lo describieron como “una puñalada en la espalda”.

El segundo golpe lo propinó EE.UU. a los kurdos, con un acuerdo que selló en agosto con Ankara para crear una llamada “zona segura”, que cubría un tramo entre el río Éufrates y la frontera iraquí y separa la frontera turca de las localidades bajo el control de YPG, respaldados por EE.UU.

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Los kurdos habían aceptado la creación de la “zona de seguridad” de hasta cinco kilómetros de profundidad en el territorio sirio. Sin embargo, Turquía pedía hasta 30 kilómetros de profundidad para esta zona.

El giro político de EE.UU. podría tener sus raíces en la alerta de Michel Kilo, un opositor sirio, quien reveló en septiembre que el nuevo plan saudí-estadounidense se centra en fortalecer a las tribus árabes en el este de Siria para reemplazar a los kurdos.

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