• Jeanne Louise Calment, la persona más longeva del mundo, cumple los 122 años, 21 de febrero de 1997.
Publicada: jueves, 6 de octubre de 2016 1:42

Es imposible ir más allá de la longevidad que experimentó Jeanne Louise Calment, afirma una hipótesis planteada por investigadores estadounidenses.

La francesa Calment falleció en 1997 a los 122 años y 164 días. Por el momento, es la persona más longeva de la que se tiene conocimiento.

Según la hipótesis de los investigadores de la Escuela de Medicina Albert Einstein de Nueva York (EEUU), publicada el miércoles en la revista Nature, como sucede con algunos récords olímpicos, que parecen estar acercándose a los límites de la biología humana, es posible que en términos de longevidad no se pueda ir mucho más allá que Calment.

Lo que parece ser un límite natural es un efecto secundario indeseado de los programas genéticos fijados para actividades del inicio de la vida”, comenta Jay Olshansky, investigador de la Universidad de Illinois en Chicago (EEUU).

Aunque algunos estudios en animales muestran que el tiempo máximo de vida de un individuo puede ser flexible, gracias a intervenciones farmacológicas y genéticas, un análisis estadístico de la evolución de este límite en humanos indica que, al menos en las condiciones actuales, este no es el caso para nuestra especie.

Tomando una amplia colección de datos de todo el mundo, se observa que el tiempo máximo de vida se ha estancado desde la década en que murió Jeanne Clement. Esto, interpretan, es una evidencia sólida de que “la longevidad máxima en los humanos es fija y está sujeta a limitaciones naturales”.

El japonés Jiroemon Kimura, reconocido por el Libro Guinness de los Récords como la persona más anciana del mundo, falleció a los 116 años por causas naturales, 12 de junio de 2013.

 

Jay Olshansky, investigador de la Universidad de Illinois en Chicago (EEUU), comenta que los más recientes estudios indican que el límite a la vida humana no está marcado por un sistema de obsolescencia programada, fruto de la evolución, que nos hace morir a partir de cierta edad. “Lo que parece ser un límite natural es un efecto secundario indeseado de los programas genéticos fijados para actividades del inicio de la vida”, comenta Olshansky, citado por rotativo español El País.

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