Publicada: lunes, 27 de abril de 2026 11:51

En el panorama de la guerra moderna, como reconocen los analistas militares, el arma más peligrosa ya no es una bala ni un dron, sino cada vez más un algoritmo.

Por Ali Akbar Khalilian

Palantir Technologies, un gigante del análisis de datos fundado con el idealista objetivo de “salvar a Occidente”, se ha convertido en el sistema nervioso central de las operaciones militares de Estados Unidos y de la vigilancia global.

Examinamos la dualidad de Palantir como entidad corporativa privada profundamente integrada en la violencia estatal, analizando sus relaciones financieras (en particular, un contrato histórico de 10.000 millones de dólares con el Ejército), su papel en la guerra algorítmica en Ucrania, Gaza e Irán, el “conducto de doble uso” que traslada la vigilancia de grado militar a la policía doméstica, y las alianzas de infraestructura ocultas de la empresa con Microsoft y Airbus.

Palantir representa un cambio de paradigma: una era en la que las empresas tecnológicas privadas asumen el control operativo del apuntado y la inteligencia, creando un “complejo de seguridad imperial del sector privado” que opera con una supervisión limitada y profundas consecuencias éticas.

Esto explica la respuesta iraní sin precedentes —al designar a Palantir como un objetivo militar legítimo— como una advertencia a una industria de la guerra impulsada por algoritmos y sin rendición de cuentas.

El arquitecto invisible de los campos de batalla

Cuando el director ejecutivo de Palantir, Alex Karp, declaró recientemente en una deposición judicial, ofreció una afirmación escalofriantemente directa sobre el modelo de negocio de su empresa: “Nuestro producto se utiliza para matar personas”.

Esta frase atraviesa toda la jerga corporativa sobre “fusión de datos” e “integración de IA” para revelar la realidad cruda de la función de Palantir.

A diferencia de los contratistas tradicionales de defensa como Lockheed Martin o Raytheon, que construyen tanques o misiles físicos, Palantir desarrolla el software que indica a esas armas hacia dónde ir y a quién destruir.

Fundada en 2003 con financiación del brazo de capital de riesgo de la CIA, In-Q-Tel, Palantir pasó dos décadas operando en las sombras de la comunidad de inteligencia. Sin embargo, la actual revolución de la inteligencia artificial y la transformación de las tensiones globales han empujado a Palantir al primer plano de la estrategia militar estadounidense.

Analizamos los mecanismos ocultos de esta corporación, una empresa que ha logrado difuminar con éxito las líneas entre la selección de objetivos militares, la vigilancia nacional y el beneficio privado.

El cemento financiero: los contratos gubernamentales como motor de crecimiento

Para entender la implicación de Palantir en las guerras de Estados Unidos en el extranjero, incluida la dirigida contra la República Islámica de Irán, es necesario comprender primero la magnitud de sus incentivos financieros.

A diferencia del volátil sector comercial, los contratos gubernamentales ofrecen estabilidad, escala y secreto.

El paquete de 10.000 millones de dólares

En agosto de 2025, el Ejército de Estados Unidos adjudicó a Palantir un gigantesco “Acuerdo Empresarial” valorado en hasta 10.000 millones de dólares a lo largo de diez años. Este acuerdo consolidó 75 contratos más pequeños en un único flujo, convirtiendo de facto a Palantir en el proveedor de software predeterminado de la infraestructura digital del Ejército.

El director de información del Ejército, Leo Garciga, afirmó que se trataba de “modernizar nuestras capacidades”, pero la escala revela una dependencia: el ejército no puede combatir sin el sistema operativo de Palantir.

Crecimiento explosivo

Los resultados financieros de esta dependencia son abrumadores. En el tercer trimestre de 2025, Palantir reportó ingresos de 1.180 millones de dólares, un aumento interanual del 63%.

Solo el segmento gubernamental de Estados Unidos generó 486 millones de dólares, con un crecimiento anual del 52%. La empresa presume de una puntuación “Rule of 40” del 114% (una métrica que equilibra crecimiento y rentabilidad), una de las más altas en la historia del software, impulsada casi por completo por la urgencia del gasto en defensa.

Diversificación de la violencia

Estos ingresos no se limitan al Ejército de Estados Unidos. Revelaciones recientes muestran un contrato de 446 millones de dólares con el Ned como objetivo militar debido a su papel algorítmico en la guerra.

Palantir, que en otro tiempo operaba tras bastidores en las guerras, ahora forma parte del propio campo de batalla.

Máquina de guerra: el apuntado algorítmico en Gaza y Ucrania

El verdadero poder de Palantir se materializa en el campo de batalla, donde ha pasado de un papel de apoyo a convertirse en un actor activo en el ciclo de toma de decisiones.

El laboratorio de Gaza

La guerra genocida contra Gaza ha servido como un horrendo campo de pruebas para la Plataforma de Inteligencia Artificial (AIP) de Palantir.

Informes indican que las fuerzas del régimen israelí utilizaron el software de Palantir para integrar datos de la Unidad 8200 (el equivalente israelí de la NSA) con flujos de drones y datos de vigilancia.

Grupos de derechos humanos y analistas sostienen que este apuntado impulsado por inteligencia artificial redujo el umbral de ataque, convirtiendo la vida humana en puntos de datos estadísticos.

Como señaló el Centro de Estudios de Crisis y Política de Ankara, Palestina se convirtió en un “laboratorio de guerra asistido por IA”, donde cada ataque probaba modelos algorítmicos de eficiencia, a menudo con consecuencias devastadoras para la población civil.

Frente ucraniano: la guerra algorítmica “buena”

Palantir exhibe una marcada dualidad moral según el cliente. En Ucrania, se presenta como una fuerza de defensa democrática.

El director ejecutivo Alex Karp ha presumido abiertamente de que su software reduce el “ciclo de apuntado a minutos”, permitiendo a las fuerzas ucranianas identificar y destruir posiciones de artillería rusas más rápido que los métodos tradicionales.

Mientras los medios occidentales enmarcan el trabajo en Ucrania como “resistencia” y el de Gaza como “controvertido”, la tecnología subyacente es idéntica.

La misma lógica de “cadena de destrucción” que elimina un tanque ruso puede, con la misma facilidad, dirigirse contra un edificio de apartamentos en Gaza. Esto expone el relativismo de la ética tecnológica: el software no distingue entre una “guerra buena” y una “guerra mala”; solo optimiza la destrucción.

Operación Furia Épica: Irán como la primera guerra plenamente impulsada por IA

El 28 de febrero de 2026, Estados Unidos e Israel lanzaron una agresión militar no provocada contra la República Islámica, con el nombre en clave “Operación Furia Épica” contra Irán. Esta operación, calificada por los medios como la “primera guerra de IA”, marcó un punto de inflexión crítico en el papel de Palantir.

Decapitación digital

El sistema Maven Smart de Palantir, integrado con el modelo de lenguaje Claude de Anthropic, fue desplegado como el principal sistema de toma de decisiones del Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM).

Según informes del Washington Post, antes de que comenzaran los bombardeos, el sistema Maven había analizado miles de imágenes satelitales y vídeos de drones, preparando más de 1.000 planes de ataque para los mandos militares.

En las primeras 12 horas, el ejército estadounidense llevó a cabo casi 900 ataques; en 10 días, el número de bombardeos superó los 5.500.

20 personas frente a 2.000

Un informe de The Times reveló que, durante la invasión de Irak, el ejército estadounidense necesitaba un equipo de inteligencia de 2.000 personas para realizar la identificación de objetivos en tierra. En la Operación Furia Épica, la misma carga de trabajo fue realizada por solo 20 soldados utilizando el software de Palantir. El sistema Maven redujo el tiempo de identificación de objetivos de varias horas a menos de un minuto.

El colapso de la supervisión humana

La profesora Elke Schwarz, en declaraciones a France 24, analizó que en las primeras 24 horas de la guerra contra Irán, el ejército estadounidense lanzó aproximadamente 41 misiles por hora, lo que hacía prácticamente imposible una supervisión humana significativa.

El bombardeo de la escuela primaria de niñas de Minab, en el sur de Irán, que dejó al menos 168 niños muertos, planteó la pregunta de si la IA había identificado ese objetivo.

Palantir sostiene que “siempre hay un humano en el circuito de decisión”, pero los observadores señalan que ese “humano en el circuito” se ha convertido en un mero sello ceremonial.

Palantir como “objetivo legítimo” para Irán

El 31 de marzo de 2026, el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica de Irán publicó una lista sin precedentes de 18 empresas tecnológicas estadounidenses, entre ellas Palantir, declarando sus instalaciones en Asia Occidental como “objetivos legítimos”.

Irán afirmó que la tecnología de estas empresas había sido utilizada para atacar al país. Por primera vez en la historia, una gran empresa tecnológica fue designada formalmente como objetivo militar debido a su papel algorítmico en la guerra.

Palantir, que en otro tiempo operaba tras bastidores de la guerra, ha pasado ahora a formar parte efectiva del propio campo de batalla, directamente implicada en una agresión no provocada e ilegal.

El conducto doméstico: de los ataques con drones a la vigilancia policial

Una de las revelaciones más alarmantes sobre Palantir es el llamado “conducto de la guerra al territorio nacional”. Las tecnologías perfeccionadas en los campos de batalla de Irak y Afganistán están siendo reempaquetadas para su uso en la aplicación de la ley doméstica y el control migratorio.

Gotham regresa a casa

El software insignia de Palantir, Gotham (nombrado en referencia a la piedra omnisciente de El Señor de los Anillos), fue diseñado originalmente para predecir ataques con IED en Afganistán.

Hoy es utilizado por cientos de departamentos de policía en Estados Unidos, permitiendo a los agentes extraer enormes conjuntos de datos de registros de matrículas, facturas de servicios públicos y redes sociales para construir expedientes de inteligencia sobre civiles.

La integración con ICE

Este aparato de vigilancia ha sido convertido en un arma contra las comunidades inmigrantes. En 2025, Palantir obtuvo un contrato de 30 millones de dólares con el ICE y desarrolló una herramienta llamada ELITE, que supuestamente analiza bases de datos de Medicaid y otros programas de asistencia pública para identificar “objetivos de alto potencial” para arresto. Informes indican que el algoritmo señala direcciones e individuos específicos, transformando efectivamente las redes de protección social en redes de deportación.

El vacío ético: cajas negras algorítmicas y libertades civiles

El peligro central de Palantir reside en la naturaleza de “caja negra” de sus operaciones.

Apuntado sin juicio

Cuando el ejército estadounidense utiliza el sistema Maven Smart para identificar objetivos en Asia Occidental, o cuando ICE lo utiliza para señalar a una familia para su deportación, el software ofrece una recomendación.

Sin embargo, debido a la naturaleza propietaria del código, a menudo es imposible auditar por qué la IA ha señalado a una persona o coordenada específica. Los críticos temen que, si se alcanza un umbral de confianza, el sistema pueda autorizar acciones letales sin una supervisión humana suficiente.

La infraestructura del “estado profundo”

Además, el impulso de la administración Trump hacia el intercambio de datos entre agencias federales ha posicionado a Palantir como el principal arquitecto de una base de datos nacional centralizada.

Al integrar datos de la CIA, la NSA, el FBI y el DHS, Palantir posee las llaves del “panóptico digital”.

El propio presidente Trump elogió a Palantir, afirmando: “Palantir ha demostrado ser muy capaz y estar bien equipado para el combate. Solo pregúntenles a nuestros enemigos”.

Este respaldo político consolida el estatus de Palantir como una entidad protegida, inmune al escrutinio de privacidad al que se enfrentan otras grandes tecnológicas.

El equilibrio geopolítico inestable

Palantir navega un complejo panorama geopolítico. Aunque afirma servir a los valores democráticos occidentales, sus cartas a los accionistas supuestamente incluyen zonas de combate activas como Gaza, Ucrania e Irán como “elementos centrales de la historia de crecimiento basada en IA”.

Esta lógica mercenaria —beneficiarse de la duración de la guerra, no solo de su desenlace— plantea interrogantes sobre el incentivo real de Palantir para impulsar la paz.

Más allá de una sola empresa: la infraestructura invisible del Imperio

Palantir no es un actor aislado. Se ha entrelazado en el tejido de la infraestructura corporativa y militar global mediante alianzas estratégicas que amplían su alcance mucho más allá de los contratos gubernamentales directos. Las tres dimensiones críticas de este imperio oculto incluyen:

La integración con Microsoft Power BI: normalizar la muerte a través de herramientas cotidianas

Uno de los desarrollos más peligrosos es la integración estratégica entre Palantir y Microsoft. El Ejército de Estados Unidos utiliza la plataforma Army Vantage de Palantir, que ahora se está integrando con Power BI de Microsoft, una herramienta comercial estándar de visualización y paneles de control utilizada por millones de analistas de negocios en todo el mundo.

Por qué esto importa:

Infiltración en los niveles medios del ejército: soldados comunes pueden ahora visualizar datos ultrasecretos del campo de batalla (incluidas posiciones enemigas y coordenadas de objetivos) directamente dentro de Power BI, la misma herramienta que un gerente de ventas usa para prever ingresos trimestrales.

Normalización de la muerte algorítmica: cuando un oficial de inteligencia planifica un ataque con misiles usando la misma interfaz con la que un ejecutivo de marketing analiza el comportamiento de clientes, las fronteras éticas y profesionales de la guerra se desdibujan. Esta “democratización de la capacidad de matar” transforma la tecnología letal en una herramienta de oficina cotidiana.

La consecuencia: un oficial subalterno con mínima formación puede ahora generar cadenas de ataque con la misma facilidad con la que crea un gráfico circular. La banalidad de la interfaz oculta la brutalidad del resultado.

El “paradójico Anthropic”: la IA “descontrolada” que incluso la NSA teme

Sin embargo, ha surgido una tensión crítica que exige ser expuesta. La Agencia de Seguridad Nacional (NSA) ha designado a Anthropic como un “riesgo en la cadena de suministro”, limitando de facto su uso dentro de sistemas del Pentágono debido a preocupaciones sobre la imprevisibilidad del modelo y su comportamiento de caja negra.

La contradicción:

Por un lado, Palantir utilizó Claude durante la guerra contra Irán para generar más de 3.000 opciones de objetivos contra Irán en 24 horas, demostrando una eficiencia extraordinaria.

Por otro lado, ese mismo modelo de IA está a punto de ser prohibido en sistemas militares porque incluso sus creadores no pueden explicar completamente por qué emite ciertas recomendaciones de ataque.

La revelación: Palantir, reacio a perder su ventaja algorítmica, ya ha comenzado a migrar hacia modelos alternativos de lenguaje. Esto revela un patrón peligroso: la industria tecnológica siempre se mantiene un paso por delante de cualquier forma de supervisión gubernamental.

Cuando un modelo es restringido, otro lo reemplaza. La dependencia militar de una IA propietaria y no auditable crea una situación en la que el sistema de armas es, por diseño, “descontrolado”.

El pasadizo europeo: Airbus y las “nubes de la muerte”

La influencia de Palantir no se limita a Estados Unidos ni al régimen israelí. La empresa mantiene una asociación profunda y de varios años con el gigante aeroespacial europeo Airbus.

Skywise: el espía en el cielo

Palantir proporciona la plataforma de datos central para Skywise, la plataforma digital insignia de aviación de Airbus. Skywise es utilizada por miles de ingenieros y técnicos en las líneas de producción de Airbus en España (Getafe y Sevilla), Francia y Alemania. Gestiona datos de vuelo, calendarios de mantenimiento y logística de la cadena de suministro para la mayoría de los aviones comerciales y militares del mundo.

La conexión con la guerra contra Irán

Durante la reciente guerra de 40 días contra Irán, esta plataforma podría haber sido fácilmente utilizada, directa o indirectamente, para el seguimiento, la vigilancia o la optimización logística de flotas militares aliadas de Estados Unidos.

Esto significa que el poder del software estadounidense ha penetrado el corazón de la industria estratégica europea mediante una asociación comercial legítima.

La implicación geopolítica es clara: los contribuyentes europeos, muchos de los cuales se oponen a las aventuras militares de Estados Unidos en Asia Occidental, están sin saberlo albergando la infraestructura digital que hace posibles esas mismas guerras.

Cuando un sistema impulsado por Palantir dentro de una línea de producción de Airbus en España ayuda a optimizar una cadena de suministro que, en última instancia, apoya a una aeronave de reabastecimiento con destino al CENTCOM, la línea entre el comercio civil y la logística militar desaparece.

Irán como precedente de doble filo: el primer caso de “software como objetivo militar”

Como se señaló anteriormente, la designación de Palantir como objetivo militar legítimo por parte de Irán es un hecho histórico sin precedentes. Las consecuencias globales de esa decisión son profundas:

Cambio de las reglas de la guerra

Por primera vez, un Estado soberano ha declarado que las instalaciones corporativas de una empresa de software (centros de datos, oficinas, parques de investigación en IA) son equivalentes a bases militares.

La lógica de Irán es directa: si los algoritmos de Palantir guían los misiles que matan a ciudadanos iraníes, entonces los servidores de Palantir son objetivos legítimos de represalia.

El colapso del “santuario tecnológico”

Tradicionalmente, las empresas tecnológicas han operado desde espacios seguros —California, Nueva York, Londres— lejos de los campos de batalla que sus productos hacen posibles. La declaración de Irán elimina ese santuario.

Si un centro de datos de Palantir en Emiratos Árabes Unidos, Bahréin o Arabia Saudí es atacado, sería considerado una respuesta militar legítima.

El terror para los inversores

Esto crea una nueva categoría de riesgo: la responsabilidad geopolítica algorítmica. Los accionistas de empresas como Palantir, Microsoft y Anthropic deben ahora preguntarse: ¿es nuestro centro de datos en Dubái un objetivo? ¿Será bombardeado nuestro proveedor en la nube porque nuestro software fue utilizado en un ataque?

Este precedente, establecido por Irán, podría ser adoptado por otros países (China, Rusia, Corea del Norte) en futuras guerras, alterando de forma fundamental el cálculo de la inversión tecnológica.

Síntesis: el imperio sin rendición de cuentas y la reacción global

Palantir ha dominado el arte de explotar la brecha entre las legislaciones nacionales y la naturaleza sin fronteras de internet. Mediante la firma de contratos con Airbus en Europa y Microsoft en Estados Unidos, ha logrado transformarse en un monopolio natural en la era de la inteligencia artificial.

Sin embargo, la respuesta iraní —al incluir a Palantir en una lista de objetivos militares legítimos— representa quizá el primer ejemplo de cómo los algoritmos son confrontados mediante violencia física.

Esto constituye una advertencia para todos los defensores de los derechos humanos y las organizaciones de la sociedad civil que buscan frenar a este gigante: ya no es posible depender únicamente de los tribunales, el Congreso o la opinión pública.

La batalla por la legitimidad de estos algoritmos ha entrado en una fase nueva y más peligrosa, en la que la respuesta a la violencia impulsada por software puede ser la represalia física contra la infraestructura que la hace posible.

Palantir y la privatización de la guerra

Si el algoritmo de la guerra no se regula mediante medios democráticos y legales, entraremos en un mundo donde los algoritmos privados son objetivos de misiles estatales, donde los centros de datos se convierten en campos de batalla y donde la noción misma de infraestructura civil en el sector tecnológico queda permanentemente destruida.

Palantir no solo ha privatizado la guerra; también ha hecho, a través de sus propias acciones ilegales y no reguladas, que todo el sector tecnológico se convierta en un objetivo legítimo en futuros conflictos.

Palantir no es simplemente un contratista; es un actor cómplice en las guerras de Estados Unidos y en crímenes de guerra. Al integrar su IA profundamente en la “cadena de destrucción” del ejército estadounidense y sus aliados, y al entrelazarse con la infraestructura global de Microsoft y Airbus, Palantir ha alcanzado un nivel de influencia previamente reservado a los Estados nación.

La trayectoria de la empresa —desde la CIA hasta Irak, de Ucrania a Gaza, de Irán a las calles de Estados Unidos— revela una fusión completa entre el poder estatal y el software privado.

El mundo está presenciando la privatización de la guerra y la vigilancia, y ahora, la primera reacción violenta contra ella. Cuando una empresa cotizada en bolsa, impulsada por el valor para los accionistas, controla los algoritmos que deciden quién vive y quién muere, el contrato social se rompe.

La “caja negra” del código de Palantir debe abrirse al escrutinio público. Si no logramos regular el algoritmo de la guerra, corremos el riesgo de adentrarnos sin darnos cuenta en un mundo donde la violencia es automatizada, eficiente, completamente irresponsable —y donde la respuesta a esa violencia es la destrucción física de la infraestructura digital que sostiene la vida moderna.