Según reportes de médicos locales, más de 300 bebés han nacido con malformaciones, algunas de ellas severas, como ausencia de nariz, boca u otros órganos vitales. Los sanitarios vinculan estos casos a la exposición prolongada a distintos tipos de armamento, la contaminación ambiental, la desnutrición materna y el colapso de los servicios médicos básicos durante la guerra, factores que afectan directamente al desarrollo de los fetos.
A esta realidad se suma la incapacidad del sistema sanitario para responder a estas emergencias. Muchos hospitales han sido destruidos o funcionan sin equipos, incubadoras ni medicamentos esenciales, mientras que las madres carecen de apoyo psicológico y médico. Los médicos advierten que, sin una intervención urgente, estas secuelas podrían prolongarse durante generaciones.
En Gaza, las secuelas de la guerra siguen apareciendo incluso después del alto el fuego, una tregua violada constantemente por Israel. Hoy, los problemas médicos no solo se centran en los heridos, sino también en los bebés que nacen con graves malformaciones. Una realidad silenciosa que refleja el impacto profundo y prolongado del conflicto sobre las madres y las nuevas generaciones.
Huda Hegazi, Gaza
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