Los palestinos se apresuran para trasladar a los heridos al hospital en un barrio residencial, en Rafah, que acaba de ser bombardeado por los cazas israelíes. Sus residentes, aún, no pueden comprender, por qué han sido objetivo de un bombardeo israelí.
Varios edificios han sido destrozados y las posibilidades de encontrar vivos a los residentes, debajo de los escombros, es cada vez menos. En el hospital, familiares de las víctimas lloran la muerte de sus seres queridos. Mientras que otros buscan entre los cuerpos, o lo que queda de ellos, señales de los miembros de su familia.
En Jan Yunis, declarado por Israel como zona de guerra, la situación es aún peor. Sarah, que buscó refugios junto a su familia en una escuela de las Naciones Unidas, lamenta la muerte de su padre e hijos por los disparos de soldados israelíes. Denuncia que en Gaza, no hay un lugar seguro, ni el norte, ni el sur.
“Cientos de miles de residentes de Gaza están siendo confinados en zonas cada vez más pequeñas en el sur de la Franja”, alertó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk.
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