Por Wesam Bahrani
Lo último que el presidente estadounidense, Donald Trump, esperaba era que lo que creía que sería un breve enfrentamiento de horas, se prolongara durante días y semanas, y luego se convirtiera en una guerra de desgaste a gran escala.
Este es un escenario que ni anticipó ni está preparado para afrontar, dadas sus consecuencias potencialmente desastrosas para su país y el mundo.
Ha quedado claro que Irán se había preparado desde hace tiempo para este enfrentamiento total y que su liderazgo estaba seguro de que ocurriría en algún momento. Convertirlo en una guerra de desgaste prolongada, tanto geográfica como temporalmente, parece ser un pilar central de la estrategia iraní para agotar a Estados Unidos, al régimen sionista y a sus aliados regionales e internacionales.
Muy rápidamente, al final de la primera semana de la guerra ilegal y no provocada contra Irán, la visión de Trump comenzó a convertirse en una pesadilla. Su plan para derrocar a la República Islámica (es decir, un cambio de régimen) mediante un primer ataque fracasó, al igual que su descabellada ambición de controlar una cuarta parte de la producción mundial de petróleo e influir en sus rutas y precios.
Ahora se enfrenta a la urgente necesidad de gestionar las consecuencias económicas globales de este fracaso. Irán ha logrado controlar de facto una ruta marítima por la que transita aproximadamente una cuarta parte del suministro mundial de petróleo. En la cuarta semana de la guerra, los precios del petróleo han superado los 112 dólares por barril.
En su primera declaración al pueblo iraní y al mundo, el nuevo Líder de la República Islámica, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei, resumió este desafío en dos frases impactantes que causaron gran conmoción en la Casa Blanca.
“La voluntad del pueblo es continuar con una defensa eficaz y disuasoria”, y “la opción de cerrar el estrecho de Ormuz debe seguir siendo una posibilidad”, declaró el nuevo Líder de Irán.
Esto evidencia la voluntad de librar una guerra de desgaste prolongada que amenaza la economía global, especialmente la de Estados Unidos y sus aliados.
Ante esta difícil situación, el aumento de los costos de la guerra y las crecientes tensiones no solo entre Estados Unidos y el régimen sionista, sino también dentro de la administración Trump, según informaron medios estadounidenses y hebreos, Trump recurrió a sus aliados en busca de ayuda para reabrir el estrecho de Ormuz.
Inicialmente, afirmó que varios países enviarían buques de guerra para cooperar con Estados Unidos en el mantenimiento de la seguridad y la apertura del paso de Ormuz.
Expresó su esperanza de que países como China, Francia, Japón, Corea del Sur y el Reino Unido desplegaran fuerzas navales para garantizar la seguridad de esta ruta marítima vital. También instó a los países que se benefician del petróleo de Asia Occidental a contribuir con fuerzas para asegurar la navegación marítima.
Al mismo tiempo, Trump anunció un ataque aéreo contra la isla iraní de Jark, en un aparente intento de convencer a estos países de que Estados Unidos aún controla la situación militar en el Golfo Pérsico.
Las declaraciones de Trump pueden interpretarse como un llamado desesperado a formar una coalición militar naval internacional bajo el liderazgo estadounidense en la región. Las implicaciones, motivaciones y objetivos de este llamado se resumen a continuación:
Primero, Estados Unidos parece haber perdido la capacidad de controlar y gestionar la guerra por sí solo, especialmente tras no lograr la victoria. Ahora intenta internacionalizar el conflicto y convertirlo en una confrontación global con Irán con el pretexto de proteger las cadenas de suministro de petróleo y el comercio mundial.
Segundo, Estados Unidos intenta eludir el derecho de Irán a controlar la navegación en el estrecho durante la guerra, internacionalizando la cuestión. Esto podría allanar el camino para la imposición de nuevas leyes marítimas bajo la presión de varios países.
Tercero, Trump cree que la participación de muchos países en una coalición naval obligaría a la República Islámica a rendirse bajo presión internacional, o al menos a aceptar un alto el fuego y entablar negociaciones sin condiciones previas, lo que le brindaría una salida a la crisis actual.
En cuarto lugar, Trump está maniobrando para evitar depender de la mediación rusa, que considera que tendría un costo, posiblemente implicando concesiones en otras áreas en las que no está dispuesto a ceder.
En quinto lugar, Trump espera que su invitación a China para unirse a la coalición sea aceptada, especialmente con una visita programada a Pekín.
En sexto lugar, está intentando alentar a los países europeos, afectados por el aumento de los precios de la energía, a unirse al esfuerzo bélico, después de que inicialmente adoptaran una postura relativamente neutral.
Las primeras respuestas provinieron de Europa, particularmente de Francia y el Reino Unido, que parecieron dividir los roles entre ellos. El Reino Unido celebró rápidamente una reunión ministerial con las monarquías del Golfo Pérsico con temas defensivos, una medida que pareció eludir el llamado de Trump a una coalición naval formal.
Los medios británicos también informaron que el Reino Unido está considerando enviar drones para detectar minas navales e interceptar drones iraníes, medidas que no constituyen una participación plena en una alianza militar.
Francia, por su parte, adoptó un enfoque diferente. El presidente Emmanuel Macron mantuvo conversaciones telefónicas con el príncipe heredero saudí y el presidente iraní, con el objetivo de impulsar los esfuerzos políticos para una solución. También solicitó a Trump que aclarara sus objetivos finales y el ritmo previsto para las operaciones. La presidencia francesa desmintió los informes que indicaban que Francia enviaría buques de guerra al Golfo Pérsico.
Japón anunció que no se apresuraría a enviar buques de guerra en respuesta a la solicitud de Trump, haciendo hincapié en su principio de larga data de tomar decisiones independientes. Asimismo, señaló que la legislación vigente dificulta considerablemente el despliegue legal de buques militares en la región.
Corea del Sur declaró que está analizando cuidadosamente la solicitud de Trump, mientras que China ignoró la petición e instó a un alto el fuego inmediato.
En general, a pesar de sus diferencias, estas respuestas reflejan una cautela compartida, una preferencia por la diplomacia, la desescalada y, en esencia, evitar los riesgos de represalias por parte de Teherán en una guerra que ha sido ampliamente reconocida como ilegal y no provocada.
Según se informa, esto ha aumentado la frustración de Trump, lo que lo llevó a posponer su visita a China y a advertir sobre graves consecuencias para la OTAN si los aliados responden negativamente.
El enfoque político de Teherán parece combinar prudencia y astucia estratégica con una firme determinación militar. Esto ha sido evidente tanto en sus esfuerzos diplomáticos antes y durante las recientes negociaciones, como en su conducta durante la guerra actual.
Como de costumbre, el liderazgo iraní comprendió rápidamente los motivos detrás de la última maniobra de Trump y respondió con varias medidas.
Una de las primeras decisiones fue permitir el paso de algunos cargamentos de petróleo por el estrecho de Ormuz con la condición de que las transacciones se realizaran, según informes, en yuanes chinos.
Esta medida busca mantener el flujo de petróleo mientras debilita el dólar estadounidense, o al menos asegurar que China continúe recibiendo importaciones de petróleo del Golfo Pérsico, no solo de Irán. Esto es particularmente significativo, ya que los Estados del Golfo Pérsico podrían verse obligados a seguir vendiendo petróleo ante el temor a una desaceleración económica tras décadas de crecimiento.
El ministro de Exteriores iraní, Seyed Abás Araqchi, transfirió la responsabilidad a Estados Unidos al afirmar que Irán no ha cerrado el estrecho de Ormuz y que la verdadera razón por la que los barcos no navegan es la inseguridad causada por la agresión estadounidense.
Esto socava la justificación que Trump utilizó para pedir la coalición. Araqchi también dejó la puerta abierta a los países que buscan un paso seguro para sus barcos, indicando que las decisiones recaerían en las fuerzas militares iraníes.
Esto podría ser un intento de fomentar la cooperación directa en materia de seguridad con Irán en lugar de unirse a una coalición liderada por Estados Unidos, al tiempo que reitera la exigencia iraní de que las fuerzas estadounidenses abandonen la región.
Las declaraciones del exanalista de la CIA, Larry Johnson, parecen reflejar con precisión la situación actual de Trump: Trump vive en un mundo de "ilusiones" y está desconectado de la "realidad". En realidad, se está deslizando hacia la locura.
Wesam Bahrani es un periodista y comentarista iraquí.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
