Publicada: lunes, 23 de agosto de 2021 11:21

Al hacer un recorrido por Twitter y observar las publicaciones de algunos sectores de la derecha pinochetista nos encontramos con una tendencia: #RechazoDeSalida.

En la misma, llaman de forma abierta al rechazo de la Convención Constitucional, a los convencionales constituyentes, y a la nueva Constitución en el plebiscito de salida para 2022, pese a que en dicha instancia redactora de la nueva Constitución hay 37 representantes de tal tendencia política.

Desde el funcionamiento de la Convención Constitucional asistimos a una serie de entredichos, protagonizados por el sector vinculado al rechazo, los que buscan confrontarse a la mayoría de convencionales que llegaron de la mano con la opción apruebo a un nuevo Chile, lo que no sería posible sin las manifestaciones populares de millones de chilenos, quienes buscan avanzar hacia un país desarrollado, inclusivo y justo, donde el poder del dinero no signifique avasallar a nadie ni someterlo a caprichos propios de esclavistas.

Los integrantes de este sector, tal como lo confiesan y promueven en sus redes sociales, a través de diversas cuentas bots (multicuentas creadas en Twitter por un único usuario, para marcar una temática de influencia), buscan instalar, meses antes, que se repudie el resultado del trabajo de las y los convencionales constituyentes, lo cual, no es coincidencia la existencia del hashtag #RechazoDeSalida.

Ulteriores episodios emblemáticos de esta postura han sido las renuncias consecutivas a la secretaria ejecutiva de la Unidad Secretaría Administrativa de la Convención Constitucional, como Catalina Parot, antecedida de la misma por Francisco Encina, y ambos, designados por el Gobierno de derecha de Sebastián Piñera.
Raya para la suma, la reactiva e improvisada instalación de la Convención Constitucional, cuya responsabilidad le incumbía al Ejecutivo chileno, lo que fue otro de estos episodios, o más bien, amenazas que ha sufrido esta instancia redactora.

El triste capítulo de las colaciones consumidas por las y los constituyentes en los patios o pasillos del ex Congreso Nacional fue otro flanco para atacarlos, y desde luego, culparlos por el retraso en la redacción, como si fueran peones de fundo y no tuvieran la pega hecha, cuyas páginas todavía están en blanco, estatus a la luz de los tiempos administrativos para la instalación de la misma, si se considera que para redactar la actual Constitución del régimen militar pasaron más de cuatro años (Comisión Ortúzar; 1976 - 1980), sin mencionar que corrían solos, entre cuatro paredes, y con las armas en las manos.

No se puede cerrar esta columna sin mencionar el tema de las asignaciones, las que no son un alza en los sueldos para los constituyentes, sino que son recursos para ejecutar las labores de la Convención, a ser monitorizados por una instancia ajena a aquella, y requerirán ser rendidos, por cierto.

Es lógico que para el funcionamiento de cualquier persona natural o jurídica se requieran recursos, los que, en este caso, serán empleados en el pago de remuneraciones, traslados, alimentación y asesorías, en caso contrario, no se podrá avanzar; algo que a ciertos sectores les vendría, como anillo al dedo.

Es bien curioso que quienes claman el rechazo, incluso antes del plebiscito de salida para aprobar la nueva Constitución en 2022, nunca hayan sacado la voz contra las continuas alzas en los salarios de los parlamentarios, y sí en este caso. 

Pero siempre se pueden esperar nuevos y adversos escenarios en este caminar. Nadie dijo que iba a ser fácil.