Publicada: jueves, 22 de febrero de 2018 11:52

El Fiscal General adjunto de Estados Unidos, Rod Rosenstein, anunció la acusación formal hecha por la Oficina del Fiscal Especial, Robert Mueller, a 13 ciudadanos y tres entidades de Rusia por interferir supuestamente en las elecciones presidenciales de 2016.

Rosenstein difundió desconfianza contra los candidatos y el sistema político empleando actividades ilegales que habrían comenzado en 2014

Esta inculpación se debería a una “Guerra informática contra EE.UU. a través de identidades ficticias en redes sociales y otros medios de Internet”, para apoyar a Donald Trump y Bernie Sanders, perjudicando a la candidata demócrata, Hillary Clinton, junto a los senadores Ted Cruz y Marco Rubio, rivales para la nominación presidencial republicana.

Según el escrito, los acusados conspiraron con fraude y engaño, donde algunos interactuaron con estadounidenses asociados a la campaña de Trump (cuyos nombres no menciona) y que no se dieron cuenta de que estaban siendo manipulados. El presupuesto era presuntamente de millones de dólares, ocupando una parte en viajar al menos a 8 de los 50 estados del país, trabajando con un estadounidense anónimo, el cual les hizo entender cuáles podrían tener un mayor peso en el resultado de las elecciones y entre los que figuran Colorado, Virginia y Florida.

De éstos, 12 trabajaron en algún momento para la empresa Internet Research Agency, con sede en San Petersburgo (Rusia), haciéndose pasar por activistas estadounidenses y usando identidades ficticias en redes sociales, recopilando identidades para ponerse en contacto con nacionales y pedirles apoyo en diferentes causas políticas. Destaca que, a finales de agosto de 2016, ya disponían de información de contacto, como usuarios en redes sociales, de cien ciudadanos de EE.UU., así como un resumen de sus preferencias políticas y la actividad de movilización para la que se habría pedido su colaboración.

En dicha dirección, los acusados organizaban manifestaciones comprando anuncios en Facebook, pagando a personas para que participaran. Incluso después de las elecciones (noviembre 2016), habrían organizado una manifestación en Nueva York en favor de Trump, mientras coordinaban al tiempo otra marcha con el lema “Trump no es mi presidente” (¡!).

Respecto a estas imputaciones sin mostrar pruebas sino narrativa escrita, la ridiculez es la base de ellas pues según la fiscalía interactuaron con estadounidenses asociados con la campaña de Trump, cuyos nombres no menciona y que no se dieron cuenta de que estaban siendo manipulados, lo cual es propio de niños. Destaca que, a finales de agosto de 2016, ya disponían de información de contacto y preferencias políticas de cien ciudadanos de EE.UU. En cuanto a este “inmenso hallazgo”, cualquier persona común en Facebook lo ha hecho sin ningún trabajo y millones conocen más de dos mil personas como mínimo.

Es caricaturesco lo referente al enorme presupuesto gastado, ocultando el fiscal que una cantidad mensual de $ 1.2 millones es una suma insignificante ante los $ 2.65 mil millones consumidos por Hillary y los $ 6.8 mil millones correspondientes a todos los candidatos en las últimas elecciones.

Se convierte en burlesca una investigación que duró cerca de un año, con alta inefectividad de las agencias de inteligencia cuando no existen datos concluyentes. Acusar a 13 rusos de instigar odio cuando el mundo vio la violenta campaña de cizaña entre los candidatos presidenciales parece una patética figura.

Hillary Clinton perdió porque un gran sector del electorado cuestionó su soberbia, la relación con las élites dominantes, la corrupción en su Fundación al apropiarse de dineros que eran para la gente desfavorecida, agendando nuevos escándalos como los que tuvo Bill, su esposo, con el fin de desacreditar la presidencia actual.

Puede tener razón Donald Trump cuando afirma que el FBI pasa mucho tiempo en la cacería de brujas rusa, en vez de prevenir situaciones como la masacre en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas, lo que no hubiera ocurrido si este organismo hubiera estado atento a la información recibida. El FBI ha reconocido no haber seguido los protocolos oportunos cuando fue alertado un mes antes de la peligrosidad de Nikolas Cruz, el asesino, al igual que la oficina del sheriff y los servicios sociales.

Finalmente, dos consideraciones.

Una, toda acusación política internacional, ahora, debe ser comprobada. En caso contrario, se demuestra como parte de un engranaje o sicariato mediático. Antes, quien poseía la propiedad total de los Medios podía hacerlo con impunidad. Hoy, recurriendo a las redes, quedan en evidencia filibusteros falsarios, aunque según el secretario de Estado de EEUU, Rex Tillerson, no es necesario aportar evidencia “porque los servicios rusos la conocen muy bien”.

En este sentido, el planeta comienza a conocer “muy bien” que el régimen estadounidense tiene una gruesa historia de intervención electoral y política en más de cien naciones “sólo por una buena causa”, según lo ha develado un ex funcionario de la CIA y el New York Times, expresada en golpes, financiación ilícita, fraude electoral, corrupción de mandatarios y otras “técnicas”, las que se manifiestan en el apoyo a la subversión en Cuba, a ONGs como Oxfam o los Cascos Blancos, millones de dólares a la oposición venezolana y órdenes a los gobiernos en el Acuerdo de Lima, sostén a la derecha de Ucrania, avalando los golpes de estado institucionales en Honduras, Paraguay, Brasil, entre otros.

Lo peligroso de esta Fiscalía es que insistirá con nuevas tramas como la iraní, china, venezolana, marciana u otras, quejas producto de una enorme frustración al perder las ventajas de una fuerza desmedida ante el aumento de la conciencia soberana que cada día crece en el mundo.

Cabe hoy luchar por un planeta informado, exigente, que sustente su pensamiento en la lógica y argumentación como herramientas de la razón, superando los antivalores para edificar una cultura de inteligencia proactiva que guie a los pueblos hacia su verdadero desarrollo humano integral.

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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