“La toma de decisiones unilaterales podría tener consecuencias negativas que serían difíciles de controlar y que amenazan la seguridad, la soberanía y la independencia de Irak”, ha declarado este lunes Abdul-Mahdi.
En una llama telefónica mantenida con Mark Esper, el secretario de Defensa de Estados Unidos, el dimitido premier ha expresado, además, su preocupación por la crisis política que atraviesa Irak. Por ello, ha llamado a todas partes a esforzarse para rebajar las tensiones en el país.
“Cualquier debilitamiento del Gobierno y del Estado de Irak alentaría las tensiones y el caos”, ha advertido, tal y como recoge la oficina de Abdul-Mahdi en un comunicado.
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Durante los últimos meses, Irak ha sido escenario de protestas por la carencia de servicios básicos, la corrupción y el desempleo, mientras que ciertos países extranjeros, valiéndose de agentes infiltrados, han trocado estas marchas pacíficas en un caos de violencia, para sacar ganancia de la situación.
Ante tal coyuntura, Abdul-Mahdi renunció el pasado 30 de noviembre en un intento por pacificar el país y desde entonces sigue en el cargo en funciones hasta la elección de un nuevo primer ministro que, según insisten las autoridades iraquíes, debe ser elegido sin ninguna injerencia extranjera.
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Por su parte, los movimientos populares iraquíes han denunciado que el Gobierno estadounidense y su aliado israelí se están aprovechando de las protestas para provocar “caos” en el país árabe y con miras a controlar sus recursos naturales.
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