La arena, por donde antaño pasaba la línea de ferrocarril entre Uyuni, un pequeño pueblo ubicado en el altiplano central del estado de Potosí (sur de Bolivia), y Antofagasta (Chile) para el transporte de minerales como plata y estaño. Estos símbolos que encarnaron el progreso de aquella época, son ahora piezas de un museo al aire libre.
Los trenes llegaron a Bolivia en 1889, como símbolos inequívocos del progreso. Pero el tiempo se encargó de oxidar todo ese prometedor avance ligado a la industria minera.
La visita al cementerio de trenes de Uyuni es una de las opciones más interesantes para el viajero romántico al que le gusta ir siguiendo las huellas de un pasado no tan lejano.
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