• El presidente de Bolivia, Evo Morales, en un acto público en La Paz, 9 de agosto de 2018. (Foto: AFP)
Publicada: domingo, 6 de enero de 2019 11:23

El presidente de Bolivia, Evo Morales, considera las declaraciones racistas de un diputado brasileño como una “réplica” del Gobierno xenófobo de EE.UU.

Rodrigo Amorim, el diputado estatal más votado de la ciudad brasileña de Río de Janeiro, se refirió con desprecio a la aldea Maracaná, un edificio de dicha localidad en el que viven 25 familias indígenas, tachándola de “basura urbana”. De igual modo, opinó que a quien le gusten los indios, que se vaya a Bolivia.

En reacción, el primer presidente indígena de Bolivia lamentó el resurgimiento de la ideología de supremacía blanca Ku Klux Klan (KKK) en la región y consideró esos comentarios como “réplica” de la xenofobia de la Administración estadounidense, presidida por el republicano Donald Trump.

“Lamentamos resurgimiento de ideología de supremacía racista (KKK), como réplica de xenofobia de Gobierno de #EEUU”, indicó Morales en un mensaje dejado el sábado en su cuenta en Twitter.

Además, el mandatario boliviano aseguró que pese a “la intolerancia” y “la discriminación”, los pueblos indígenas están comprometidos con “el respeto y la integración”.

Lamentamos resurgimiento de ideología de supremacía racista (KKK), como réplica de xenofobia de gobierno de #EEUU”, indica el presidente de Bolivia, Evo Morales, en un mensaje dejado en su cuenta en Twitter.

 

Asimismo, Morales ha puesto de relieve que los indígenas cuentan con “los mismos derechos” que los demás, dado que “todos somos hijos de la misma Madre Tierra”.

Las declaraciones del diputado brasileño han provocado la indignación y el rechazo de figuras políticas bolivianas. La ministra boliviana de Comunicación, Gisela López, ha dicho que el diputado brasileño “desprecia con ignorancia supina a nuestros antepasados, los verdaderos dueños de la Patria Grande, con palabras que demuestran ceguera y pobreza espiritual”.

Amorim es parte del Gobierno ultraderechista de Jair Bolsonaro, de 63 años, quien ganó la segunda ronda de las elecciones del pasado octubre, y es un partidario acérrimo de la política del magnate neoyorquino al punto de que lo apodan “el Trump brasileño”.

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