El poder militar, el tamaño del territorio y la agreste geografía se encuentran entre los factores que determinan la capacidad defensiva de Rusia contra los posibles invasores, según un informe que ha publicado recientemente el diario sueco Svenska Dagbladet.
El artículo enfatiza que aquellos que se atrevan a atacar Rusia tendrán que luchar en condiciones climáticas muy difíciles: montañas, pantanos, tundra congelada, ríos turbulentos y bosques impenetrables sin límites.
A los eventuales agresores también les esperan unos veranos calurosos y unos gélidos inviernos, añade el texto.
Si estos argumentos no son suficientes para hacer recapacitar al invasor de sus planes destructivos, el diario destaca que el pueblo ruso tiene una vasta experiencia en guerras a gran escala.
Las conclusiones del rotativo sueco están respaldadas por la propia historia rusa, ya que el país nunca ha sido conquistado desde la creación de un estado centralizado en Rusia, a principios del siglo XV.
Los rusos han frustrado todos los intentos de invadir sus tierras, derrotando entre otros a los Ejércitos del emperador francés Napoleón Bonaparte en 1812 y al dictador nazi Adolf Hitler en 1941-1945, ambos considerados imparables en su momento.
Igualmente, hace mención a Suiza y Nueva Zelanda como otros dos países que sus particularidades representan desafíos y dificultades a aquella fuerza militar que se ose invadir estos territorios.
En cuanto a Suiza, el diario señala que un ataque a este país sería complicado por su ubicación, puesto que se encuentra en medio de las altas montañas de los Alpes, una situación geográfica que lo hizo inexpugnable durante muchos siglos.
A pesar de que el Ejército suizo cuenta con un total de 150 000 personas, cerca de cuatro millones de ciudadanos entrenados militarmente están listos para defender el país, asegura el periódico sueco.
En el caso de Nueva Zelanda, como sucede con Suiza, la dificultad está determinada por la ubicación, puesto que el país se encuentra a más de 1600 kilómetros de la nación más cercana, Australia, y aún más lejos de los países de Asia y del resto del mundo, lo que complicaría el suministro al ejército del agresor, concluye el medio.
Estas observaciones en lo que respecta a Rusia, muy probablemente, apuntan a las tensiones generadas entre Moscú y el Occidente después de la crisis de Ucrania y la anexión de Crimea a la Federación Rusa en 2014, una situación que se agudizó con la posterior militarización de Europa por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y EE.UU., una movilización en el flanco occidental de Rusia, considerada por el Kremlin como una amenaza para su integridad territorial.
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