• Comunicado del Líder por 40.º aniversario de Revolución Islámica
Publicada: miércoles, 13 de febrero de 2019 10:50
Actualizada: jueves, 14 de febrero de 2019 13:13

El Líder de Irán, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, ha emitido un comunicado en ocasión del 40.º aniversario de la Revolución Islámica.

La Revolución Islámica celebró su 40.º aniversario y entró en la quinta década de su vida, mientras los enemigos difundían falsas alegaciones, sus amigos a lo largo del mundo, en cambio, vieron, a Dios gracias, un país orgulloso de superar los desafíos y obtener impresionantes mejoras.

En este punto de reflexión, el Líder de la Revolución Islámica ha emitido este miércoles “El comunicado del segundo paso de la revolución”, en el que ha explicado los destacados logros en las últimas cuatro décadas y ha ofrecido recomendaciones básicas con el objetivo de realizar el “gran Yihad para hacer un gran Irán islámico”.

El comunicado se dirige a la nación iraní, en particular a los jóvenes, y será como una instrucción para “la segunda etapa del autodesarrollo, la socialización y la civilización”. Además, figurará el “nuevo capítulo de la vida de la República Islámica”.

A continuación el texto completo del comunicado:

 

En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso

Toda la alabanza corresponde a Dios, el Señor de los mundos, y vayan paz y saludos para nuestro Profeta (Mohamad), sus allegados, sus compañeros elegidos y aquellos que los sigan haciendo el bien hasta el Día del Juicio.

Entre todas las naciones que sufren la opresión, pocas se esfuerzan por lanzar una revolución; y entre las naciones que se han alzado y lo han hecho, pocas han perseverado hasta el final, salvaguardando sus valores revolucionarios, no yendo la mayoría más allá de un simple cambio de Gobierno. La gloriosa Revolución de la nación iraní, que es la mayor y más popular revolución de la era contemporánea, es la única que ha persistido durante cuarenta años de dignidad sin traicionar sus valores. Esta Revolución ha preservado su dignidad frente a todo tipo de tentaciones que parecían irresistibles, y ahora entra en su segunda fase, la de la autorrealización y la construcción civilizatoria. Vaya un sincero saludo a esta nación, a la generación que inició y continuó la Revolución Islámica y a la que actualmente entra en el gran proceso mundial de los segundos cuarenta años.

La Revolución Islámica de Irán entró en escena con poderío y majestuosidad en una época en que el mundo estaba dividido en los dos bloques materialistas del Este y el Oeste, y nadie podía sospechar que pudiera surgir un gran movimiento religioso. Rompió los esquemas, prestando atención tanto a este mundo como al más allá y anunció la llegada de una nueva era. Que los dirigentes extraviados y opresores se opusieran era natural, pero esa oposición fue vana. La izquierda y la derecha del mundo moderno lo hicieron todo, desde fingir que no oían aquella nueva y distinta voz hasta esforzarse por variadas y numerosas vías por sofocarla; pero todo ello no hizo más que acercarlas a su muerte cierta. Y hoy en día, transcurridas cuarenta fiestas anuales por el triunfo de la Revolución, cuarenta Décadas del Alba, uno de aquellos focos de enemistad (la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, URSS) ya ha desaparecido, y el otro trata de lidiar con problemas que vaticinan su cercana agonía. Mientras tanto, la Revolución Islámica avanza manteniéndose leal a sus principios.

De toda cosa se puede esperar que le llegue su fecha de caducidad, pero los principios universales de esta revolución religiosa hacen excepción y nunca perderán su validez, por estar profundamente arraigados en la naturaleza humana, sea cual sea la época. La libertad, la moral, la espiritualidad, la justicia, la independencia, la dignidad, la razón y la fraternidad no son exclusivas de una sola generación o sociedad, de modo que brillen en un período y decaigan en el siguiente. Es imposible imaginar a un pueblo que se hastíe de esos beneficiosos ideales. Si en algún momento hay hastío, es por haberse desviado los responsables de esos valores sagrados en lugar de preservarlos.

La Revolución Islámica, un fenómeno vivo y dotado de voluntad, se mantiene siempre flexible y lista para corregir sus errores, pero ni admite revisionismo ni cae en la pasividad. Es sensible de manera positiva a las críticas, que considera una bendición divina y una advertencia a quienes hablan sin actuar, pero bajo ningún pretexto se aleja de sus valores, entreverados con la fe religiosa del pueblo. Tras establecer un sistema, la Revolución Islámica no ha caído ni caerá en el estancamiento y la parálisis, y no ve contradicción entre el dinamismo revolucionario y el orden político y social, sino que defenderá hasta el fin de los tiempos la teoría del orden revolucionario.

La República Islámica no está anquilosada ni carece de sensibilidad y comprensión frente a los nuevos fenómenos y situaciones sucesivos, pero mantiene un compromiso férreo con sus principios y es muy suspicaz respecto a sus líneas divisorias con sus rivales y enemigos. Nunca actúa con imprudencia respecto a sus líneas principales y no le importa solo permanecer, sino también la razón y el modo de permanecer. No cabe duda de que la distancia entre los deberes y la realidad siempre ha atormentado y atormentará las conciencias idealistas, pero esa distancia se puede recorrer, en las cuatro últimas décadas se ha recorrido una y otra vez en algunas cuestiones, y ciertamente en el futuro, gracias a la presencia de una juventud leal, sabia y animada, se recorrerá con más ímpetu aún.

La Revolución Islámica de la nación iraní ha sido poderosa, pero también amable e indulgente, y hasta ha sido victimizada. No ha caído en los extremismos y desviaciones que avergüenzan a muchos otros alzamientos y movimientos. En ningún conflicto ha disparado la primera bala, ni siquiera frente a Estados Unidos ni a (el antiguo dictador iraquí) Sadam Husein, sino que en todos los casos se ha defendido después de ser agredida, pero contraatacando siempre de manera muy poderosa. Desde su inicio hasta hoy, esta Revolución no ha sido nunca despiadada ni sangrienta, como tampoco pasiva ni vacilante. Ha defendido con franqueza y valentía a los oprimidos frente a opresores y matones. Esta valentía revolucionaria, esta honestidad franca y poderosa, este capacidad de acción a niveles mundial y regional en defensa de los oprimidos del mundo son un gran orgullo para Irán y los iraníes, ¡y ojalá así sea siempre!

Ahora, cuando comienza un nuevo capítulo de la vida de la República Islámica, a este humilde servidor le gustaría dirigir unas palabras a la juventud querida, a una generación que se prepara para comenzar una nueva etapa del gran Yihad (esfuerzo) por construir el gran Irán islámico. Lo primero que diré se refiere al pasado.

¡Queridos! No se puede aprender lo que no se sabe sino a través de la propia experiencia o escuchando las experiencias de otros. Mucho de lo que hemos visto y experimentado nosotros, su generación no lo ha visto ni experimentado todavía. Nosotros hemos visto y ustedes verán. Las próximas décadas son las suyas, y son ustedes quienes deben custodiar con motivación y trabajo su Revolución, acercándola a su gran ideal, que es la creación de una nueva civilización islámica y la preparación para el ascenso del gran sol de la Velayat, el Imam Mahdi, el Esperado Salvador Guiado. Para dar pasos firmes en el futuro, hay que conocer bien el pasado y aprender de las experiencias. Si se descuida este modo de obrar, la mentira ocupará el lugar de la verdad y se cernirán sobre el futuro amenazas desconocidas. Los enemigos de la Revolución Islámica no dejan de tergiversar y mentir sobre el pasado e incluso el presente con fuerte motivación, contando para ello con dinero y con todo tipo de herramientas. Los bandoleros del pensamiento, el credo y la conciencia son muchos. De boca del enemigo y sus secuaces no se puede oír la verdad. 

La Revolución Islámica y el sistema que derivó de ella comenzaron desde cero.

En primer lugar, todo estaba en contra de nosotros: Tanto el régimen del Taqut (los Pahlavi) —que, además de su subordinación, corrupción, despotismo e ilegitimidad por provenir de golpes de Estado, fue el primer régimen monárquico de Irán que se instauró desde el extranjero, y no por la fuerza de la propia espada— como el Gobierno de EE.UU. y algunos Gobiernos occidentales más, así como la pésima situación interna de Irán, con un vergonzoso atraso en la ciencia, la tecnología, la política, la espiritualidad y todas las demás virtudes.

En segundo lugar, nosotros no contábamos con ninguna experiencia previa ni con ningún camino ya recorrido. Obviamente, los levantamientos marxistas y otros similares no podían servir de modelo a una revolución surgida del corazón de la fe y el conocimiento islámicos. Los revolucionarios islámicos comenzaron por tanto sin patrón ni experiencia, y la combinación del republicanismo y el Islam, así como los medios para dar forma y hacer progresar esa combinación, se lograron gracias a la guía divina, el corazón luminoso y el gran pensamiento del Imam Jomeini. Ahí brilló la Revolución Islámica por primera vez.

En ese momento, la Revolución de la nación iraní transformó el mundo bipolar de entonces en un mundo tripolar, y luego, con la caída de la Unión Soviética y sus satélites y el surgimiento de nuevos polos de poder, la nueva dualidad Islam-Arrogancia se convirtió en el fenómeno relevante del mundo contemporáneo, atrayendo la atención del mundo. Se fijó en la revolución iraní, por un lado, la mirada de las naciones oprimidas, las corrientes a favor de la libertad y algunos Estados deseosos de independencia; y, por otro, la mirada malintencionada y llena de odio de los regímenes opresores y avasalladores del mundo. Y así cambió la trayectoria del mundo, y el terremoto de la Revolución despertó a los faraones de su plácido sueño. Comenzaron las hostilidades con toda su intensidad y, si no fuera por el formidable poder de la fe, la motivación de nuestra nación y el confirmado liderazgo celestial del Imam Jomeini, habría sido imposible resistir ante tanta hostilidad y tantas conspiraciones.

A pesar de todos estos extenuantes problemas, la República Islámica fue dando día a día pasos hacia delante, cada vez con más firmeza. En los últimos 40 años, hemos sido testigos en el Irán islámico de grandes Yihad del esfuerzo, brillantes logros y maravillosos avances. La magnitud de los logros de la nación iraní en estas cuatro décadas se ve con claridad al compararlos con el progreso alcanzado en un plazo similar tras otras revoluciones importantes, como la Revolución francesa, la Revolución rusa de octubre y la Revolución india. La gestión característica del Yihad del esfuerzo, inspirada por la fe islámica y por la creencia en el principio de que “sí podemos”, que nos enseñó el Imam Jomeini, han convertido Irán en un país digno y avanzado en todas las esferas.

La Revolución Islámica puso fin a una larga decadencia histórica y colocó el país, que con las dinastías Pahlavi y Qayar había sido severamente humillado, quedando en un atraso terrible, en el camino del progreso. El primer paso fue transformar el ignominioso régimen despótico de la monarquía en un Gobierno popular y democrático, y situar en el corazón de la gobernanza del país la voluntad nacional, que es la piedra angular del progreso genuino en todos los ámbitos. Luego convirtió a los jóvenes en los actores clave de la gestión del país, transmitió a todos el espíritu y la creencia en que “sí podemos” y, gracias a los embargos impuestos por los enemigos, enseñó a todos a confiar en sus capacidades propias, lo que se convirtió en fuente de toda una serie de grandes bendiciones para el país:

En primero lugar, garantizó la estabilidad, la seguridad y la integridad territorial y las fronteras del país, que estaban siendo sometidas a una seria amenaza por parte del enemigo, y así tuvieron lugar tras ocho años de guerra la milagrosa victoria de Irán y la derrota del régimen baasista de Irak y de sus aliados estadounidenses, europeos y orientales.

En segundo lugar, la Revolución ha impulsado el desarrollo científico y tecnológico del país y llevado a crear infraestructuras vitales que continúan creciendo día a día. Fruto de ese espíritu, de esa participación social y de ese sentimiento colectivo que aportó al país la Revolución Islámica son miles de empresas basadas en el conocimiento, miles de proyectos de infraestructura imprescindibles para el país en las áreas de la ingeniería, el transporte, la industria, la energía, la minería, la salud, la agricultura y el agua; millones de graduados y estudiantes universitarios; miles de centros universitarios en todo el país; decenas de grandes proyectos en los que nos hemos situado en los primeros puestos a nivel mundial, como el ciclo del combustible nuclear, las células madre, la nanotecnología, la biotecnología y similares; la multiplicación por sesenta de las exportaciones no petroleras y casi por diez de las unidades industriales activas; la inmensa mejora de la calidad del sector industrial; la transformación de la industria de montaje en tecnología propia; el auge considerable de distintas ramas de la ingeniería, incluida la industria de la defensa; el florecimiento de ramas importantes y delicadas de la medicina, llegando a erigirnos en referencia, junto a decenas de ejemplos de progreso más. El Irán de antes de la Revolución tenía cero producción de ciencia y tecnología; en industria no tenía más capacidad que la del montaje; y en ciencia no tenía más talento que la traducción.

En tercer lugar, la Revolución Islámica ha llevado a máximos la participación popular en cuestiones de la vida política como las elecciones, la confrontación con las sediciones internas y la presencia en el escenario nacional y en la lucha contra la arrogancia, y en cuestiones sociales ha dado un impulso notable a actividades que ya existían antes, como la ayuda frente a desastres naturales y la caridad.

En cuarto lugar, la Revolución agudizó de manera admirable la capacidad de comprensión política de toda la población, en particular de los problemas internacionales. El análisis político ya no se limita a la clase ilustrada y la mayoría de la gente está al tanto de asuntos como los crímenes de Occidente, en particular de Estados Unidos, como la causa palestina y la opresión histórica sufrida por esa nación, como el belicismo ruin de las potencias arrogantes y como sus injerencias en los asuntos internos de los distintos pueblos. La visión de los llamados intelectuales, antes autoexcluidos de la vida pública, se transmitió a todo el país en todos los planos de la vida, y este tipo de asuntos son ahora comprensibles con claridad hasta para adolescentes y niños.

En quinto lugar, la Revolución Islámica distribuyó los bienes públicos del país de manera más justa. Si este humilde servidor no está satisfecho con el nivel de justicia alcanzado, se debe a que ese valor sublime debería brillar como una joya inigualable sobre la cabeza de la República Islámica, lo que aún no sucede. Pero esta insatisfacción no debe interpretarse en el sentido de que no se ha trabajado para instaurar la justicia. Lo cierto es que los logros alcanzados en la lucha contra la injusticia en las últimas cuatro décadas no son comparables a ninguna otra era del pasado. Durante el régimen del Taqut (la tiranía de los Pahlavi), la mayoría de los servicios e ingresos del país estaban solo al acceso de un pequeño grupo de residentes de la capital y de sus similares en otras partes del país. La gente de la mayoría de las ciudades, especialmente en áreas remotas y en el campo, estaban al final de la lista y con frecuencia eran privadas de las necesidades básicas en infraestructuras y servicios. La República Islámica ha sido uno de los Estados del mundo más exitosos en la reasignación de servicios y bienes del centro al conjunto del país, y de los barrios acomodados de las ciudades a los barrios de clase baja. Las impresionantes estadísticas de construcción de carreteras y viviendas, de creación de centros industriales, de mejoras para los agricultores, de expansión del suministro de electricidad y agua, de apertura de centros médicos y universitarios, de represas y centrales eléctricas y cosas similares en las regiones más alejadas del país son una auténtica fuente de orgullo. Hay que constatar que todo esto ni se refleja en la comunicación deficiente de los responsables ni lo reconocen las malas lenguas extranjeras o nacionales. Pero es cierto y son acciones virtuosas de los directivos abnegados que actúan conforme al Yihad del esfuerzo, tanto ante Dios como ante el pueblo. Claro está que la justicia que se espera de la República Islámica, que quiere ser reconocida como seguidora del Gobierno del Imam Ali (la paz sea con él), es muy superior a lo que hay, y las esperanzas para que eso se materialice están puestas en ustedes los jóvenes, como luego señalaré.

En sexto lugar: La Revolución Islámica ha elevado de forma espectacular los criterios de espiritualidad y moral en el espacio público. Este venturoso fenómeno fue impulsado más que nada por el comportamiento y modo de vida del Imam Jomeini, fundador de la República Islámica, tanto durante la etapa de la lucha como después del triunfo de la Revolución. Aquella persona espiritual, mística y piadosa se colocó a la cabeza de un país cuyo pueblo estaba dotado de una fe profundamente arraigada. A pesar de que la propaganda de la corrupción y el libertinaje durante la era de los Pahlavi había asestado duros golpes a esa fe, llevando hasta el interior de las vidas de la población de clase media y especialmente de los jóvenes el lodazal de la contaminación moral occidental, el planteamiento de devoción y moral de la República Islámica atrajo a los corazones bien dispuestos y luminosos, especialmente de la juventud, y transformó el espacio haciéndolo favorable para la religión y la moral. Los esfuerzos de los jóvenes en campos tan difíciles como la Sagrada Defensa, acompañados con rezos y oraciones y con un espíritu de fraternidad y sacrificio, hicieron revivir las corrientes del surgimiento del Islam a ojos de todos. Padres, madres y esposas aceptaban, por sentido del deber religioso, desprenderse de sus seres queridos, que se precipitaban hacia los diferentes frentes del Yihad, y cuando se encontraban con sus cuerpos sangrientos o heridos recibían la catástrofe con agradecimientos a Dios. Mezquitas y lugares de culto se vieron más concurridos que nunca. Las colas para participar en ceremonias de reclusión y purificación de itikaf se llenaron de miles de jóvenes, profesores, estudiantes universitarios, hombres y mujeres, y las colas para participar en las campañas del Yihad del esfuerzo y la construcción y en las movilizaciones del Basich de la construcción se vieron repletas de miles de jóvenes voluntarios abnegados. En todas partes, especialmente entre los jóvenes, se multiplicaron los rezos y las peregrinaciones a La Meca, los ayunos, las marchas de peregrinaje y las ceremonias religiosas de distintos tipos, así como los actos de devoción y caridad, tanto los obligatorios como los voluntarios, creciendo y mejorando en calidad hasta el día de hoy. Todo esto ha sucedido además en un momento en que el creciente declive moral de Occidente y sus seguidores, con su propaganda masiva para arrastrar a hombres y mujeres al fango de la corrupción, han aislado la moralidad y la espiritualidad de la mayor parte del mundo, y esto es otro milagro de la Revolución y del activo y avanzado Sistema Islámico.

En séptimo lugar: El glorioso y enorgullecedor símbolo de la resistencia ante quienes ejercen la coacción, la imposición y la arrogancia en el mundo, con el ávido y criminal Estados Unidos al frente, ha ganado cada vez más relevancia. A lo largo de estos cuarenta años, se han convertido en rasgo distintivo reconocido de Irán y de los iraníes la resistencia inquebrantable, la perseverancia en la custodia de la Revolución y su grandeza divina y la insumisión frente a los Gobiernos arrogantes. Las potencias mundiales exclusivistas, que siempre han buscado su permanencia en la agresión a la soberanía de otros países y en pisotear sus intereses vitales para alcanzar sus fines aviesos, han admitido su impotencia ante el Irán islámico y revolucionario. Gracias al ambiente vivificante de la Revolución, la nación iraní pudo expulsar primero a un delegado de Estados Unidos y a los traidores al país, e impedir después de manera poderosa, hasta el día de hoy, volver a ser dominada por la arrogancia mundial.

¡Queridos jóvenes! Esto es apenas una pequeña parte de los principales capítulos de la historia de los cuarenta años de la Revolución Islámica, una revolución grande, duradera y brillante que ustedes deben, con la ayuda de Dios, llevar a dar su segundo gran paso hacia delante.

Ahora podemos ver ante nuestros ojos el producto de los esfuerzos de estos cuarenta años: un país, una nación independiente, libre, poderosa, digna, devota, avanzada en las ciencias, dotada de valiosas experiencias, segura y confiada, con una influencia fundamental en la región y con un discurso sólido sobre las cuestiones que afectan al mundo, récord en aceleración del avance científico y en alcanzar los puestos superiores en campos importantes del conocimiento y la técnica como la energía nuclear, las células madre, la nanotecnología, la tecnología aeroespacial y otras similares. Irán es líder en expansión de servicios sociales, en motivar a su juventud para el Yihad del esfuerzo, en formar a una juventud capaz y en otras muchas características dignas de orgullo, todas las cuales son producto de la Revolución y de una gestión revolucionaria propia del Yihad del esfuerzo. Sabed que si no hubiera sido por falta de atención a las consignas de la Revolución y a la corriente revolucionaria en parte de estos cuarenta años —lo cual lamentablemente ocurrió y causó perjuicio—, sin duda los logros de la Revolución serían aún mucho mayores, el país estaría mucho más avanzado en el camino hacia las grandes aspiraciones y muchos problemas actuales no existirían.

El poderoso Irán se enfrenta hoy, al igual que en los primeros días de la Revolución, a los desafíos de las potencias arrogantes, pero con una diferencia significativa. Si en aquel entonces los desafíos que presentaba Estados Unidos eran poner fin a las manipulaciones de agentes extranjeros, cerrar la embajada del régimen sionista en Teherán, o sacar a la luz el Nido de los Espías, antigua embajada de Estados Unidos en Teherán, en la actualidad los desafíos están relacionados con la presencia del poderoso Irán cerca de las fronteras del régimen sionista, con poner fin a la ilegítima influencia de Estados Unidos en el oeste de Asia, con el apoyo de la República Islámica a la lucha de los combatientes palestinos en el corazón de los territorios ocupados y con la defensa del estandarte izado por Hezbolá y la Resistencia en toda la región. Y si entonces lo que preocupaba a Occidente era evitar que Irán comprara armamento básico, ahora es evitar transferencias de armas avanzadas iraníes a las fuerzas de la Resistencia. Si en aquellos días Estados Unidos imaginaba que podría imponerse al Gobierno islámico y a la nación iraní mediante un puñado de iraníes vendidos o con una pequeña cantidad de aviones y helicópteros, hoy se ve necesitado de una gran coalición de decenas de Gobiernos hostiles o intimidados para oponerse a Irán en los campos de la político y la seguridad. Que, por otra parte, en esta confrontación también fracasará. Gracias a la Revolución, hoy Irán ocupa a ojos del mundo la elevada posición que corresponde a su pueblo, habiendo dejado tras de sí gran número de dificultades fundamentales.

Sin embargo, el camino recorrido hasta ahora forma parte, simplemente, del glorioso camino hacia los elevados ideales de la República Islámica. El seguir por este camino, que probablemente no sea tan difícil como en el pasado, debe hacerse de forma voluntariosa, vigilantes, con rapidez a la hora de actuar y, a través de la innovación de ustedes, los jóvenes. Los gerentes jóvenes, los jóvenes ejecutivos, los jóvenes pensadores, los jóvenes activistas en todos los campos —desde la política hasta la economía, la cultura, las relaciones internacionales, la religión, la ética, la espiritualidad y la justicia— deben asumir sus responsabilidades echando mano de las experiencias y lecciones aprendidas en el pasado, aplicando la visión y el espíritu revolucionarios y las acciones del Yihad para construir, partiendo de nuestro querido Irán, un modelo integral de un gobierno islámico avanzado.

Un punto importante a tener en consideración por aquellos que construyen el futuro es que estamos viviendo en un país que es distinto desde el punto de vista de los recursos naturales y humanos, sin embargo, muchos de estos recursos no han sido explotados o solo han sido explotados parcialmente debido a la negligencia de ciertos funcionarios. Tanto la realización de importantes esfuerzos como las motivaciones revolucionarias y juveniles podrán ponerlos en marcha y suponer un verdadero salto en lo que al desarrollo material y espiritual del país se refiere.

La capacidad más importante y esperanzadora del país son los recursos humanos, potentes y cualificados, que cuentan con una base profunda, noble y religiosa. La población joven con menos de 40 años, una parte importante de la cual es el resultado de un auge en el número de nacimientos en los años 80, representa en sí una promesa de futuro valiosa para el país. Con una población de 36 millones de habitantes con edades comprendidas entre los 15 y los 40 años; cerca de 14 millones de personas con una titulación de educación superior; ocupando el segundo lugar en el mundo por el número de graduados en ciencias e ingeniería; numerosos jóvenes criados bajo un espíritu revolucionario y listos para trabajar por Dios y por amor a su patria; y un gran número de jóvenes investigadores e intelectuales, que están trabajando para crear innovaciones científicas, culturales, industriales y de otro tipo, se suman a la enorme riqueza del país, que no se puede comparar con ninguna reserva material.

Además de los activos mencionados con anterioridad, el país cuenta con una extensa lista de oportunidades materiales que pueden ser puestas en marcha y explotadas por gerentes eficientes, motivados e inteligentes, de cara a aumentar significativamente los ingresos nacionales y hacer que el país sea autosuficiente, rico y verdaderamente de fiar, y así superar los problemas actuales. Irán representa el 1 % de la población mundial, no obstante, posee el 7 % de los recursos naturales globales: importantes recursos subterráneos. Además, ocupa una posición geográfica especial entre el este y el oeste, el norte y el sur; cuenta con un importante mercado nacional; el vasto mercado regional lo constituyen 15 vecinos que comprenden una población de 600 millones de habitantes; largas fronteras costeras; tierras fértiles con gran variedad de productos agrícolas y una economía vasta y versátil, son solo algunos de los potenciales de los países. Muchos potenciales no han sido explotados. Se dice que Irán ocupa el primer lugar en el mundo en términos de recursos naturales y humanos sin explotar. Sin lugar a dudas, ustedes, los jóvenes fieles y activos, podrán enmendar esta gran falta. La segunda década debe dedicarse a emplear los logros anteriores y los potenciales no explotados, y el crecimiento del país debe mejorar en diferentes sectores, incluida la producción y la economía nacional.

Ahora, mis queridos hijos, les voy a ofrecer varias recomendaciones sobre unos puntos básicos que son los que siguen: ciencia e investigación, espiritualidad y moralidad, economía, justicia y lucha anticorrupción, independencia y libertad, dignidad nacional, relaciones exteriores y delineamiento de los límites a fijar con el enemigo, y estilo de vida.

De todas maneras, antes que nada, mi primer consejo se refiere a la esperanza y tener una visión optimista del futuro. Sin este punto clave no se puede dar ni un solo paso. A lo que me refiero es a una esperanza auténtica basada en realidades palpables. Siempre he eludido dar falsas y engañosas esperanzas, además de que también yo mismo me he puesto en guardia y he alertado a los demás frente al pesimismo infundado y los falsos miedos. En los últimos 40 años y hoy, al igual que siempre, la política propagandística y mediática del enemigo, así como sus programas con mayor actividad, han girado en torno a hacer que las personas e incluso nuestros funcionarios y directores pierdan las esperanzas puestas en el futuro. Las noticias falsas, los análisis sesgados, el cambiar los hechos, la ocultación de los aspectos esperanzadores, la amplificación de los pequeños problemas y la minimización o el rechazo de las grandes ventajas, han sido temas recurrentes de las agendas de miles de medios audiovisuales y de Internet de los enemigos de la nación iraní. Y, por supuesto, sus seguidores dentro del país, tal y como se percibe, están trabajando al servicio del enemigo usando libertades. Ustedes, los jóvenes, deben ser pioneros a la hora de romper este asedio propagandístico. Cultiven en su ser y en quienes les rodean la planta de la esperanza en el futuro. Alejen el miedo y la decepción de sí mismos y de los demás. Este es su primer y más importante Yihad (esfuerzo desinteresado). Los signos esperanzadores —a algunos de los cuales se ha hecho referencia— los tienen ante sus ojos. El aumento en el número de admiradores de la Revolución ha sido mucho mayor que el de los fanáticos que se han ido, y las personas y corazones leales y serviles son mucho más numerosos que los corruptos, los traidores y los avariciosos. El mundo tiene en gran estima a la juventud iraní, así como a la perseverancia y al ingenio iraní en muchos campos. Valórense a sí mismos, y con la fuerza que Dios les ha dado, encamínense hacia el futuro y protagonicen hazañas.

En cuanto a los consejos:

1. Ciencia e investigación: la ciencia es el instrumento más patente de la dignidad y el poder de un país. La otra cara del conocimiento es la habilidad. El mundo occidental se granjeó para sí riqueza, influencia y poder durante alrededor de 200 años, gracias a sus avances científicos y, a pesar de sus débiles bases morales e ideológicas, pudo dominar las sociedades —que se quedaron atrás en el tren de la ciencia—, y controlar sus políticas y economías, imponiéndoles el estilo de vida occidental. Desaconsejamos que se abuse de la ciencia como lo hizo el Occidente; sin embargo, insistimos en la necesidad del país de que fluyan entre nosotros las fuentes de la ciencia. Gracias a Dios, el talento de nuestra nación para adquirir conocimientos científicos e investigativos supera a la media mundial. El resurgimiento científico en el país, que comenzó hace casi dos décadas, se ha estado desarrollando a una velocidad sorprendente para los observadores globales, es decir, 11 veces más rápido que el ritmo promedio del crecimiento científico mundial.

Nuestros logros en ciencia y tecnología, que nos han colocado en el puesto 16 de entre más de 200 países en el mundo, han sorprendido a los observadores mundiales y en algunos campos sensibles y novedosos nos han situado en las primeras posiciones. Todo esto se ha producido pese a las sanciones financieras y científicas contra el país. A pesar de nadar contracorriente por culpa del enemigo, hemos batido grandes récords, y esto supone una gran bendición por la cual le debemos estar agradecidos a Dios, día y noche. Sin embargo, sobre lo que quiero hacer hincapié es en el hecho de que este camino recorrido, a pesar de su importancia, ha sido solo el comienzo y nada más. Todavía estamos muy por debajo de la cima en cuanto a la ciencia a nivel mundial. Necesitamos llegar a la cúspide. Tenemos que traspasar las actuales fronteras científicas en los campos más destacados. Todavía estamos muy lejos de alcanzar la cima de la ciencia a nivel mundial; debemos llegar a la cúspide, debemos traspasar las actuales fronteras científicas en las carreras importantes. Estamos muy lejos de esta fase. Nosotros empezamos desde cero. El vergonzoso atraso de la ciencia en los reinados de los Kayar y los Pahlavi, en momentos en que la competición científica mundial acababa de empezar, nos asestó un duro golpe, dejándonos leguas por detrás de esa veloz caravana. Ahora comenzado a avanzar y progresamos con rapidez, si bien deberemos mantener el mismo ritmo acelerado durante años para compensar el retraso. Yo mismo he hecho llegar al respecto llamamientos, advertencias y apercibimientos, tanto amistosos como serios y rotundos, a universidades, académicos, centros de investigación e investigadores, pero lo que reclamo ahora de ustedes los jóvenes es que sigan este camino con mayor sentido del deber, como un Yihad del esfuerzo. La primera piedra de una revolución científica en el país está puesta, y esa revolución ha dado mártires como los expertos en energía nuclear asesinados. Levántense y hagan fracasar a un enemigo malévolo y rencoroso que al que aterroriza su Yihad del esfuerzo científico.

2. Espiritualidad y moralidad: La espiritualidad se traduce en fortalecer valores espirituales, como la sinceridad, el sacrificio, la confianza y la fe en uno mismo y en la sociedad, mientras que la moralidad significa respetar virtudes, como la bondad, el perdón, la dadivosidad, la honradez, la valentía, la modestia y la autoconfianza, entre otros buenos talantes. La espiritualidad y la moralidad orientan todos los movimientos y todas las actividades del individuo y de la comunidad, además de ser una necesidad primordial de toda sociedad. La presencia de estos dos factores transforma la vida en un paraíso, pese a las necesidades materiales, mientras que su ausencia convierte la vida en un infierno, pese a la riqueza material existente.

Mientras en una sociedad se desarrollen más la conciencia moral y la inteligencia espiritual, mayores serán los logros que se consigan. Alcanzar esta meta, sin duda alguna, requiere de un Yihad y de un gran esfuerzo. No obstante, estos esfuerzos no resultarán muy fructíferos si los gobiernos no cooperan. La espiritualidad y la moralidad, sin embargo, tampoco se alcanzan a través de decretos o ejerciendo una fuerza mayor por parte de los gobiernos. Las autoridades deben, desde un principio, desarrollar estas virtudes por sí mismas y luego allanar el camino para su divulgación en la sociedad, y ayudar a las entidades sociales en este sentido. Deben combatir con lógica a los entes e individuos que tratan de apartar a la sociedad de la espiritualidad y la moralidad.

Los medios de comunicación de masas e influyentes suponen buenos instrumentos para los centros antiespiritualidad y antimoralidad. Hoy en día, contemplo cómo aumentan las agresiones de los enemigos contra menores y jóvenes inocentes, recurriendo al empleo de tales herramientas. En los sectores gubernamentales recae la mayor responsabilidad en este sentido y es por ello que deben tratar tal cuestión de forma inteligente y juiciosa. Eso, no obstante, no libera a los individuos ni a las entidades no gubernamentales de sus responsabilidades al respecto. Hay que elaborar programas transigentes, a corto y medio plazo. ¡Si Dios quiere!

3. Economía: La economía constituye un punto clave y determinante. La economía es un factor fuerte e importante para un país que planta cara a la dominación y a la colonización. Una economía débil allana el camino para la injerencia, el dominio y la injerencia de los enemigos. La riqueza y la pobreza inciden en la vida material y espiritual del ser humano. Sin embargo, la economía no es la meta de una sociedad islámica, sino que más bien es un medio sin el cual no se pueden alcanzar las metas previstas. El increíble impacto de la economía en la vida cotidiana de la sociedad ha sido la razón por la que yo he insistido en reiteradas ocasiones, en los últimos años, en fortalecer una economía independiente basada en la producción a gran escala y de calidad, así como en la justa distribución y el consumo conforme a las necesidades.

La Revolución Islámica nos mostró el camino para deshacernos de una economía débil y dependiente de la época de la tiranía; sin embargo, las malas gestiones han supuesto un desafío para la economía del país, tanto a nivel interno como externo. El desafío externo comprende las sanciones y los embaucamientos del enemigo que, por supuesto, resultarán poco efectivos si se corrige el desafío interno, que consiste en las deficiencias estructurales y las debilidades administrativas.

Entre los problemas más importantes figuran: una economía dependiente del petróleo, la no privatización de los sectores económicos que no deben estar bajo la supervisión del Gobierno, el tener las miras puestas en el exterior en lugar de en las capacidades internas, el empleo de una pequeña parte de los recursos humanos del país, la distribución defectuosa y poco equilibrada de los presupuestos, una falta de estabilidad en las políticas económicas ejecutivas, el incumplimiento de las prioridades y la existencia de gastos excesivos en algunos sectores del Gobierno. Las consecuencias de todos estos problemas redundan en la gente, como el desempleo entre los jóvenes y la pobreza entre las capas más vulnerables de la sociedad.

Una de las soluciones pasa por la Economía de Resistencia, para la cual se deben definir programas eficaces e implementarlos con responsabilidad y voluntad, mientras se crea una economía endógena y productiva, basada en la tecnología, implicando a la nación en la economía y reduciendo la intervención del Gobierno en la misma usando las capacidades internas del país, entre otras medidas.

Sin duda alguna, un complejo joven, hábil y fiel, que domine la económica, dentro del Gobierno, podrá alcanzar las metas futuras.

Queridos jóvenes iraníes, deben saber que todas las soluciones se hallan dentro del país. No hay nada fuera. El hecho de considerar las sanciones como las únicas responsables de los problemas económicos y concluir que, como las sanciones son la consecuencia directa de la resistencia ante la arrogancia, la única solución será arrodillarse ante el enemigo y besar las garras del lobo, es un error imperdonable. Este análisis completamente equívoco se deriva de los centros de reflexión y forma parte del complot extranjero, y es transmitido a quienes toman decisiones y a la opinión pública a través de cientos de medios.

4. Justicia y lucha anticorrupción: Las dos se complementan. La corrupción económica, moral y política supone un absceso, que si se manifiesta en la estructura de un Gobierno, se convierte en un terremoto devastador que acaba dañando su legitimidad. Semejante efecto resultará siendo más serio y vital para la República Islámica de Irán, que requiere de una legitimidad política y una aprobación social mucho mayor que otros sistemas políticos del mundo.

Las aspiraciones de riqueza y poder socavaron la voluntad de algunos dentro del Gobierno del Imam Ali (P), que es considerado el Gobierno más chií en la historia de la Humanidad. De ahí que no se pueda descartar por completo que se dé este fenómeno en el seno del sistema de la República Islámica.

Desde luego, el nivel de corrupción entre las autoridades de la República Islámica es mucho menor en comparación con el registrado en otros países y durante el régimen de la tiranía, en el que todos eran unos corruptos. Gracias a Dios, las autoridades de este sistema político se han alejado, en la mayoría de los casos, de la corrupción, pero lo que existe, aun siendo poco, resulta del todo inaceptable. Todos deben saber que una economía intachable es la condición que da legitimidad a todas las autoridades de la República Islámica. Todos deben alejarse del diablo y de las tentaciones con la ayuda de Dios Todopoderoso. Los sectores gubernamentales y de supervisión deben impedir, con gran susceptibilidad y firmeza, la formación de cualquier tipo de corrupción y luchar contra su desarrollo. Esta labor, que requiere gente fiel, bondadosa y luchadora, con un corazón iluminado, forma parte de la campaña multilateral de la República Islámica de Irán para hacer valer la justicia.

La justicia se encuentra por encima de las metas primordiales de todos los gobiernos divinos y, en el caso de la República Islámica de Irán, ocupa esa misma posición y honorabilidad. En todos los tiempos y en todos los territorios, la justicia ha sido y es una palabra sagrada, aunque no será implementada de forma cabal, excepto durante el Gobierno del Imam Mahdi (que Dios acelere su llegada). Es un deber para todos, y en especial para las autoridades, que se implemente la justicia de forma parcial. Pese a que la República Islámica de Irán ha dado importantes pasos para alcanzar esta meta, pasos a los que ya he aludido brevemente más arriba, hay que hacer mayores esfuerzos para difundirlos a fin de hacer fracasar los complots que buscan tergiversar la imagen de la República Islámica o simplemente mantenerse callados y ocultar la verdad. Todo ello forma parte del celoso programa de los enemigos de la Revolución.

No obstante, les digo explícitamente a los queridos jóvenes, en quienes quedará depositado el futuro del país, que lo que se ha hecho hasta el momento no es todo lo que se debería haber hecho y se debería hacer. En la República Islámica los responsables deben esforzarse denodadamente por eliminar la pobreza y temer considerablemente al hecho de que aumenten las brechas económicas entre las capas sociales. En la República Islámica ser rico no es un delito, pero la discriminación en la distribución de los recursos nacionales, el abrir paso a los corruptos en lo que a la economía se refiere y el tolerar engaños económicos, pasos que todos desembocan en una situación de injusticia, son cuestiones que están sumamente prohibidas. Además, olvidar a las capas más vulnerables de la sociedad es algo completamente inaceptable.

Estas declaraciones se han repetido hasta la saciedad en un trasfondo político y legislativo, pero todas las miradas están puestas en ustedes, los jóvenes, para que las implementen honradamente. Si los jóvenes sabios, revolucionarios, fieles y hábiles —que no son pocos gracias a Dios— toman las riendas de diferentes sectores del país, es de esperar que sean implementadas, si Dios quiere.

5. Independencia y libertad: La independencia nacional simboliza la liberad de la nación y del Gobierno ante las intimidaciones de los poderes arrogantes del mundo, mientras que la libertad social significa el derecho a decidir, practicar y pensar por todos los miembros de una sociedad. Las dos forman parte de los valores islámicos y son regalos divinos que Dios les ha hecho a los seres humanos y no a los gobiernos. Los gobiernos tienen el deber de proporcionárselas a la gente.

Quienes han luchado por la independencia y la libertad, las valoran más que el resto. La nación iraní, con sus 40 años de lucha, es un ejemplo de quienes no las subestiman. La actual independencia y libertad del Irán islámico son, de hecho, logros que se han alcanzado gracias a la sangre derramada por cientos de miles de personas dignas, valientes y desinteresadas —en su mayoría jóvenes—, pero todas se ubican a un alto nivel humano. El fruto del árbol de la Revolución no puede ponerse en peligro a través de análisis y justificaciones inexpertos, e incluso hostiles. Todos, en concreto, la República Islámica, tienen el deber de proteger a la Revolución, en espíritu y corazón. Es evidente que la independencia no debe ser interpretada como algo que limita la política y la economía del país dentro de las fronteras nacionales, tampoco la libertad debe estar en contraposición a la moralidad, la ley y los valores divinos.

6. Dignidad nacional, relaciones exteriores y delineamiento de los límites a fijar con el enemigo: Los tres constituyen ramas del principio de “dignidad, sabiduría y política” en las relaciones internacionales. El mundo de hoy en día atestigua fenómenos ya materializados o que están a punto de materializarse, como el reciente movimiento del Despertar Islámico, que se basa en la resistencia ante el dominio de EE.UU. y el sionismo; el fracaso de las políticas de EE.UU. en el oeste de Asia y la derrota de sus traidores aliados en la región; el desarrollo de una presencia poderosa, a nivel político, de la República Islámica en el oeste de Asia y el gran efecto que tuvo entre la arrogancia mundial.

Todo esto forma parte de la dignidad de la República Islámica y no se habría materializado sin la valentía y sabiduría de las autoridades revolucionarias. La arrogancia mundial está desesperada. Sus propuestas, en la mayoría de los casos, incluyen engaños y mentiras. Hoy en día, la nación iraní afirma que, además de un EE.UU. criminal, considera que ciertos Gobiernos europeos tampoco son de fiar. La República Islámica debe establecerles límites, no retroceder ni un solo paso en lo que a sus valores revolucionarios se refiere, no temer a sus amenazas vacías, tener siempre presente la dignidad del país y la de la nación, y solucionar los problemas que con ellos tenga de manera sabia y, por supuesto, desde el punto de vista revolucionario. En el caso de EE.UU. uno no se puede imaginar la posibilidad de hallar una solución a los problemas. El negociar con ellos solo da como resultado daños materiales y espirituales.

7. Estilo de vida: Habría que hablar mucho sobre este tema, pero me voy a limitar a decir que los esfuerzos del Occidente para expandir su estilo de vida en Irán han ocasionado daños irreparables en los ámbitos moral, económico, religioso y político. Para hacer frente a este fenómeno se necesita librar una batalla inteligente y desde múltiples frentes, en la que también se requiere la participación de los jóvenes.

Por último, quisiera agradecerle a la nación iraní su orgullosa participación en las marchas del 22 de bahman y las celebraciones por el 40.º aniversario de la victoria de la Revolución Islámica, que atemorizaron al enemigo.

La paz sea con nuestro Imam Mahdi (a quien le sacrificamos nuestras almas), la paz sea con las almas puras de los honorables mártires y con el alma sin mácula del Imam Jomeini (que en paz descanse) y saludos a todo el querido pueblo de Irán, especialmente a los jóvenes.

Seyed Ali Jamenei

11 de febrero de 2019

 

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