Por: Shabbir Rizvi *
El funeral del Líder mártir de la Revolución Islámica, el Imam Seyed Ali Hoseini Jamenei, congregó a decenas de millones de dolientes en las calles de Irán e Irak. La procesión fúnebre de seis días comenzó en la capital iraní, Teherán, continuó por Qom y las ciudades santas iraquíes de Nayaf y Karbala, y concluyó con su sepultura en la ciudad sagrada de Mashad.
El incesante flujo de imágenes del funeral sin precedentes, captadas no solo por los medios de comunicación presentes sobre el terreno, sino también por innumerables asistentes que documentaron el acontecimiento, puso de manifiesto el profundo respeto que el mártir Líder de los pueblos libres inspiraba entre sus seguidores.
Millones de iraníes salieron a las calles de todo el país exigiendo venganza y justicia contra el eje asesino formado por Estados Unidos e Israel, responsable del bombardeo contra la residencia del Líder en el centro de Teherán el 28 de febrero, en el que fue asesinado junto con varios miembros de su familia, entre ellos su nieta Zahra Mohamadi Golpayegani, de apenas catorce meses de edad.
A ellos se sumaron miles de visitantes procedentes del extranjero, entre ellos delegaciones oficiales de diversos países, líderes y eruditos religiosos de distintas confesiones, periodistas y activistas. Paralelamente, mezquitas y organizaciones populares de todo el mundo celebraron sus propios actos conmemorativos en solidaridad mientras se desarrollaban las ceremonias fúnebres.
Todas las ceremonias estuvieron unificadas bajo el poderoso lema “Nos levantaremos”, que reflejaba tanto el mensaje de la República Islámica de Irán como la propia visión ideológica del ayatolá Jameneí: pese a la agresión del imperialismo contra la Revolución Islámica y su liderazgo, el pueblo resistiría, prevalecería y finalmente alcanzaría la victoria.
La inmensa manifestación de apoyo y solidaridad hacia el mártir Líder, en medio de un frágil alto el fuego violado reiteradamente por Estados Unidos, desafió décadas de propaganda imperialista dirigida contra el venerado Líder de la Revolución Islámica y el Eje de la Resistencia, una campaña fabricada en las redacciones, centros de estudios estratégicos y universidades estadounidenses.
Reacciones imperialistas: negación y sabotaje
“Pensé que lo odiaban”. Estas fueron exactamente las palabras pronunciadas por el presidente estadounidense Donald Trump al reaccionar ante la presencia de millones de iraníes durante la etapa en Teherán de la histórica procesión fúnebre del Imam Jamenei, una declaración que revela toda la arrogancia del pensamiento imperialista.
Es posible que años de propaganda destinada a desacreditar el sistema de gobierno de la República Islámica llevaran a los dirigentes imperialistas a creer sus propias mentiras. Quizá también se trató de un débil intento de atribuirse el supuesto respaldo de los agentes imperialistas activados por la CIA y el Mossad en Irán durante el fallido intento de golpe de Estado de enero.
Lo que permanece fuera de toda duda es que la voz del pueblo iraní —más de cuarenta millones de personas— ahogó por completo las narrativas imperialistas sobre el Líder mártir.
Las imágenes transmitidas por periodistas y observadores extranjeros mostraban calles completamente abarrotadas, cubiertas por un inmenso mar de vestimentas negras y banderas rojas de venganza. No había margen para insinuar manipulación de cifras ni fotografías alteradas digitalmente. La ira del pueblo iraní era auténtica. Su dolor era real. Y su promesa de hacer justicia constituye un compromiso igualmente verdadero.
Pese a ello, los propagandistas imperialistas continúan afirmando que la multitud era ficticia o que las imágenes fueron manipuladas digitalmente, negando la realidad misma. Algunos medios del Norte Global omitieron deliberadamente cualquier referencia a la multitud o simplemente se negaron a informar sobre el funeral. Sin embargo, las cifras alcanzaron niveles sin precedentes y la marea humana del pueblo iraní terminó por derribar la narrativa cuidadosamente construida por el imperialismo.
En lo que quizá constituyó un último intento desesperado por impedir una amplia participación en la etapa final del funeral —el sepelio en Mashad—, en la madrugada del 9 de julio Estados Unidos violó el alto el fuego por segunda noche consecutiva y bombardeó la línea ferroviaria civil que conecta Teherán con Mashad.
A pesar de ello, las escenas registradas en Mashad reprodujeron las mismas imágenes vistas en Teherán, Qom, Nayaf y Karbala: una multitud interminable de personas expresando su lealtad y amor hacia su líder mártir. El imperialismo apostaba por que los bombardeos disuadieran al pueblo iraní. La respuesta de los iraníes fue exactamente la contraria: redoblaron su determinación. Mientras las Fuerzas Armadas lanzaban ataques contra múltiples bases estadounidenses en la región, las personas que habían quedado varadas en la vía férrea fueron evacuadas por las fuerzas de seguridad y voluntarios y trasladadas a Mashad.
Cabe señalar que, durante las ceremonias fúnebres, Estados Unidos celebraba el 250.º aniversario de su fundación. Sin embargo, el gran acto organizado por Trump y sus aduladores en el National Mall, en la capital estadounidense, distó mucho del espectáculo que el mandatario había imaginado.
La ya reducida asistencia se vio aún más disminuida por intensas tormentas eléctricas que obligaron a la policía y al Servicio Secreto a evacuar a la escasa multitud presente. El 250.º aniversario del proyecto colonial de asentamiento estadounidense no fue celebrado con estruendo, sino con un susurro. Los fuegos artificiales pusieron fin a una jornada marcada por el caos, la incertidumbre y el fracaso, un símbolo apropiado de que, detrás de la fachada de grandeza estadounidense, se oculta un sistema profundamente frágil e inestable.
Pese a todos sus esfuerzos, los medios imperialistas terminaron cediendo y se vieron obligados a informar sobre lo que el resto de los pueblos libres del mundo ya había presenciado: millones de personas asistiendo al funeral del mártir Líder de la Revolución, el Imam Seyed Ali Hoseini Jamenei.
La monarquía, reducida al silencio
Desde que el mártir Líder fue elegido en junio de 1989 por la Asamblea de Expertos para dirigir la República Islámica de Irán, los medios de comunicación y los dirigentes políticos estadounidenses han impulsado una campaña de distorsión, mentiras y difamación con el objetivo de desacreditar al Imam Jamenei y a la Revolución Islámica, considerada hoy el mayor desafío a los designios del imperialismo.
Esta campaña no solo buscaba empañar el nombre del querido Líder de la Revolución, sino también promover a su propio agente neocolonial —Reza Pahlavi, hijo del depuesto tirano conocido como el “Shah”— como la supuesta “auténtica” representación de los intereses de Irán.
El imperialismo colaboró con un sector reaccionario de la diáspora, integrado por enemigos de clase de la Revolución Islámica antiimperialista y traidores a su patria, con el propósito de restaurar la monarquía. Sus promotores insistían en que el hijo del brutal monarca representaba el camino hacia la “democracia”.
Durante décadas, el culto monárquico de los Pahlavi trabajó codo a codo con agencias de inteligencia estadounidenses como la CIA y con el Mossad del régimen de ocupación israelí para llevar a cabo actos de sabotaje y asesinatos dentro de Irán, al tiempo que intentaba presentarse como la única autoridad sobre los asuntos iraníes en el Norte Global. Del mismo modo, el grupo terrorista Muyahidín Jalq (MKO, por sus siglas en inglés) colaboró con estas agencias, hasta el punto de que Estados Unidos y la Unión Europea llegaron incluso a retirarlo de sus listas de organizaciones terroristas.
Como recompensa por su disposición a subordinarse a la causa imperialista, los medios de comunicación y las organizaciones no gubernamentales de la diáspora opuesta a la República Islámica recibieron un amplio respaldo del imperialismo. Medios como Iran International, BBC Persian e IranWire, entre otros, fueron promovidos como supuestas “autoridades” en los asuntos iraníes. Estos medios —auténticos brazos propagandísticos de la causa reaccionaria de la diáspora— insistían en presentarse como la verdadera voz del pueblo iraní.
Durante el fallido intento de golpe de Estado de enero de 2026 en Irán —orquestado principalmente por agentes estadounidenses e israelíes—, los monárquicos, los miembros del MKO y sus colaboradores intentaron desestabilizar la sociedad iraní. Reza Pahlavi apareció prácticamente a diario en los grandes medios de comunicación, utilizando no solo los medios de la diáspora afines a la monarquía para reforzar su supuesta autoridad, sino también los principales medios del aparato mediático imperialista, como Fox News, CNN, BBC y otros.
Se celebraron manifestaciones monárquicas en ciudades como Los Ángeles, Toronto, Ámsterdam y Londres para exigir el restablecimiento de la monarquía. Paralelamente, los miembros del MKO también intentaron erigirse en árbitros del futuro de Irán, provocando enfrentamientos internos entre las distintas facciones de la diáspora reaccionaria.
El golpe de Estado fracasó gracias a la resiliencia de la sociedad iraní y de sus fuerzas de seguridad. El lunes 12 de enero y los días posteriores estuvieron marcados por multitudinarias movilizaciones de apoyo a la República en las principales ciudades del país —Teherán, Isfahán y Shiraz—, donde las masas rechazaron el complot urdido por Estados Unidos, Israel y los monárquicos.
Los monárquicos y los miembros del grupo terrorista MKO sufrieron una derrota contundente, pero reaparecieron con el propósito de consolidarse como los supuestos representantes de Irán cuando, el 28 de febrero, comenzó la agresión estadounidense-israelí contra el país con el estallido de la guerra. Una vez más, la causa reaccionaria fue rechazada dentro de Irán, mientras millones de iraníes salían a las calles noche tras noche, colmando las principales plazas y exigiendo venganza por el mártir Líder y por la nación iraní frente a las fuerzas imperialistas.
Rechazados en dos ocasiones, los movimientos reaccionarios se replegaron silenciosamente a medida que la guerra se prolongaba y las bases e instalaciones estadounidenses, así como objetivos del régimen israelí, eran bombardeados. Cada vez resultaba más evidente que Estados Unidos no sería capaz de imponerse al poderío militar iraní.
El cese de las hostilidades, al menos de forma temporal, el 8 de abril, supuso otro duro golpe para la causa impulsada por la CIA, el Mossad, los monárquicos y el MKO. Como si fuera poco, el propio Trump admitió que no consideraban a Pahlavi un dirigente adecuado para ser impuesto al frente de Irán.
Sin embargo, las fuerzas iraníes se encargaron de que Trump y su grupo de imperialistas —a quienes el autor califica de asesinos de niños— jamás tuvieran una oportunidad real de siquiera plantearse la imposición de un gobierno títere. Poco después del martirio del Imam Jamenei, la Asamblea de Expertos anunció la elección del ayatolá Seyed Moytaba Jameneí como nuevo Líder.
El funeral del mártir Líder asestó el golpe definitivo a la causa de la diáspora reaccionaria. Según las cifras difundidas, más de 44 millones de personas participaron en las procesiones fúnebres celebradas en cinco ciudades de Irán e Irak, estableciendo un récord de asistencia.
Pero no solo eso. Mientras el pueblo iraní lloraba a su Líder, las consignas de venganza y justicia resonaban por doquier. El funeral constituyó una declaración inequívoca: la Revolución y la República nacida de ella han llegado para permanecer.
Un legado perdurable
La verdadera dimensión de la contribución de una persona a la sociedad puede apreciarse en el momento de su partida.
En los días previos a su sepultura, la sociedad iraní inundó las calles para despedir al Imam Jamenei, con lágrimas en los ojos y los puños cerrados en señal de desafío. La sangre de su martirio dio origen a una renovación del juramento de lealtad. Durante años, los estrategas imperialistas sostuvieron que el asesinato del Líder de Irán sería el detonante del derrumbe de la República Islámica. Hoy, ese error de cálculo les está costando muy caro.
El Imam Jamenei sigue vivo. De hecho, según esta visión, está más vivo que nunca. Millones de iraníes y seguidores en distintas partes del mundo continúan inspirándose en su liderazgo. Su legado y su verdadera influencia no pueden ser borrados.
Quienes durante décadas intentaron desacreditar su nombre han quedado políticamente muertos e irrelevantes. La causa de los Pahlavi ha desaparecido como fuerza política. El MKO ha sido relegado a la irrelevancia. El imperialismo persiste, pero se enfrenta a una República Islámica de Irán y a un Eje de la Resistencia unidos y fortalecidos.
Mientras el memorando de entendimiento queda reducido a jirones por las reiteradas violaciones estadounidenses, el ambiguo alto el fuego evoluciona gradualmente hacia una nueva fase de confrontación directa. Irán permanece firme y preparado para afrontar cualquier eventualidad, incluso una guerra a gran escala.
El lema “Nos levantaremos” perdura como el último mandato legado por el mártir Líder.
* Shabbir Rizvi es editor de Vox Ummah y periodista de Sovereign Media.
Texto recogido de un artículo publicado en Press TV
