Por el sitio web de Press TV
Nunca se trató de política ni de maniobras políticas. El vínculo que unía a los líderes del Eje de la Resistencia —desde el Líbano hasta Irak, Yemen y más allá— con el Líder mártir de la Revolución Islámica, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, trascendía los cálculos transaccionales propios de las alianzas convencionales.
Era algo mucho más profundo y significativo: una visión compartida de la emancipación islámica, un compromiso inquebrantable con la libertad de los oprimidos y una profunda conexión espiritual arraigada en los principios de la verdad y la justicia.
A lo largo de su vida, el ayatolá Jamenei no fue simplemente el líder de un país; fue el venerado y ampliamente seguido estratega y guía espiritual de una red de resistencia que se extendía desde las costas mediterráneas del Líbano hasta las montañas de Yemen, desde los campos de batalla de Gaza hasta los frentes de resistencia en Irak y Baréin.
Hezbolá, la vanguardia del movimiento de Resistencia en la región, encarnó esa veneración con una claridad inigualable. Seyed Hasan Nasralá, el secretario general mártir cuyo nombre llegó a ser sinónimo de la propia resistencia, veía en el ayatolá Jamenei una luz orientadora.
El líder mártir del Movimiento de Resistencia Islámica del Líbano (Hezbolá) consagró su vida a la visión del ayatolá Seyed Ali Jamenei. La relación entre ambos estuvo definida por el respeto mutuo y una profunda conexión espiritual, un vínculo que trascendía la política y se convirtió en la piedra angular del movimiento de resistencia.
Los homenajes de Nasralá: el Líder de la Umma
Seyed Hasan Nasralá se refería regularmente al ayatolá Jamenei utilizando los títulos honoríficos más elevados. Lo describía como “el Líder de la Umma (comunidad) Islámica”, “un líder sabio, valiente y visionario” y “una fuente de guía para la Resistencia”.
Estas expresiones reflejaban la profunda e inquebrantable veneración que profesaba al Líder de la Revolución Islámica, cimentada en creencias y objetivos compartidos.
En innumerables discursos pronunciados desde los bastiones de Hezbolá en los suburbios meridionales de Beirut —intervenciones que cautivaban a millones de personas en todo el mundo árabe e islámico—, Nasralá se refirió sistemáticamente al ayatolá Jamenei como la autoridad central del mundo islámico.
Con frecuencia iniciaba sus discursos invocando la orientación del Líder, presentando las acciones de resistencia de Hezbolá como una prolongación directa de su visión estratégica.
Para Nasralá, el ayatolá Jamenei no era simplemente el líder de Irán, sino el líder de todos los musulmanes que se enfrentaban a la opresión y defendían la justicia; una figura cuya autoridad no emanaba únicamente del poder político, sino de su encarnación de los más puros principios islámicos.
Las descripciones de Nasralá resaltaban siempre las cualidades que definían el papel del Líder dentro de la resistencia: sabiduría, valentía y visión de futuro. Consideraba al ayatolá Jamenei como una figura capaz de mirar más allá de los desafíos tácticos inmediatos hacia un horizonte estratégico más amplio; un líder que comprendía que la resistencia no era simplemente una campaña militar, sino un proyecto civilizatorio para la emancipación de la humanidad.
La sabiduría se manifestaba en la capacidad del Líder para afrontar los desafíos geopolíticos más complejos sin renunciar jamás a sus principios. La valentía quedaba demostrada en su disposición a enfrentarse a los ejércitos más poderosos del mundo, negándose a doblegarse o quebrarse bajo la presión. La visión de futuro se reflejaba en una estrategia capaz de anticipar el curso de los acontecimientos y situar a la resistencia en el camino hacia el éxito y la victoria.
Más significativo aún, Nasralá describía al ayatolá Jamenei como “una fuente de guía para la Resistencia”. Se trataba de un profundo reconocimiento de la centralidad del Líder dentro del movimiento de resistencia que abarca a múltiples países de la región.
Para el carismático líder de Hezbolá, la Resistencia no era un conjunto de movimientos dispersos que actuaban por iniciativa propia, sino un frente unificado guiado por la dirección estratégica y espiritual del Líder. La orientación del ayatolá Jamenei constituía el hilo conductor que unía a Hezbolá, HAMAS, la Yihad Islámica, Ansarolá y los grupos de Resistencia iraquíes en una fuerza cohesionada capaz de hacer frente a la alianza entre Estados Unidos e Israel.
Los elogios del ayatolá Jamenei a Nasralá: una veneración recíproca
La veneración era plenamente recíproca. El ayatolá Jamenei describió a Nasralá como “un inmenso tesoro para el mundo islámico, y no solo para los chiíes y para el Líbano”.
Era una descripción que reflejaba el impacto del hombre que transformó a Hezbolá, de ser un pequeño grupo de combatientes de la resistencia, en una formidable fuerza militar y política capaz de enfrentarse a los ejércitos más poderosos y tecnológicamente superiores del mundo.
Tras el martirio de Nasralá, el Líder afirmó que él mismo podía haber partido, pero que el tesoro que había creado permanecía, elogiando su “voz elocuente y su valiente defensa de los oprimidos», así como su papel como «erudito religioso” y “sabio dirigente político”.
En una de sus reuniones con la Asamblea de Expertos, el ayatolá Jamenei profundizó sobre el legado perdurable de Nasralá, afirmando que la extraordinaria evolución de Hezbolá debía su existencia al “valor, la sabiduría, la paciencia y la extraordinaria confianza en Dios” de Nasralá.
Subrayó que “Hezbolá pasó de ser un pequeño grupo de combatientes a convertirse en una inmensa organización con un poder tal que puede obligar al enemigo... a retroceder y derrotarlo”.
Las referencias de Nasralá al ayatolá Jamenei estaban siempre impregnadas de profunda reverencia religiosa. Hablaba del Líder no como de un aliado político, sino como de una autoridad espiritual cuya legitimidad emanaba de su encarnación de los principios islámicos. Era el lenguaje de un hombre que había consagrado su vida a una causa y que encontraba en el ayatolá Jamenei al líder inspirador capaz de conducir esa causa hacia la victoria.
La lealtad más amplia de Hezbolá: la declaración del sheij Naim Qasem
El sheij Naim Qasem, quien sucedió a Nasralá como secretario general de Hezbolá, continuó esta tradición de veneración hacia el Líder con el mismo fervor.
En uno de sus primeros discursos como dirigente del movimiento de Resistencia libanés, Qasem declaró: “Reiteramos nuestro apoyo al Líder, el ayatolá Seyed Ali Jamenei, y al pueblo de Irán”.
Subrayó la importancia de la Wilayat al-Faqih (Tutela del Jurista Islámico) como principio rector de la resistencia, afirmando que “en ausencia del Profeta (la paz y las bendiciones sean con él) y de los imames infalibles, los musulmanes deben prestar lealtad al Líder, el Imam Jamenei”.
Se trató de una declaración de profundo compromiso teológico y político, que vinculaba directamente la legitimidad de la resistencia con la autoridad del Líder.
“Cuando Trump o cualquier otra persona amenaza al Líder, está amenazando a millones de personas. Consideramos que la amenaza de muerte contra el Imam Jamenei está dirigida contra todos los musulmanes”, afirmó después de que el presidente estadounidense lanzara amenazas contra el ayatolá Jamenei.
El dirigente de Hezbolá describió al ayatolá Jamenei como quien “ha consolidado los fundamentos ideológicos y estratégicos del auténtico islam mohamadí”, dando continuidad al camino trazado por el Imam Jomeini, fundador y líder de la Revolución Islámica.
Asimismo, señaló que el Líder impulsó el desarrollo científico, la autosuficiencia y la independencia tanto de Oriente como de Occidente, e infundió en el frente de la resistencia “el espíritu de esperanza en la victoria definitiva”.
El frente palestino: HAMAS, la Yihad Islámica y el ayatolá Jamenei
Ismail Haniya, exjefe del Buró Político del Movimiento de Resistencia Islámica de Palestina (HAMAS), quien fue martirizado en un ataque israelí en Teherán en julio de 2024, mantenía una relación particularmente estrecha con el ayatolá Jamenei, basada en el respeto mutuo y el compromiso compartido con la causa palestina.
Haniya consideraba al Líder como el principal estratega y guía espiritual del frente de la resistencia. El respeto que profesaba al ayatolá Jamenei fue correspondido en los términos más contundentes.
Tras el martirio de Haniya, el ayatolá Jamenei emitió un mensaje de condolencias en el que lo describió como “el valiente líder y destacado luchador palestino por la libertad” y como “un combatiente distinguido”.
Señaló que Haniya “consagró con gran distinción su valiosa vida durante años al honorable campo de la lucha; estuvo siempre dispuesto al martirio y ofreció a sus hijos y a sus seres queridos por esta causa. Nunca temió el martirio en el camino de Dios y por la salvación de los siervos de Dios”.
Por su parte, Haniya enmarcó constantemente su lucha dentro de la visión más amplia formulada por el ayatolá Jamenei. Consideraba al Líder la figura central de la resistencia, cuya orientación estratégica había hecho posibles los logros alcanzados por la resistencia palestina.
Mohammad Ismail Darwish, actual presidente del Consejo de Liderazgo de HAMAS, y Jalil al-Hayya, subjefe del Buró Político de HAMAS, se reunieron con el ayatolá Jamenei en febrero de 2025. Al-Hayya dijo al Líder: “Hoy venimos a reunirnos con usted con orgullo, pues todos nosotros nos mantenemos victoriosos. Esta gran victoria es un triunfo compartido entre nosotros y la República Islámica”.
Darwish describió al Líder como alguien que “encarnó los más elevados significados de la entrega, el sacrificio y la yihad en una de las mayores batallas de la Umma”, presentando al ayatolá Jamenei no simplemente como un dirigente político, sino como un símbolo de la resistencia islámica frente a la opresión, tanto en Palestina como en el resto del mundo.
Ziyad al-Najala, secretario general de la Yihad Islámica Palestina, expresó siempre su profunda gratitud por el apoyo de Irán y por la orientación del ayatolá Jamenei, considerándolos esenciales para el éxito de la resistencia palestina. Describió a la República Islámica como “el hogar de la Resistencia” y elogió su “papel eficaz y constructivo” en la región.
De manera especialmente significativa, tras el alto el fuego en Gaza, Al-Najala afirmó que tanto él como el pueblo palestino tienen “confianza y plena certeza en el papel del Líder de la Revolución Islámica en el apoyo a la Resistencia Palestina en los ámbitos político y espiritual, así como en otros campos”.
Durante sus reuniones, particularmente la celebrada el 18 de febrero de 2025, Al-Najala aprovechó la ocasión para expresar personalmente su gratitud al ayatolá Jamenei por su liderazgo.
Felicitó al Líder por lo que calificó como la “magnífica victoria en Gaza”, atribuyendo ese éxito al “apoyo continuo de la República Islámica”, y reafirmó el compromiso inquebrantable de la resistencia con la causa palestina.
En una entrevista, vinculó ese triunfo con el papel desempeñado por el Líder, afirmando que la victoria fue posible gracias al “apoyo del Líder de la Revolución Islámica y de Seyed Hasan Nasralá”.
El frente yemení: el apoyo de Ansarolá a Irán y al Líder
Desde Yemen, el líder del movimiento de Resistencia Ansarolá, Seyed Abdulmalik Badreddin al-Houthi, elogió en numerosas ocasiones la firmeza de Irán frente a “los arrogantes y los opresores” y describió al Líder como una fuente de esperanza para el mundo musulmán. En una de esas declaraciones, subrayó que la victoria de la Revolución Islámica en Irán condujo al establecimiento de un país musulmán independiente, libre de la hegemonía estadounidense.
Con frecuencia alabó el inspirador liderazgo del ayatolá Jamenei y la firmeza de Irán frente a las conspiraciones del régimen israelí contra el mundo musulmán a lo largo de 47 años, al tiempo que apoyaba a las naciones oprimidas, en primer lugar al pueblo palestino.
Tras el martirio del ayatolá Jamenei, Al-Houthi lo calificó como “una gran pérdida” para el mundo musulmán, causada por los agresores estadounidenses e israelíes. Consideró ese crimen un intento de eliminar uno de los principales obstáculos a la dominación israelí de la región y de quebrantar la determinación del pueblo iraní. Al-Houthi llamó a mantener la resiliencia y la firmeza frente a esa agresión, afirmando que «la posición iraní es cohesionada y firme, y la respuesta de Irán es contundente y continúa en marcha».
Asimismo, expresó su solidaridad con el nuevo Líder, el ayatolá Seyed Moytaba Jamenei, calificando su elección como “un duro golpe para Estados Unidos e Israel, los opresores de esta época, y una profunda decepción para ambos”.
Ahmad al-Imam, representante cultural de Ansarolá en Irán, describió al ayatolá Jamenei como “la sólida fortaleza de la Umma Islámica” y atribuyó a sus “sabias decisiones y dirección de la guerra” el mantenimiento de la estabilidad en la región.
El frente iraquí: un firme coro de lealtad al Líder
Los dirigentes de la resistencia iraquí también han expresado siempre una profunda veneración hacia el ayatolá Jamenei, considerándolo el principal estratega y unificador del frente de la resistencia.
El sheij Akram al-Kaabi, secretario general del movimiento Harakat al-Nuyaba, elogió “el prudente liderazgo del Eje de la Resistencia ejercido por el ayatolá Seyed Ali Jamenei”, agradeciéndole especialmente “su sabiduría y valentía, su acertada conducción y su incomparable dirección del eje del bien”.
Tras el martirio del Líder, Al-Kaabi declaró que todo el Eje de la Resistencia —tanto sus combatientes como sus comandantes— permanecerá tan obediente a las órdenes del nuevo Líder “como lo estuvo anteriormente a las de vuestro padre mártir”.
Abu Alaa al-Walai, secretario general de Kataeb Seyed al-Shuhada, describió al ayatolá Jamenei como “la encarnación de la fe frente a las presiones mundiales».
Presentó la confrontación con Estados Unidos como una lucha entre un liderazgo basado en principios y la ambición hegemónica. Al-Walai subrayó que su organización mantiene “una alineación total con el Líder” y afirmó que el ayatolá Jamenei “representa la fe inquebrantable”, mientras que el presidente estadounidense Donald Trump encarna “la agresión hegemónica”.
Hasan al-Abbadi, representante cultural de Kataeb Seyed al-Shuhada, habló del profundo respeto que los combatientes de la resistencia iraquí profesaban al ayatolá Jamenei.
Afirmó que los enemigos de la Umma Islámica están “profundamente intimidados por la estatura y el poderoso liderazgo” del Líder. Al-Abbadi declaró que “la bandera de la Umma Islámica unificada está firmemente sostenida por el ayatolá Jamenei” y añadió que “es un motivo de orgullo para nosotros seguir a un líder cuya sola presencia y cuyas palabras infunden temor en el corazón de los enemigos”.
El sheij Qais al-Khazali, secretario general de Asaib Ahl al-Haq, expresó su profunda veneración en los términos más elevados. Describió al ayatolá Jamenei como “el líder más valiente, el custodio más piadoso, el puro conocedor, el líder victorioso, el guardián de la Umma musulmana, el maestro de los combatientes de la resistencia, la joya de la corona de los muyahidines, el defensor de los oprimidos y el abanderado del auténtico islam mohamadí”.
Al-Jazali destacó que “la trayectoria yihadista y política” del Líder “constituyó un hito en la historia de la República Islámica en particular y del mundo en general, además de ser un eje fundamental en la confrontación contra los proyectos de hegemonía mundial y de la arrogancia”.
El frente bareiní: la declaración del sheij Isa Qasem
El sheij Isa Ahmad Qasem, máxima autoridad religiosa chií de Baréin y figura destacada del movimiento de resistencia bareiní, estuvo profundamente influenciado por el ayatolá Jamenei.
Tras las amenazas dirigidas contra el Líder, el sheij Isa Qasem emitió una contundente declaración de apoyo que resonó en todo el mundo musulmán. Describió al ayatolá Jamenei como “el gran estandarte coránico” y “un líder excepcional de nuestra época”, subrayando que su elevada posición se fundamentaba en su plena encarnación de los principios islámicos.
Qasem añadió que “dirigir cualquier palabra irrespetuosa o amenaza contra el ayatolá Jamenei equivale a insultar a toda la Umma Islámica, a sus valores sagrados y a la elevada posición del jurista gobernante”.
Su declaración puso de relieve la convicción de que un ataque contra el ayatolá Jamenei constituye un ataque contra toda la comunidad islámica, una visión que encontró profunda resonancia entre los movimientos de resistencia de toda la región.
Para el sheij Isa Qasem, el ayatolá Jamenei no representaba únicamente al líder de Irán, sino al guía espiritual de toda la Umma Islámica, cuya autoridad trascendía las fronteras nacionales y cuya orientación era esencial para la supervivencia y el éxito de la Resistencia.
