Publicada: sábado, 4 de julio de 2026 9:05

La visión del ayatolá Seyed Ali Jamenei, Líder mártir de la Revolución Islámica de Irán, sobre la arrogancia mundial sitúa a EE.UU. como eje de un sistema de dominación.

Por HispanTV

El ayatolá Seyed Ali Jamenei fue asesinado, junto con algunos miembros de su familia, el 28 de febrero, el primer día de la guerra de agresión ilegal de 40 días librada por Estados Unidos y el régimen israelí contra Irán. Irán dio una contundente respuesta con misiles y drones dirigidos a los territorios ocupados por Israel y objetivos estadounidenses en la región.

Los actos de despedida y sepelio del ayatolá Jamenei iniciaron el viernes; la primera etapa de las ceremonias fúnebres comenzó con la presencia de dignatarios extranjeros y destacadas figuras religiosas, quienes presentan sus respetos en el Gran Mosalá de Teherán. Líderes religiosos y funcionarios extranjeros, que han llegado a Teherán, rindieron homenaje delante del féretro del Líder mártir.

Las ceremonias de despedida hasta su última morada continuarán hasta el lunes con una procesión fúnebre a lo largo de una ruta de 10 kilómetros, seguida de ritos en la ciudad santa de Qom el 7 de julio, en Irak el 8 de julio y el entierro en Mashad el 9 de julio.

A continuación, se presentan fragmentos de algunos de las reflexiones del Líder mártir respecto a la arrogancia mundial:

Arrogancia mundial, un sistema de dominación basado en la imposición

Para el ayatolá Jamenei, la arrogancia mundial no era un calificativo retórico, sino un concepto político que describe un sistema de dominación internacional encabezado por las grandes potencias.

“La arrogancia mundial ha extendido su garra ensangrentada sobre el mundo”, alertó en su día, destacando que este sistema se caracteriza por la pretensión de ejercer una autoridad superior sobre el resto de las naciones y por considerar legítima la injerencia en los asuntos internos de otros países para preservar sus propios intereses.

A su juicio, el sentimiento de superioridad que define a la arrogancia lleva a las potencias dominantes a reivindicar el derecho de gestionar el mundo y a verse a sí mismas como las legítimas dirigentes del conjunto de la comunidad internacional.

“El sentimiento de superioridad del sistema de la arrogancia mundial hace que este pretenda ejercer la tutela sobre los asuntos de las naciones, reivindique la gestión del mundo y se considere el dirigente del conjunto del mundo”.

En esta visión, la arrogancia mundial no se limita al ejercicio del poder, sino que posee una serie de rasgos distintivos.

“Otro rasgo característico de la arrogancia mundial es el rechazo de la verdad: no acepta ni la verdad ni los derechos de las naciones; rechaza por completo ambos”.

“Uno de los rasgos característicos del colonialismo y de la arrogancia mundial es que consideran legítimo cometer crímenes contra las naciones y contra los seres humanos, sin darles importancia. Este es uno de los mayores males que la arrogancia mundial ha traído en la era contemporánea”.

 

Para el Líder mártir, los poderes arrogantes intentan presentar sus intervenciones y agresiones bajo el discurso del servicio, la ayuda o la beneficencia

“El sistema de la arrogancia mundial, que busca dominar a las naciones, recurre de manera habitual y constante al método de justificar sus crímenes y revestirlos con el ropaje del servicio y la beneficencia”.

“La persona arrogante, el Estado arrogante y el grupo arrogante son aquellos individuos y aquel Estado que pretenden intervenir en los asuntos de las personas y de otras naciones; interfieren en todos sus asuntos para salvaguardar sus propios intereses. Se consideran con libertad para hacerlo y se atribuyen el derecho de imponer su voluntad a las naciones”.

“La arrogancia mundial consiste en que una o varias potencias que, al verse a sí mismas dotadas de recursos económicos, militares y propagandísticos, se atribuyen el derecho de intervenir, como si fueran dueñas, en los asuntos de la vida de otros países y naciones”.

EEUU, a la cabeza de la arrogancia mundial

En el pensamiento del ayatolá Seyed Ali Jamenei, Estados Unidos representa la máxima expresión de la arrogancia mundial.

Según sostuvo, el problema no se limita a la confrontación entre Washington y Teherán, sino que afecta al conjunto del mundo y, en particular, al mundo islámico.

“Este enfoque arrogante que mantienen los estadounidenses, y que ha perdurado desde hace varias décadas hasta hoy, ha provocado entre los pueblos del mundo un sentimiento de desconfianza y rechazo hacia el Gobierno de Estados Unidos; esto no es algo exclusivo de nuestro país”.

 

Para el ayatolá Jamenei, ya ha surgido una nueva bipolaridad: por un lado, los “oprimidos del mundo”, encabezados por el movimiento de los musulmanes, y por otro, los “arrogantes”, liderados por Estados Unidos y el sionismo.

“La bipolaridad entre el capitalismo y el comunismo, que era una lucha por el poder y la riqueza, llegó a su fin. Hoy, la bipolaridad enfrenta a los oprimidos del mundo, liderados por el movimiento de los musulmanes, contra los arrogantes, encabezados por Estados Unidos, la OTAN y el sionismo”.

“Estados Unidos es un arrogante en todo el sentido de la palabra. No se trata solo de un problema para nosotros; es un problema para el mundo y para el mundo islámico. Los estadounidenses mantienen ese espíritu de arrogancia hacia todas las partes del mundo”.

Como ejemplo de esa política de dominación, el Líder mártir mencionó la permanencia de bases militares estadounidenses en distintos países.

“Tras derrotar a Japón en la Segunda Guerra Mundial, establecieron allí bases militares que aún siguen existiendo. Los japoneses, pese a todos sus avances científicos, todavía no han logrado que Estados Unidos retire sus bases del país. Allí mantiene instalaciones militares; cometen abusos contra la población y la maltratan. Los periódicos y las agencias de noticias también han informado de ello: agresiones sexuales contra mujeres y otros actos ilícitos. Y, aun así, esas bases continúan allí”.

“En Corea del Sur también siguen existiendo bases militares de Estados Unidos. En Irak, el plan de Estados Unidos es establecer bases y permanecer allí durante cincuenta o incluso cien años; y lo mismo ocurre en Afganistán, ya que este país ocupa una posición estratégica desde la cual, si mantienen bases allí, pueden ejercer dominio sobre los países del suroeste de Asia, así como sobre Rusia, China, India, Pakistán e Irán. Por eso realizan tantos esfuerzos para establecer bases permanentes y quedarse allí. Ese es el significado de la arrogancia mundial”.

En este contexto, el ayatolá Jamenei llegó a calificar al régimen estadounidense como “la mayor tiranía del mundo”.

“Hoy, la mayor tiranía del mundo es el régimen de Estados Unidos, porque fue él quien creó el sionismo y quien lo respalda”.

Arrogancia mundial apunta contra el despertar islámico

En la visión del ayatolá Seyed Ali Jamenei, el despertar islámico constituye uno de los mayores desafíos para las potencias occidentales y, en particular, para Estados Unidos.

Según sostiene, tras el surgimiento de este fenómeno impulsado por los pueblos de la región, “los aparatos de la arrogancia mundial”, encabezados por Washington, pusieron en marcha un “contraataque” que continúa hasta la actualidad.

“Los aparatos de la arrogancia mundial, encabezados por Estados Unidos, iniciaron un contraataque frente al despertar islámico surgido por iniciativa de los pueblos, un contraataque que aún continúa y que está llevando gradualmente a los pueblos de la región a la desgracia. Ese es su objetivo; y se trata precisamente del punto opuesto a nuestros objetivos”.

 

Dentro de este marco, el ayatolá Jamenei sostuvo que las potencias occidentales han promovido deliberadamente el temor hacia el islam.

Desde esa perspectiva, el Líder mártir interpretó la islamofobia no como una reacción espontánea, sino como una estrategia política.

“Hay quienes están atemorizando a la gente, a las sociedades, a los jóvenes y a la opinión pública respecto al islam. ¿Quiénes son? Cuando analizamos el asunto con detenimiento, vemos que son esa misma minoría prepotente y ambiciosa que teme el gobierno del islam; teme el islam político; teme la presencia del islam en el centro de la vida de las sociedades. Y la razón de ese temor es que sus intereses se verán perjudicados”.

“La islamofobia es, en realidad, la expresión del miedo y el pánico de las potencias frente al islam; esa es la verdadera realidad del asunto”.

Lucha contra la arrogancia

Para el ayatolá Jamenei, la expansión de la arrogancia mundial no solo obedece al poder de las grandes potencias, sino también a la pasividad de quienes se someten a ellas.

En este sentido, sostiene que la sumisión de las naciones, de los dirigentes políticos y de los intelectuales frente a los abusos de las potencias dominantes no hace más que alentarlas a avanzar en sus políticas de coerción y a intensificar su prepotencia.

“La sumisión de las naciones, de los dirigentes políticos del mundo y de los intelectuales de las distintas sociedades frente a los abusos de la arrogancia mundial los estimula a avanzar y los alienta a ejercer aún más coerción y prepotencia”.

“Frente al espíritu rebelde y desafiante que hoy caracteriza a la arrogancia mundial, solo existe un factor capaz de contenerla y poner freno a esa actitud: el despertar y la voluntad de las naciones”.

“Hoy existe un fenómeno en nuestra región al que hemos llamado la Resistencia; y esta Resistencia no se limita a enfrentarse al régimen sionista, sino también a la influencia de la arrogancia mundial”.

Papel de la Revolución Islámica

El ayatolá Jamenei presentó la Revolución Islámica de 1979 como un punto de inflexión en las relaciones internacionales. A su juicio, la Revolución Islámica y la creación de la República Islámica rompieron el esquema de una división entre naciones dominantes y naciones dominadas, al rechazar la lógica de la subordinación y reivindicar la independencia como principio fundamental. De hecho, Irán fue el primer país en desafiar abiertamente la imagen de invulnerabilidad de las grandes potencias.

 

Asimismo, atribuyó a la Revolución Islámica un impacto regional que, en su opinión, ha debilitado progresivamente la influencia de Estados Unidos y sus aliados.

“El mundo se había acostumbrado a una división entre dominadores y dominados; tradicionalmente, un grupo de naciones debía quedar bajo el mando y el yugo de la explotación y la arrogancia de otros Estados y pueblos. La Revolución Islámica y la República Islámica llegaron para romper esa falsa división y ese sistema erróneo”.

“Fue el pueblo iraní el primero en proclamar que la arrogancia mundial está vacía por dentro y que, aparte de estruendo y relámpagos, de amenazas y de una exhibición de poder falsa, no tiene nada más en su haber”.

“La elección de nuestra nación frente a la arrogancia mundial no fue la rendición, sino la resistencia; no fue la dependencia, sino la independencia; fue preservar la independencia y fortalecer internamente el sistema, la nación y el país. Estas son decisiones nacionales”.

“Tras el triunfo de la Revolución Islámica en Irán, el régimen usurpador recibió duros golpes políticos y militares. Posteriormente, se fue conformando una cadena de derrotas de la arrogancia mundial, encabezada por Estados Unidos, desde Irak y Siria hasta Gaza y el Líbano, y desde Yemen hasta Afganistán. Los medios de comunicación enemigos acusan a Irán de librar guerras por delegación; esa es una gran mentira. Los pueblos de la región han despertado. La capacidad de Irán para resistir durante largo tiempo frente a las acciones maliciosas de Estados Unidos ha dejado su huella en el ambiente general de la región y en el espíritu de las naciones. El destino de la región es liberarse del dominio arrogante de Estados Unidos y lograr la liberación de Palestina del control de los sionistas extranjeros”.