Una víctima más del llamado sueño americano. La joven guatemalteca Claudia Patricia Gómez González decidió ir a buscar nuevas oportunidades a Estados Unidos, pero su sueño quedó truncado al morir en el desierto de Texas (sureste de EE.UU.).
A principios de mayo, Claudia dejó a sus padres y a sus dos hermanas menores en Guatemala con la ilusión de trabajar en EE.UU., ganar dinero y poder ayudar a su familia, pero regresó a su país, hace unos días, en un ataúd.
El sábado y ante unos 1000 asistentes que acompañaban a su familia y en medio de la lluvia, la joven de 20 años fue enterrada en un cementerio de su natal San Juan Ostuncalco, un pequeño pueblo en el oeste de Guatemala.
El 23 de mayo, un agente de la patrulla fronteriza de EE.UU. mató a Claudia cuando intentaba entrar en el país junto a otros tres compatriotas en Río Bravo, en el estado de Tamaulipas, cerca de la frontera estadounidense.
Según las autoridades estadounidenses, el agente realizó una ronda de disparos al ser atacado por el grupo, no obstante, el vídeo existente del incidente y las declaraciones de testigos rechazan tal versión.
Los asistentes al funeral exigieron que se haga justicia y que se mejore el trato a los migrantes ante los planes del presidente estadounidense, Donald Trump, de levantar un muro en su frontera con México y así cortarles el paso.
La Cancillería de Guatemala reiteró que un grupo de abogados dará seguimiento a la agresión de la patrulla fronteriza de EE.UU. y acompañará a tres migrantes guatemaltecos que fueron arrestados en el incidente.
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